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Mayo 8: “Yo les doy Vida eterna; ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”

Comunitas Matutina 8 de mayo 2022
Domingo IV de Pascua ciclo C Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ Lecturas:

Hechos 13: 14 y 43-52
Salmo 100
Apocalipsis 7: 9-17
Juan 10: 27-30

Durante estos nueve años de ministerio del papa Francisco[1] hemos escuchado su continua insistencia en que la Iglesia se despoje de sus privilegios, se baje de su pedestal, no reclame para sí honores y vanos elogios, que el ministerio de obispos, sacerdotes y diáconos tenga “olor a oveja”, que seamos una comunidad “en salida”, que las interpelaciones del mundo real de los seres humanos toquen la fibra pastoral de todos los cristianos, que sea notable una particular dedicación a los que él llama “descartados” por el maligno sistema económico imperante, que no presumamos de superioridad moral y religiosa, que nos encarnemos en la cotidianidad de las personas, que dejemos de lado el estilo clerical y, en general, toda manifestación contraria al Evangelio. En definitiva, que seamos como Jesús,[2] caminando hombro a hombro con la humanidad, haciendo lo mismo que él hizo, dando vida, entusiasmando con el anuncio de la Buena Noticia, ejerciendo el servicio de la compasión y de la misericordia, haciendo de toda la vida eclesial una tarea permanente de comunicar esperanza y sentido pleno de la existencia: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”. [3]
Sus textos magisteriales más conocidos: las encíclicas Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común, [4] la ya referida exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la Encíclica Fratelli Tutti  sobre la Fraternidad y la amistad social,[5] la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia sobre el Amor en la Familia [6] son elocuentes evidencias del hondo sentido de responsabilidad evangelizadora y pastoral con el que el papa vive su servicio como pastor de la Iglesia universal, extensivo también a todos los seres humanos de buena voluntad. La Iglesia no puede permanecer encerrada en la patología autorreferencial, su razón de ser es el anuncio y realización de la Buena Noticia, dialogando con los diversos contextos socioculturales en los que se desenvuelve la humanidad, interpretando los signos de los tiempos, acogiendo a todas las personas como madre generosa y providente, denunciando las injusticias e inconsistencias que maltratan la dignidad humana, proponiendo infatigablemente el rico humanismo que se desprende de la fe en Jesucristo. Para nuestro tiempo, esta tendencia pastoral se establece a partir del Concilio Vaticano II, con la sabia guía de los santos pastores Juan XXIII y Pablo VI.[7] Las asambleas de los obispos de América Latina en Medellín,[8] Puebla de Los Ángeles,[9] Santo Domingo,[10] Aparecida,[11] junto con las nuevas tendencias teológicas y pastorales que se dejan encontrar por las realidades más acuciantes de las sociedades, ponen sobre el tapete que la Iglesia en su totalidad está llamada a este servicio,[12] tanto a quienes libremente acogen el mensaje de Jesucristo como a la humanidad entera, siempre en espera de iniciativas que la llenen de esperanza y de sentido.
Nos referimos a estas realidades porque este IV domingo de Pascua se conoce como Día del Buen Pastor. Su contexto no puede quedarse simplemente en la clásica y trajinada exaltación del estamento clerical, porque lo propio de esta alusión y del esfuerzo que quiere destacarla es la Iglesia en su totalidad como comunidad ministerial y pastoral, animada por el Espíritu, que suscita diversidad de dones, todos orientados a la comunión del cuerpo eclesial, a la vivencia del talante evangélico en cada cristiano y al testimonio sacramental ante el mundo, en los términos en que lo estamos refiriendo: “Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común”. [13]
Esta reflexión nos lleva a pensar con hondo afecto y reconocimiento en tantos hombres y mujeres que dedican lo mejor de sí mismos al servicio del Evangelio y a la construcción de sus Iglesias particulares: laicos, legión de catequistas, servidores de la Palabra, agentes de pastoral, formadores de niños y jóvenes, responsables de la administración de los bienes materiales de la Iglesia, promotores de pobres y excluidos, religiosas de innumerables y ricos carismas, diáconos, sacerdotes y obispos, inspirados en el talante servicial del Señor Jesús, que hacen de la Iglesia una experiencia apasionante.[14]
