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Marzo 5: “Esta gracia se ha hecho patente ahora con la manifestación de nuestro salvador Cristo Jesús, quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio”

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Comunitas Matutina 05 de marzo 2023
II Domingo de Cuaresma – Ciclo A

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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 Lecturas:

  1. Génesis 12: 1-4
  2. Salmo 32: 4-5;18-19 y 20-22
  3. 2 Timoteo 1: 8-10
  4. Mateo 17: 1-9

Cuaresma no es una temporada sombría y triste, es la posibilidad de mirar con hondura y esperanza la esencial referencia teologal de nuestra vida, afirmando, como Jesús en el relato de las tentaciones del pasado domingo: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo darás culto”,[1] expresión con la que él – de modo tajante – sale al paso a las tentadoras sugerencias del maligno en materia de poder, de prestigio, de espectacularidad, de triunfalismo humano, y marca la pauta de su misión: un mesianismo desempoderado,[2] su conciencia de Dios lo hace adoptar un estilo misional de abajamiento, de pequeñez, de encarnación en las dolorosas realidades que afligen a la humanidad, que él también padecerá. Un Dios descalzo, un Dios “en salida”. El absoluto de Dios en la experiencia de Jesús decide la absolutez de su libertad. [3]

El énfasis cuaresmal se pone en la evolución hacia la vida y en el despojo de la muerte, en el paso de la oscuridad y del egoísmo, de todo lo desordenado que se nos ocurre y volvemos a la práctica, a la novedad de ser agraciados por ese Dios,[4] cuyo empeño – siempre hay que afirmarlo – es el ser humano nuevo en el Espíritu. Entonces, el camino cuaresmal es una ruta de libertad, de liberación.

El centro del mensaje de este domingo se concentra en el relato de la transfiguración de Jesús propuesto por Mateo. Es un texto muy antiguo, elaborado a partir de la experiencia pascual vivida por los discípulos. Una vez que descubrieron el verdadero ser de Jesús en la Pascua, fundamento de la fe cristiana, trataron de comunicarla porque en ella recibieron la vida, que transformó decisivamente las suyas. Para hacerlo creíble lo ponen en la vida terrena de él, justo antes del juicio de la pasión; pero, en realidad, lo que están describiendo es un genuino testimonio pascual, sus vidas ahora son sustancialmente nuevas.[5] Ellos vivieron suficientemente su precariedad humana, las dificultades serias que tuvieron para comprender esa “extraña lógica” de Jesús, de decirles que iba a ser perseguido y humillado, porque persistían en su expectativa de un mesianismo triunfante al modo del mundo, también porque a partir de la crucifixión quedaron profundamente abatidos. El relato de la transfiguración es un testimonio de la vida que los sacó de esa “noche oscura”. [6]

Así, se nos remite a un asunto permanente de la condición humana, el misterio de la muerte y de la vida, el del gozo y el dolor, el de la destrucción-aniquilamiento y el de la regeneración y transformación, el de la oscuridad y el de la luz, el del pecado y el de la gracia. Todo esto va sucediendo constantemente en nuestras vidas, hasta que viene el momento de la muerte y , con esto, el paso a la luminosidad definitiva: “Al oír esto los discípulos cayeron con el rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y les dijo: Levántense, no tengan miedo. Ellos alzaron sus ojos y no vieron a nadie más que a Jesús”. [7]

Es bien clara la intención de presentar este relato en el ambiente de cuaresma. Su espíritu es hacernos conscientes de la esperanza radical que sustenta nuestra existencia, es Dios mismo quien nos ha asumido en el Señor Jesucristo, él se ha implicado vitalmente en todo lo que somos para liberarlo del absurdo, orientándolo hacia la vida plena de la que él es portador prototípico. Lo que el pecado y la muerte desfiguran es transfigurado en él mismo, que nos pone junto al Padre, se inserta en nuestro ser para hacernos nuevos en el amor y en la libertad.

Abraham – referido por la primera lectura – es un relato estupendo de este tránsito de lo oscuro a lo luminoso a partir de su encuentro con Yavé-Dios. En ese esfuerzo existencial, profundamente humano y no pocas veces doloroso, escucha el llamado a dejarlo todo y a fiarse de una novedosa promesa de vida: “Yavé dijo a Abraham: vete de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre, y serás tú mismo una bendición para muchos” . [8]

Leamos el relato a partir de nuestros proyectos de vida, viendo cómo tenemos que salir de un mundo de seguridades, haciendo rupturas con todo lo que nos impide vivir con sentido, tomando decisiones liberadoras, y corriendo el riesgo de una nueva vida en la que se vislumbran posibilidades de definitiva plenitud, son nuestras “tierras prometidas” como las que alimentaron la esperanza de Abraham y de las comunidades que lo seguían. Dios irrumpe en la historia para liberarnos de todo lo que oscurece nuestra humanidad. La invitación es a buscar la luz y la libertad, dando una nueva figura a todo lo que somos y hacemos. Abraham y su gente son imagen de esa novedad cualitativa propiciada por la promesa liberadora de Yavé.

