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Junio 19: “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los fue dando a los discípulos para que, a su vez, se los sirvieran a la gente”

Comunitas Matutina 12 de junio 2022
Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi) Ciclo C Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ Lecturas

Génesis 14: 18 – 20
Salmo 109: 1 – 4
1 Corintios 11: 23 – 26
Lucas 9: 11 – 17

Dice el teólogo español José María Castillo, a propósito de la teología de los sacramentos: “La Iglesia es fiel a Jesús cuando celebra, por la fuerza del Espíritu, los mismos gestos simbólicos que realizó Jesús: cuando se adhiere a su destino y comulga con su vida, cuando perdona los pecados y libera a los hombres de las fuerzas de esclavitud y muerte que operan  en la sociedad, cuando sana las raíces del mal y del sufrimiento que oprimen a todos los crucificados de la tierra. Cuando todo eso no son palabras, sino experiencias reales y concretas, vividas cada día en cada comunidad de fe, entonces cada una de esas comunidades expresa auténticamente tales experiencias mediante los símbolos fundamentales de nuestra fe a los que llamamos sacramentos”.[1]
En este contexto de reconocer y celebrar hoy el sacramento eucarístico, la referencia nos ayuda a situar el correcto sentido y práctica de los sacramentos y, en particular, de este, al que llamamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, la eucaristía. Es esencial hacer esta claridad porque incurrimos a menudo en hacer de ellos prácticas rituales desconectadas de la historia real de las personas y –¡lo que es más grave aún!– de la realidad de Jesús y del significado original y originante de su sacramentalidad. El carácter genuino de la religión cristiana tiene en la fuerza significativa y transformadora de lo humano un elemento hermenéutico determinante para su comprensión y vivencia.[2] La humanidad de Jesús es la constitución sacramental de la divinidad, su ministerio de salvación-liberación integra al ser humano en esa sacramentalidad.[3]
En muchos casos hemos convertido la eucaristía en un culto de adoración “hacia arriba”, desprovisto de fraternidad, de servicio, de comunión, de participación, de realidad social y eclesial, desconociendo así el proyecto de Jesús, que le da pleno sentido a la cena del pan y del vino como compartir fraterno y como significación sacramental de la Iglesia. Se torna una “presencia-en-sí”, como un espectáculo litúrgico al que se venera sin tomar en cuenta –con la seriedad que el sacramento amerita– la comunidad, los seres humanos concretos que allí se congregan para profesar la fe, también la fraternidad, el servicio, la solidaridad.[4] Es decir, los elementos de ética evangélica propios de la Buena Noticia de Jesús.[5]
Recordemos que la eucaristía es un sacramento, que es la unión de un signo con una realidad significada: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces la beban, háganlo en memoria mía. Pues cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz, anuncian la muerte del Señor hasta que venga”.[6] Vivir en memoria de Jesús es reproducir en nosotros los rasgos constitutivos de su existencia: la amorosa referencia al Padre y al prójimo, es asumir como propio el proyecto de vida de Jesús e integrarlo en nuestra conducta cotidiana.
Es muy diciente el comienzo del texto evangélico de este domingo, que refiere la multiplicación de los panes y los peces, gesto en el que los estudiosos de los evangelios ven una clara alusión eucarística: “Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados”.[7] Ratifican estas palabras que el proceder de Jesús nunca se desentiende de las problemáticas de las personas que le siguen y escuchan, hace suyas sus expectativas, sus dolencias, y se implica en ellas salvíficamente. Hay siempre en Jesús una actitud constante y creciente de cordialidad,[8] tomando el sentido de esta palabra en su más legítima etimología: lo que nace del corazón y recibe con afecto y con respeto al prójimo.
La realidad histórica de Jesús, su pasión, su muerte, su cruz, constituyen el lenguaje por excelencia del amor de Dios a la humanidad, tal donación es la que da sentido y salva, recrea y redime, y propone como proyecto de vida a quien aspire a seguirlo, configurarse con él y hacer de la propia vida una amorosa ofrenda, en los mismos términos en los que él lo hizo, es el contenido central de este sacramento y el que le confiere significado existencial y transformador: “Porque yo recibí del Señor lo que les transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía. Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebieren, háganlo en memoria mía”,[9] sabiendo que en ese anuncio-memorial está contenido el vivir exactamente como él, en servicio del prójimo.[10]