Con estas referencias queremos contribuir a una vivencia sólidamente formada de la fe en Jesucristo, siempre dando el paso de la inercia propia de la religiosidad sociocultural a una experiencia en la que la persona que opta por ella es transformada por el Espíritu, accediendo así a la nueva humanidad de Jesús, con todo lo que esto tiene de disposición para compartir a muchos esta vitalidad teologal: “Yo les doy la vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”.[15]
Es una pena grande que las interpretaciones reduccionistas de nuestra fe hagan de la práctica cristiana un simple cumplimiento de rituales religiosos desconectados de sus implicaciones existenciales, resultado de una evangelización deficiente, más preocupada por la administración de sacramentos que por una genuina educación en el humanismo y en la espiritualidad que procede de la fe.[16]
Vistas así las cosas, el evangelio de Juan,[17] que nos acompaña durante estos domingos del tiempo de Pascua, es un potente recurso para esclarecer la cuestión de la religiosidad reducida a los límites de lo ritual y para posibilitar una espiritualidad liberadora que supere esa condición y se traduzca en un ser humano integral, de plena consistencia teologal y antropológica, en el Señor Jesús.
Tema central es el del pastor modelo que da la vida por las ovejas: “Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas”.[18] Dar la vida significa desgastarse por los demás, amando y sirviendo según el estilo de Jesús. El asunto de la vida eterna debe empezar a suceder en esta vida, haciendo de la projimidad el elemento central de nuestros proyectos existenciales. Tal es la clave del pastoreo en las comunidades cristianas, que no es tarea exclusiva de obispos y sacerdotes, sino de una Iglesia que se entiende toda ella en clave ministerial.
Siguiendo el espíritu de Jesús queremos hacer un llamado de atención ante la exaltación desmedida que muchos laicos hacen de los clérigos, culto a la personalidad, tan nocivo para la pureza evangélica de la Iglesia, que a menudo ha derivado en los penosos escándalos de pederastia, horrenda mezcla de pretensiones de poder y de sexualidad desintegrada.[19] Quien está plenamente dotado de la vida de Dios –como Jesús– necesariamente se remite a participarla a muchos, comprometido al máximo con las ovejas que le son confiadas.
Los laicos también tienen vocación de pastoreo, ellos no son súbditos de los sacerdotes sino cristianos adultos llamados a servir a la humanidad desde sus estilos específicos de vida:[20] el matrimonio, el ejercicio profesional y laboral, la construcción de ciudadanía, la configuración de la sociedad en justicia y equidad, la generación de cultura, educación, institucionalidad, ordenamiento jurídico, ciencia y tecnología con raigambre humanista.
Jesús nunca se creyó más que nadie, se dispuso al servicio de todos, como consecuencia de su intimidad con Dios. Esto mismo es lo que tiene que acontecer en nosotros: las ovejas somos alimentadas por el pastor, la única razón de su quehacer somos las ovejas: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”.[21] Estas palabras de Jesús son dirigidas a unos judíos que lo acosaban con preguntas capciosas para tener de qué acusarle.
Para nosotros queda claro que “ser oveja” implica acercarse a él sin prejuicios, acercarse a la vida real, principalmente a la vida dura que aqueja a tantísimos seres humanos, y descubrir en ella el clamor de Dios que invita a recibir una vida que dignifica y que libera. Esa escucha exige modificar posturas adquiridas, consideradas inmodificables, renuncia a intereses y comodidades, y total apertura para la solidaridad y el servicio.
Jesús, viviendo para los demás, está identificándose con el ser de Dios. Así manifiesta la verdadera Vida, que es la misma de Dios, Esa Vida es la que él nos comunica. Dios se la está comunicando, con la feliz consecuencia de que en ella misma está contenida la comunicación de la misma a nosotros. Así, Jesús es revelación de Dios y modelo del ser humano nuevo, sacramento del Padre y sacramento de la nueva humanidad.
Los pastores de la Iglesia están llamados a indicar testimonialmente en qué consiste esto de desvivirse por las ovejas del rebaño, acreditarse con su conducta evangélica, dispuestos siempre para recibir a todos, santos y pecadores, sin establecer límites para la atención que exige el ministerio.[22] En la Iglesia todos somos importantes dentro de esa rica diversidad de carismas del Espíritu.
 