Muchos salen de situaciones aberrantes de injusticia, de pobreza, de violencia, en búsqueda de espacios para desarrollarse libre y felizmente, el fenómeno de las migraciones en nuestros días es intenso y dramático, no se resignan a someterse a las fuerzas de la muerte. Otros, sin desplazarse de sus lugares, descubren novedosas posibilidades en las que se juegan ideales mucho mayores que ganar dinero y obtener éxitos, son los que apuestan por vidas críticas, proféticas, liberadas y liberadoras.[9] Y también muchos tienen vidas opacadas por el pecado, por el desacato a Dios y al prójimo, por erigirse como medidas de todo en la vida, por hacer fracasar el proyecto original del paraíso, por empeñarse en la injusticia y en el predominio del ego. Cada uno desde su contexto está en mora de libertad, de vida nueva, de rupturas salvíficas, de territorios de sentido, de razones definitivas para la esperanza.

El relato bíblico pone el origen de Israel en esta migración mitológica, justificándola en el deseo que tiene Yavé de elegirse un pueblo. Este pueblo encuentra en esta aventura abrahámica la raíz de su identidad y de su significado: “Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por tí se bendecirán todos los linajes de la tierra” . [10]

Dios nos invita a un creciente proceso de mejoría ética y espiritual, nos pide abandonar seguridades alienantes, romper con sometimientos, renunciar a todo lo que frena nuestro crecimiento en humanidad, tener la entereza de dejarnos confrontar por el mismo Señor, por la realidad, por el prójimo, y descubrir con esperanza que hay partes de nuestro ser que demandan conversión, luz y libertad. [11]

En las palabras de Pablo a su discípulo y compañero apostólico, Timoteo, destaca el talante de libertad que proviene del Espíritu, palabra que no se somete a poderes humanos, que esclarece el sentido teologal de la vida, portadora de sentido trascendente, que dignifica al ser humano, que en Jesucristo tiene la evidencia definitiva de Dios que destruye el absurdo de la muerte y abre la humanidad al futuro: “Esta gracia se ha hecho patente ahora con la manifestación de nuestro salvador Cristo Jesús, quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio, para cuyo servicio he sido yo constituído heraldo, apóstol y maestro”. [12]

Es Jesús, que renuncia a asegurarse la vida y obtiene la victoria significada en la transfiguración. Téngase presente lo que dice en el pasaje inmediatamente anterior: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”. [13]

El episodio narrado es una manifestación de Dios, el autor bíblico escoge la montaña como lugar simbólico de su comunicación, recordando así diversas escenas del Antiguo Testamento que tienen esta connotación. Una cima alta y apartada alejada horizontalmente de los hombres y acercada verticalmente a Dios. En ese contexto tendrá lugar la manifestación gloriosa de Jesús, sólo a tres de los discípulos: ”Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. [14]

La teología de esta narración dice que al ver transformados su rostro y sus vestidos tienen la experiencia de saber que su destino no es el fracaso, sino la gloria.[15] Al ver a Moisés y Elías dialogando con Jesús tienen la certeza de que Él es la plenitud de esa historia religiosa de Israel y de la revelación de Dios a la humanidad. Al escuchar la voz de lo alto saben que les está ofreciendo una alternativa plenamente configurada con la voluntad de Dios. Jesús vivió constantemente transfigurado, pero no lo manifestaba con evidencias espectaculares, consecuente con lo que transmite de modo especial el evangelio de Marcos: el secreto mesiánico. Su humanidad y su divinidad se expresaban cada vez que se acercaba a alguien para hacerlo más humano, para implicarlo en la figura de la nueva humanidad que él comunica a todos. El ser humano asumido por el Señor Jesús se torna luminoso con el dinamismo de la gracia que reconstruye lo que la muerte y el pecado arrasan. Este es el itinerario cuaresmal.

 

[1] Mateo 4: 10

[2] LUCIANI, Rafael. El mesianismo asuntivo del Hijo del Hombre. Reflexión a la luz de la cristología contemporánea. En Revista Theologica Xaveriana número 186, páginas 1-27. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2018. PIKAZA IBARRARONDO, Xabier. Jesucristo en San Mateo (Mateo 1-4). Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 11 de noviembre de 2007. CASTILLO, José María. El Reino y la vida, capítulo 4 de su libro El Reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999; páginas 63-77. Lo que queremos decir es que Jesús en el desierto se prepara para un mesianismo crucificado, y por eso rechaza rotundamente lo que le propone el maligno, incompatible con la soberanía del Padre en su vida y con el abajamiento que se va a manifestar en todo su ministerio hasta la cruz.

