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Julio 3: Otro envío de apóstoles

Lucas 10:1-12.17-20, domingo, julio 3 de 2022 Por: Luis Javier Palacio, SJ  Una de las características que distingue el estilo de Lucas de otros evangelios es su gusto por el lenguaje griego de la Septuaginta[1] incluso en algunos de sus semitismos. Precisamente de la Septuaginta surge el número setenta y dos que utilizan muchas traducciones. Setenta sería las naciones de la tierra según la geografía del Génesis que serían los descendientes de Sem, Cam y Jafet pero la Septuaginta consigna 72. Los judíos se concebían a sí mismos como un cordero en medio de setenta lobos. El cordero sería Israel y los lobos serían las naciones, los incircuncisos, gentiles o no judíos. Sabemos que no siempre Israel fue cordero ni las naciones lobos. En el evangelio de hoy se utiliza la misma concepción respeto a los discípulos, sin precisar números: « Id; mirad que os env ío como corderos en medio de lobos». Setenta fueron los ancianos que escogió Moisés para que le ayudaran y recibieran su espíritu. El envío de los 70 (o 72) tiene la singularidad de que sucede mientras Jesús va a Jerusalén. A doce «los envi ó a proclamar el Reino de Dios y a curar.» (Lc 9:2); ahora la setenta son enviados en una misión similar y reciben instrucciones similares. Lucas toma de Marcos, que es un evangelio anterior, la misión a los doce y la hace extensiva a otros discípulos que engloba genéricamente como “setenta y dos”. Esta figura de “los setenta y dos” es típica de Lucas. El tipo de misión en que se han comprometido los doce se va a expandir ahora, en el tiempo, a un grupo mayor. Pero el relato de la pasión va a enfatizar lo inadecuado del seguimiento de los discípulos y el cambio dramático en sus situaciones y habilidades. Según el libro de Enoc los príncipes y lenguas del mundo serían setenta y dos, lo que estaría en concordancia con Pentecostés cuando « jud íos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios» (Hc 2:11). Pentecostés se ha entendido como el reverso de la Torre de Babel que unifica donde las lenguas crearon división o confusión.
La descripción inicial «designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» los muestra en una misión similar a la de Juan Bautista como precursor que prepara el camino para el Señor. El llamado de Pedro a la conversión en Pentecostés es similar al llamado de Juan Bautista a convertirse para el perdón de los pecados. Tanto “los doce” como “los setenta y dos” fueron enviados de dos en dos. Dice san Ambrosio en sus comentarios al respecto: “¿Por qué de 2 en 2? Porque los animales entraron al Arca de dos en dos, macho y hembra; no puros en cuanto al número, pero purificados por el misterio de la Iglesia, como luego quedó claro en el oráculo del Espíritu Santo a Pedro: «Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.» (Hc 10:15) Los gentiles estaban más preocupados en la procreación que en la gracia.” Para algunos comentaristas en los envíos de “los doce” y los “setenta y dos” estarían prefiguradas la misión, de “los doce” a los judíos y de los “setenta y dos” a los gentiles. En términos más sencillos, la misión de Pedro y la de Pablo. La de este último es descrita por el mismo Pablo como «tuvo a bien revelar en m í a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles» (Gal 1:15-16). La misión no solo debe abrirse a todas las naciones sino que no está reservada a “los doce”. Los discípulos surgidos entre los gentiles se convierten a su vez en agentes de misión como Tito y probablemente el mismo Lucas. Pero vale recordar que Lucas muestra una cierta resistencia a Pablo y de hecho nunca lo llama apóstol. Pablo inaugura un nuevo modo de ser apóstol pues no compartió en la vida pública de Jesús como se esperaba del sucesor de Judas. «Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el d ía en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección.» (Hc 1:21-22)
Para algunos comentaristas no se trataría de dos envíos separados (los 12 y los 72) sino que se trataría de una sola misión o un solo envío de un grupo indeterminado de discípulos de Jesús. Como sabemos, el número doce es significativo y muy unido al judaísmo cuando se pensaba que los cristianos serían el “nuevo Israel”. Es la teoría de la substitución que históricamente no se dio. Los discípulos son enviados en pobreza y deben quedar encomendados a la hospitalidad de aquellos a los que se dirigen. Las instrucciones sobre la hospitalidad hacen de ella misma una forma de predicación, de apostolado. Todo cambio de alojamiento, por ejemplo, de uno más humilde a otro mejor acomodado, debe ser omitido para no provocar escándalo. En lugar del cinturón (para guardar el dinero del viaje) se menciona la bolsa del dinero, que se llevaba en el cinturón o en un repliegue del vestido; las sandalias se prohíben de manera expresa mientras que en Marcos se autorizan: «I d calzados con sandalias, pero no os pong áis dos túnicas».» (Mc 6:9) La prohibición hasta del saludo en el camino, que nos resultaría hoy una descortesía, significa que los discípulos no deben dejarse detener por nada en su cometido. Para algunos sería un reflejo de lo que aparece en el libro de los Reyes: «Ciñe tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete; si te encuentras con alguien no le saludes, y si alguien te saluda no le respondas.» (2 Re 4:29) No así en las casas en donde deben saludar con la paz que es la forma semítica del saludo; efectiva incluso con respecto a quienes no sean «hijo de paz» pues volverá en bien de los discípulos.
Así como se narra un regreso de “los doce” impensable en la vida pública de Jesús, se habla de un regreso de los “setenta y dos” de su misión. Los 70 (72) manifiestan su asombro y su alegría ante el hecho de que podían hasta expulsar demonios en el nombre de Jesús. No se trata aquí de un poder mágico del nombre de Jesús, sino de la fe que debían tener en la persona de Jesús. No se habla de curación de enfermos que se mencionaba en el envío de “los doce” pero si de expulsión de demonios a la cual no hace referencia el envío de “los doce”. Las enfermedades de tipo mental se concebían como efecto de posesiones demoníacas.
La relación entre el poder demoníaco y los animales ponzoñosos o venenosos, corresponde a la cosmovisión de la época, hoy inadmisible. Satanás aparece como el causante también de todo daño en el dominio físico de la naturaleza. Aún en la modernidad se atribuyó tal poder a las brujas con resultados lamentables como fue la cacería de brujas con miles de mujeres muertas. Poder o autorización para pisar animales ponzoñosos va en contra del cuidado de la casa común. Serpientes[2] (la hidra es una variación) y escorpiones[3] (símbolo del odio, la envidia y la oscuridad) serían compañeros pacíficos del hombre en la era mesiánica, según Isaías: « Hurgar á el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.» (Is 11:8) Afortunadamente el mismo evangelio relativiza tales poderes pues lo importante es « que vuestros nombres est én escritos en los cielos» que la carta a los filipenses llama el « libro de la vida.» (Fil 4:3)
 
[1] De hecho en el Nuevo Testamento cuando se cita el Antiguo se usa esta versión griega, traducida en Alejandría por orden del rey Ptolomeo II. Se hizo porque muchos judíos de la diáspora ya no podían leer el hebreo.
[2] Venerada en unas culturas y temida en otras, al encarnar un gran número de fuerzas. Representa la fertilidad de la tierra y la medicina (Esculapio) con la ambigüedad del fármaco (remedio y veneno a la vez). Su papel en el Génesis es negativo.
[3] Los egipcios adoraban a la diosa Selket con cuerpo de escorpión y cabeza humana.

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