El primer signo es el pan partido y preparado para ser comido, señal indicativa de lo que fue Jesús toda su vida . La clave no reside en el pan como cosa, sino en el hecho de que está partido y dispuesto para ser compartido. Jesús estuvo siempre preparado para que todo el que se acercara a él pudiera hacer suyo todo lo que él era: la vida del Padre Dios que a través de la mediación salvadora y liberadora de Jesús se hace vitalidad, transformación, plenitud, para quienes se benefician de este don. El pan se parte para comerlo, la fuerza del signo está en la disponibilidad para ser comido.[11] Jesús estuvo siempre dispuesto para que todo el que se acercara a él pudiera hacer suyo todo lo que él era. Se dejó partir, se dejó comer, se dejó asimilar, aunque esa actitud tuvo como consecuencia que los jefes de su religión lo aniquilaran.
El segundo signo es la sangre derramada, teniendo presente que para los judíos la sangre es la vida misma, esta hace alusión a la vida de Jesús que estuvo siempre a disposición de los demás, preferentemente para los pobres, los condenados morales, los sin nombre, los humillados, los desconocidos, los ignorados. Esta feliz constatación tiene implicaciones éticas y existenciales definitivas para la existencia cristiana. Si bien los sacramentos tienen un aspecto ritual celebrativo, es preciso ir al fondo de la cuestión para captar y asumir vitalmente el contenido del sacramento: Jesús que se parte y se comparte para darnos la vida del Padre, involucrando a quien lo recibe en su misma perspectiva de vida: entregarse a la causa del reino de Dios y su justicia, reconocer afectiva y efectivamente a cada ser humano como prójimo, generando un nuevo tejido de relaciones determinado por el espíritu de las bienaventuranzas.[12]
En ese contexto, entendemos la significación del relato de Lucas, que la Iglesia nos propone este domingo, la multiplicación de los panes y de los peces. Nos pone a consideración de una gran multitud en el desierto, sin posibilidad de alimentarse, evoca al antiguo Israel, en su marcha de Egipto a Canaán, camino de la libertad, peregrinación hacia la tierra de la promesa, cuando es socorrido en su hambre y en su sed gracias a la intercesión de Moisés. Jesús se preocupa sinceramente por quienes le siguen, y así pide a sus discípulos que hagan todo lo necesario para proveer a la muchedumbre: “Él les dijo: denles ustedes de comer. Pero ellos respondieron: no tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente. Jesús dijo entonces a sus discípulos: hagan que se acomoden por grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así y acomodaron a todos” . [13]
Quiere decir todo lo anterior que el sacramento eucarístico no es una realidad en sí misma, sino una realidad ordenada a la Iglesia, que es la comunidad de los discípulos. En Jesús se significa todo eso que llamamos Evangelio, Buena Noticia: que todos los seres humanos somos acogidos por la paternidad misericordiosa de Dios, que desde ahí se configura una comunidad en la que todos entran en igualdad de condiciones, que la dignidad humana brilla con luz propia, que el poder, el dinero y demás ídolos no son realidades centrales en la vida de los seres humanos, y que la projimidad es la nueva categoría que tiene como aval al mismísimo Padre de Jesús.
En la eucaristía se concentra todo el mensaje de Jesús, que es el amor. El amor que es Dios manifestado en el don que de sí mismo hizo Jesús durante su vida. Esto somos nosotros en esta nueva perspectiva: don total, amor total, sin límites. Al comer y beber el pan y el vino consagrados, estamos completando el signo. Lo que equivale a decir que hacemos nuestra su vida y nos comprometemos a identificarnos con lo que fue e hizo Jesús. El pan que me da la vida no es el pan que como, sino el pan en que me convierto cuando me doy. Soy cristiano, no cuando “como” a Jesús, sino cuando me dejo comer, como hizo él.[14]
En estos tiempos dramáticos en los que unos seres humanos devoran la dignidad de sus semejantes, a través de guerras, despojos, abusos, exclusiones, pretensiones políticas sin autoridad moral y sin capacidad de gobernar con inteligencia, es desafío para la conciencia cristiana volver por los fueros de la dignidad humana y de la justicia a través de la lógica evangélica de la mesa que se comparte generosamente para todos, constituyendo a cada participante en un comensal acogido y bendecido por Dios a través del ministerio de Jesús y de la Iglesia.
Esta significación es de extrema abundancia y generosidad, ilimitada como el amor de Dios, como la ofrenda de Jesús: “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los fue dando a los discípulos para que, a su vez, se los sirvieran a la gente. Comieron todos hasta saciarse, y se recogieron doce canastos con los trozos que les habían sobrado”.[15] La realidad esencial es el amor de Dios presente en nosotros. Los signos sacramentales son medios para llegar eficazmente a la realidad significada, y vivirla. Si esto hacemos, nuestro verdadero ser ya no será el nuestro sino él en nosotros, y nosotros en los prójimos amados y servidos.
 
