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Julio 18: Andaban como ovejas que no tienen pastor

XVI Domingo del Tiempo Ordinario 
Ciclo B – Julio 18 de 2021 Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ Cuando los apóstoles regresaron de su misión y se reunieron con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces les dijo: “Vengan ahora ustedes a un lugar solitario y despoblado y descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. Se fueron, pues, en la barca a un lugar despoblado y solitario. Pero muchos los vieron irse y se dieron cuenta, y a pie se fueron corriendo de todos los pueblos y llegaron allá antes que ellos. Al desembarcar Jesús y ver toda esa multitud, sintió compasión por ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; entonces empezó a darles muchas enseñanzas. (Marcos 6, 30-34). 
 
1. “Vengan ahora ustedes a un lugar solitario y despoblado y descansen un poco” 
El domingo pasado el Evangelio relataba cómo Jesús eligió, llamó y envió a sus primeros doce discípulos para que proclamaran la Buena Noticia. Ahora ellos regresan de su recorrido y, al contarle lo que han hecho y enseñado, son invitados por Jesús a descansar un poco. Esta es la primera enseñanza que encontramos en el Evangelio de hoy: si bien necesitamos trabajar para cumplir la misión o las tareas que Dios nos ha encomendado, precisamente para realizarlas debidamente necesitamos descansar reponiendo nuestras fuerzas. 
Quien trabaja en tareas de gran responsabilidad no pocas veces tiene que atender a las continuas solicitudes que le llegan en tiempos previstos para el reposo. También muchas personas se ven obligadas a multiplicar sus esfuerzos, privándose del descanso para poder conseguir el sustento propio y de sus familias. Pero, por otra parte, no faltan los adictos al trabajo que desconocen la necesidad de descansar, negándose cualquier posibilidad de re-creación y, por lo mismo, deteriorando así su calidad de vida, lo cual les impide finalmente rendir mejor en sus labores. 
En otras palabras, para que las tareas sean bien realizadas es necesario un descanso re-creativo, es decir renovador, para lo cual hay que buscar espacios y tiempos tanto de silencio interior como de encuentro y relación con las personas en ambientes constructivos de distensión y diálogo. ¿Existen estos espacios y tiempos en mi vida? ¿Los busco y los aprovecho como es debido? ¿Qué factores me pueden estar impidiendo un descanso renovador? ¿Qué debo hacer al respecto? 
 
2. Al desembarcar Jesús y ver toda esa multitud sintió compasión por ellos 
La segunda enseñanza corresponde a la compasión. Compadecer significa padecer-con. En la lengua griega en la cual fueron redactados originalmente los cuatro Evangelios, el término empleado para referirse a que Jesús “sintió compasión” es especialmente significativo: 
Equivale a “se le revolvieron las tripas”, una imagen viva de lo que significa el amor de Dios hecho hombre, que quiso precisamente tener entrañas o vísceras humanas para sentir y compartir con nosotros las situaciones dolorosas y acompañarnos en la búsqueda de solución a nuestros problemas. Y por eso mismo podemos decir que el amor compasivo de Dios a nosotros es un amor “entrañable”. 
Ahora bien, el Evangelio no sólo nos invita a reconocer el amor compasivo de Dios ofrecido personalmente por Jesucristo, sino también a sentir y actuar como Él lo hizo, especialmente en relación con las personas necesitadas. Una de las causas más profundas de la situación de injusticia social y de violencia en que se encuentra nuestro país es la falta de compasión, la indiferencia que lleva a muchos a desentenderse de los problemas de los demás, encerrándose en el egoísmo. 
Surgen por tanto otras preguntas para la revisión personal. ¿Cómo me afectan los problemas de los demás? ¿Siento compasión por los que sufren? ¿Me importan los demás, o me desentiendo de ellos y sólo pienso en mis propios intereses personales? 
 
3. Andaban como ovejas sin pastor; entonces empezó a darles muchas enseñanzas. 
El tercer tema del Evangelio de este domingo es la imagen del pastor como modelo de la misión encomendada por Jesús a sus apóstoles. Esta misma misión es la que los obispos, con el sucesor de Pedro a la cabeza -el Papa-, y también todos los que ejercemos distintos ministerios o servicios en la Iglesia de Cristo, estamos llamados a cumplir. Por eso a esta misión se le da el calificativo de “pastoral”. 
La situación descrita por el Evangelio al referirse a la multitud que “andaba como ovejas sin pastor”, no es sólo de aquel tiempo. Es de todas las épocas y se había dado, por ejemplo, en tiempos del profeta Jeremías, quien predicó en Jerusalén unos 650 años antes de Cristo. “Ay de los pastores que dejan que se pierdan y dispersen las ovejas de mi rebaño…”, dice el profeta en la primera lectura de este domingo, refiriéndose a los reyes descendientes de David que habían promovido no sólo la idolatría, sino también la corrupción y la injusticia social en el pueblo de Dios (Jeremías 23, 1-6). 
Nosotros podemos aplicar esta imagen del pastor también al nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia, iniciada por Jesucristo como una comunidad que supera los enfrentamientos en virtud de la reconciliación que Él mismo hizo posible gracias a su sacrificio redentor, y a la que se refiere el apóstol san Pablo en la segunda lectura de hoy (Efesios 2, 13-18). Jesús es nuestro Buen Pastor al que, como Dios hecho hombre, puede aplicársele en todo su sentido el Salmo 23 -el salmo responsorial de la Eucaristía de este domingo-, y quien para prolongar su misión pastoral quiso contar con colaboradores que continuaran la tarea. 
Sin embargo, hoy también podemos decir con el evangelista que mucha gente anda “como ovejas sin pastor”, no sólo porque escasean las vocaciones, sino también por la falta de fidelidad y entrega de quienes no cumplen debidamente con su misión pastoral. Pidamos, pues, a la luz del Evangelio de este domingo, e invocando la intercesión de María santísima, por las vocaciones al sacerdocio ministerial y a los demás ministerios pastorales, para que las personas y las comunidades que les han sido encomendadas se sientan espiritualmente orientadas y confortadas con una actitud de compasión semejante a la del Buen Pastor, Jesucristo nuestro Señor. Así sea. 

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