[1] IVEREIGH, Austen. El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Ediciones B Colombia. Bogotá, 2015; Wounded Sheperd: Pope Francis and his struggle to convert the Catholic Church. Henry Holt. New York, 2019.  FRANCO, Massimo. El Vaticano según Francisco. Aguilar. Madrid, 2015. CASTRO, Jorge. La visión estratégica del papa Francisco. Distal. Buenos Aires, 2015. VALENTE, Gianni. Francisco, un papa del fin del mundo. Marova. Madrid, 2013.
[2] MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo: vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2007. DUCQUOC, Christian. Jesús, hombre libre: esbozo de una cristología. Sígueme. Salamanca, 1980. MACHOVEC, Milan. Jesús para ateos. Sígueme. Salamanca, 1976. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. HORSELY, R.A. Jesús y el imperio: el Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003.
[3] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio, número 27. Tipografía Vaticana. Roma, 2013. NAVARRO, Jesús Arturo. El papado de Francisco desde la esperanza discreta. En https://www.redalyc.org/pdf/325/32530725008.pdf
[4] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana. Roma, 2015.
[5] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Fraternidad y la Amistad Social. Tipografía Vaticana. Roma, 2020.
[6] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Amoris Laetitia sobre el Amor en la Familia. Tipografía. Vaticana. Roma, 2016.
[7] CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Edición Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi El Anuncio del Evangelio Hoy. Tipografía Vaticana. Roma, 1975. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte Al comienzo del año 2000. Tipografía Vaticana. Roma, 2000.
[8] Agosto-Septiembre de 1968.
[9] Enero-Febrero 1979
[10] Octubre 1992.
[11] Mayo 2007.
[12] CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano: Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida. Paulinas & San Pablo. Bogotá, 2014.
[13] 1 Corintios 12: 5-7
[14] ZIZIOULAS, Joannis D. El ser eclesial: persona, comunión, Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2003. PIÉ-NINOT, Salvador. Eclesiología: la sacramentalidad de la comunión cristiana. Sígueme. Salamanca, 2006. TILLARD, Jean Marie. Carne de la Iglesia, Carne de Cristo: en las fuentes de la eclesiología de comunión. Sígueme. Salamanca, 1994. CONGAR, Yves. Por una Iglesia servidora y pobre. San Esteban. Salamanca, 2014; Ministerios y comunión eclesial. Fax. Madrid, 1973; Autoridad y libertad en la Iglesia. Desclée de Brower. Bilbao, 1978; Jalones para una teología del laicado. Estela. Barcelona, 1969. LUBAC, Henri de. Meditación sobre la Iglesia. Encuentro. Madrid, 2008.
[15] Juan 10: 28.
[16] VELA, Jesús Andrés. Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana – Facultad de Teología. Bogotá, 2014; Evangelizar de nuevo: el kerigma cristiano en un mundo roto. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2010; Reiniciación cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986. MORAL, José Luis. Jóvenes sin fe? Manual de primeros auxilios para reconstruír con los jóvenes la fe y la religión. PPC. Madrid, 2007. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Fin del cristianismo premoderno. Sal Terrae. Santander, 1993. FOSSION, André. Volver a empezar: veinte caminos para volver a la fe. Sal Terrae. Santander, 2005.
[17] CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio de Juan. Desclée de Brower. Bilbao, 2013. BROWN, Raymond E. El evangelio y las cartas de Juan. Desclée de Brower. Bilbao, 2010. CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Juan. Verbo Divino. Estella, 2010. GUILLET, Jacques. Jesucristo en el evangelio de Juan. Verbo Divino. Estella, 2006.
[18] Juan 10: 14-15
[19] CUCCI, Giovanni; ZOLLNER, Hans; DÍEZ ARAGÓN, Ramón Alfonso. Iglesia y pedofilia: una herida abierta. Sal Terrae. Santander, 2011. SCICLUNA, Charles; ZOLLNER, Hans; AYOTTE, David. Abuso sexual contra menores en la Iglesia: hacia la curación y la renovación. Sal Terrae. Santander, 2012. GUARINELLI; Stefano. El sacerdote inmaduro: un itinerario espiritual. Sígueme. Salamanca, 2016.
[20] PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Christifideles Laici sobre la Vocación y Misión de los Laicos en el Mundo y en la Iglesia.  Tipografía Vaticana. Roma, 1988. CONCILIO VATICANO II. Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el Apostolado de los Laicos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. ESTRADA, Juan Antonio. La espiritualidad de los laicos. San Pablo. Madrid, 1991. GARCÍA DE ANDOIN, Carlos. Laicos cristianos, Iglesia en el mundo. HOAC. Madrid, 2004. BOROBIO, Dionisio. Misión y ministerios laicales. Sígueme. Salamanca, 2001.
[21] Juan 10: 27
[22] GONZÁLEZ DORADO. Antonio. Sacerdotes dignos de crédito. Sígueme. Salamanca, 1990. MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO. La voz de los sin voz: la palabra viva de Monseñor Romero. Selección de textos. UCA Editores. San Salvador, 2014. FARES, Diego. El olor del pastor: el ministerio pastoral en la visión del Papa Francisco. Sal Terrae. Santander, 2018.

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