[1] CASTILLO, José María. Símbolos de libertad: teología de los sacramentos.  Sígueme. Salamanca 1982, página 458. BOROBIO, Dionisio. Historia y teología comparada de los sacramentos. Sígueme. Salamanca, 2012. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Símbolos de fraternidad: sacramentología para empezar. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2006. GRANADOS GARCÍA, José Tratado general de los sacramentos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2017. FERRÁNDIZ GARCÍA, A. La teología sacramental desde una perspectiva simbólica. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 2001. MALDONADO, Luis. Sacramentalidad evangélica: signos de la presencia para el camino. Sal Terrae. Santander, 1987. RAHNER, Karl. La iglesia y los sacramentos. Herder. Barcelona, 1976.
[2] TORNOS, Andrés. Cuando hoy vivimos la fe: teología para tiempos difíciles. San Pablo. Madrid, 1995.  Ver todo el número 344 de la Revista Internacional de Teología CONCILIUM en https://www.revistaconcilium.com/wp-content/uploads/2019/pdf/344.pdf su tema es Sacramentalización de la historia humana. BOFF, Leonardo. Los sacramentos de la vida. En https://www.pochiteo.files,wordpress.com/2010/03/sacramentos-vida-boff.pdf SCHYLLEBECKX, Edward. Cristo, sacramento del encuentro con Dios. Dinor. San Sebastián, 1964. URÍBARRI BILBAO, Gabino (Editor). La reciprocidad entre fe y sacramentos en la economía sacramental: comentario al documento de la comisión teológica internacional. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2021. BOROBIO, Dionisio. Sacramentos y etapas de la vida. Sígueme. Salamanca, 2000.
[3] CASTILLO, José María. La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017. La humanidad de Dios. Trotta. Madrid, 2012. TORRES QUEIRUGA, Andrés. La revelación de Dios en la realización del hombre. Cristiandad. Madrid, 1990.
[4] MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Situación sociocultural y práctica sacramental. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol33/132/132_martin.pdf  URIBARRI BILBAO, Gabino. La ruptura entre la fe y los sacramentos en la iniciación cristiana. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/31972/PL%20360.%20Gabino%20Uribarri.pdf?sequence=-1&isAllowed=y
[5] SCHRAGE, Wolfgang. Etica del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1987.VIDAL, Marciano. Para comprender la ética cristiana. Verbo Divino. Estella, 1998. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mesa compartida: estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias sociales. Verbo Divino. Estella, 2006. MALDONADO, Luis. Praxis sacramental y compromiso de fe. PPC. Madrid, 2001. MARTÍNEZ MORALES, Víctor. Sentido social de la eucaristía (3 volúmenes. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2003. PAGOLA, José Antonio. La eucaristía, experiencia de amor y de justicia. Sal Terrae. Santander, 1990.
[6] 1 Corintios 11: 25-26
[7] Lucas 9: 11
[8] Cordial, cordialidad, vienen del latín cor-cordis. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como afectuoso, que tiene la virtud de fortalecer el corazón.
[9] 1 Corintios 11: 23-25
[10] SCAMPINI, Jorge A. La eucaristía, principio y fundamento de un orden social verdaderamente justo: un aporte con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional. En revista Teología volumen LIII número 119, marzo 2016; páginas 45-80. Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, 2016.  BENEDICTO XVI. Exhortación Apostólica Post Sinodal Sacramentum Caritatis sobre la Eucaristía. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2007. FLECHA ANDRÉS, José Román. La fraternidad como vocación ética. En https://www.dadun.unav.edu/bitstream/10171/3855/1/simposioteologia20roman.pdf
[11] CAPPELLUTI, Leonardo. Pan partido para un mundo quebrado: la eucaristía en el camino del hombre. San Benito. Buenos Aires, 2008. LEÓN DÍAZ, Ernesto. Eucaristía, banquete de resiliencia: el pan para la adversidad. Tesis para obtener el grado de doctor en teología. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2021. GESTEIRA GARZA, Manuel. La eucaristía, misterio de comunión. Sígueme. Salamanca, 2016. KASPER, Walter. Sacramento de la unidad: eucaristía e Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2005. LEON-DUFOUR, Xavier. La fracción del pan: culto y existencia en el Nuevo Testamento. Cristiandad. Madrid, 1988.
[12] PABLO VI. Encíclica Mysterium Fidei. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1965. JUAN PABLO II. Encíclica Ecclesia de Eucharistia.Librería Editrice Vaticana. Roma,  2003. ALVEAR, Enrique. La Eucaristía sacramento de la liberación integral del hombre. Arquidiócesis de Santiago de Chile, 1980. THURIAN, Max. La eucaristía, memorial del Señor. Sígueme. Salamanca, 1967. CASTILLO, José María. Donde no hay justicia no hay eucaristía. En Revista Estudios Eclesiásticos número 52, páginas 555-590. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1977.
[13] Lucas 9: 13-15
[14] LA VERDIERE, Eugene. Comer en el reino de Dios: los orígenes de la eucaristía en el evangelio de Lucas. Sal Terrae. Santander, 2002. SCOTT, Margaret. La eucaristía y la justicia social. Sal Terrae. Santander, 2010. TABORDA, Francisco. Sacramentos, praxis y fiesta. Paulinas. Madrid, 1987. DE ROUX GUERRERO, Rodolfo Eduardo. El pan que compartimos: la cena con los Doce. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 1994. BOTELLA CUBELLS, Vicente. El sacramento de la eucaristía: evolución histórica. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2015.
[15] Lucas 9: 16-17

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