[3] KRUPA, Jozef. Dios Padre como fuente y origen de toda la divinidad. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83556074.pdf SEGUNDO, Juan Luis. Disquisición sobre el misterio absoluto. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1086/1/RLT-1985-006-A.pdf. PAPA JUAN PABLO II. La relación de Jesús con el Padre, revelación del misterio trinitario. Ciudad del Vaticano. Audiencia General del 10 de marzo de 1999.

[4] LÜKE, Ulrich. El mamífero agraciado por Dios. Sígueme. Salamanca, 2018. LADARIA, Luis F. La gracia como nueva creación. La vida del hombre justificado. Capítulo VII de su libro Teología del pecado original y de la gracia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2019; páginas 267-301. RUIZ DE LA PEÑA, Juan Luis. Las dimensiones de la gracia. Capítulo X de su libro El don de Dios: antropología teológica especial. Sal Terrae. Santander, 1991; páginas 371-406.

[5] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2007. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Glorificación. Capítulo III de su libro Cristología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2001; páginas 125-174. WILKENS, Ulrich. La resurrección de Jesús. Estudio histórico-crítico del testimonio bíblico. Sígueme. Salamanca, 1981.

[6] CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Segundo domingo de cuaresma: la transfiguración un anticipo de la pascua. En https://www.celam.org/cebitepal/lectio/lectio5e62c8c055d2f_06032020_1003pm.pdf SABUGAL, Santos. La transfiguración de Jesús, adelanto de su resurrección. En https://www.agustinosvalladolid.es/estudio/investigacion/estudioagustiniano/estudiofondos/estudio1992/estudio_1992_3_01.pdf

[7] Mateo 17: 6-8

[8] Génesis 12: 1-2 SANZ GIMÉNEZ-RICO, Enrique. Abrahán camino a Finisterre. En Revista Sal Terrae número 94, páginas 445-455. Madrid, 2006. COLLIN, Matthieu. Abrahán. Cuadernos Bíblicos 56. Verbo Divino. Estella, 1987. BARBERA, Domenico. Abrahán, el padre de la fe. RJ Julia Independent Book Sellers. Boston, 2020. BUSTO SAIZ, Josè Ramòn. La acción salvadora de Dios en Abrahàn y en los patriarcas. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander. 26 de octubre de 2010.SKA, Jean Louis. Introducciòn al Pentateuco. Claves para la interpretación de los cinco primeros libros de la Biblia. Verbo Divino. Estella, 2011. PAPA JUAN PABLO II. Homilìa del Santo Padre Juan Pablo II durante las celebraciones en recuerdo de Abraham Padre de todos los creyentes. Ciudad del Vaticano, 23 de febrero de 2000.

[9] SAURÍ, Jorge. El hombre comprometido. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1968. DIOCESIS DE PLASENCIA (España). La experiencia del encuentro con Dios. En https://www.diocesisplasencia.org/documentos/SINODO/AD_TEMA_4.pdf NEGRO PAVÒN, Dalmacio. En torno al mito del hombre nuevo. En https://www.racmyp.es/dosc/anales/A85-5.pdf CASALDÀLIGA, Pedro. Los rasgos del hombre nuevo. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/3599/1/Los%20rasgos%20del%20Hombre%20Nuevo.pdf KNOCH, Otto. El Espìritu de Dios y el hombre nuevo. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2026.

[10] Génesis 12: 3

[11] CASAS RAMÌREZ, Juan Alberto. La conversión como posibilidad de seguimiento del Señor en el evangelio de Marcos. En Revista Cuestiones Teològicas volumen 40 nùmero 93, páginas 127-146. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, enero-junio 2013. GIBLET J. & GRELOT, P. Penitencia, Conversión en LEON-DUFOUR, Xavier. Vocabulario de Teologìa Bìblica. Herder. Barcelona, 2001; páginas 672-678. IGLESIAS, Ignacio. La alegría de la conversión: convertìos y creed en el Evangelio. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1997. GELPI, D. Conversiòn en GRUPO DE ESPIRITUALIDAD IGNACIANA. Diccionario de Espiritualidad Ignaciana. Mensajero-Sal Terrae. Santander-Bilbao, 2007; páginas 481-483. RODRÌGUEZ, Juliàn. La conversión en el pensamiento bíblico. Sìgueme. Salamanca, 1989.

[12] 2 Timoteo 1: 10-11

[13] Mateo 16: 26

[14] Mateo 17: 1-2

[15] CARBULLANCA, Cèsar. El relato de la transfiguración. En Theologica Xaveriana número 71. https://www.doi.org/10.11144/javeriana.tx71.rtcamm WEILER, Lucìa & BOMBONATTO, Vera Ivanise. Jesùs transfigurado: el rostro que nos pone en camino. En https://www.dominicasanunciata.org/wp-content/uploads/2016/06/wdomi_pdf_6375-Bf81B9cLLoNblFdf.pdf MORADO , Guillermo Juan. La significatividad de la transfiguración de Jesùs. En Revista Española de Teologìa volumen LXXX cuaderno 1, páginas 33-60. Universidad San Dàmaso. Madrid, enero-abril 2020.

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