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«No temas, basta que tengas fe»

El mensaje del domingo

XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B – Junio 30 de 2024

Sabiduría 1:13-15; 2:23-24; 2 Corintios 8:7, 9, 13-15; Marcos 5, 21-24.35b-43

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo en barca el lago de Genesaret hasta la otra orilla, se reunió mucha gente a su alrededor y Él se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente […]. Y llegaron de la casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de Él. Pero Él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la tomó de la mano y le dijo: “Talitá kumi” (que significa “Contigo hablo, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía como doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase, y les dijo que le dieran de comer (Marcos 5, 21-24 y 35b-43).

El mensaje central de este relato es la invitación a creer en la acción resucitadora de Dios, a la cual se refieren también la primera lectura (Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24) y el Salmo 30. Quienes creemos en Él somos invitados a compartir esta misma fe, y al compartirla, a disponernos para compartir con las personas necesitadas lo que tenemos, como nos lo dice el apóstol san Pablo en la segunda lectura (2 Corintios 8, 7. 9. 13-15).

 

1.  No temas, basta que tengas fe.

La sinagoga era en aquel tiempo y sigue siendo hoy el lugar destinado en la religión judía a las reuniones de la comunidad, para escuchar las sagradas escrituras, orar e instruirse acerca de las prescripciones morales y rituales de la Ley de Dios promulgada a través de Moisés.

Ante la noticia que le dan sus familiares al jefe de la Sinagoga de Cafarnaum -el puerto pesquero de Galilea donde Jesús inició su vida pública y su predicación-, diciéndole que ya su hija ha muerto, Jesús lo invita a no desanimarse. Su nombre, Jairo, significa en hebreo “el iluminado”, y en griego “el que se alegra”. Y las palabras que le dirige Jesús “no temas, basta que tengas fe”, son también para cada uno y cada una de nosotros, especialmente en las situaciones difíciles que nos toca afrontar.

 

2. Jesús dice “La niña no está muerta, está dormida”. La toma de la mano y le dice: “Levántate”

Los milagros de resucitación obrados por Jesús (éste de la hija de Jairo, el del hijo de la viuda de Naím y el de Lázaro en Betania) -como también los que habían realizado los profetas Elías y Eliseo -narrados respectivamente en el primero y el segundo libro de los Reyes, del Antiguo Testamento-, y los que cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que realizaron san Pedro y san Pablo-, difieren del misterio de la resurrección gloriosa en la eternidad. La vida terrenal de esas personas, después de haber sido revividas, iba a terminar algún día. Sin embargo, todos podemos tener la esperanza en una vida eterna después de nuestra existencia en este mundo, y éste es precisamente el núcleo del mensaje pascual de la resurrección de Cristo, prenda de nuestra resurrección futura.

Jesús dice que la niña está dormida. En el Evangelio -el de Juan-, antes de resucitar a Lázaro, les dirá a sus discípulos “Lázaro se ha dormido, voy a despertarlo” (Juan 11, 11). Nuestra liturgia emplea la metáfora del sueño cuando, al rezar por los difuntos en la Eucaristía, decimos: “Acuérdate también Señor de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección”. Y pedimos por ellos al Dios que “creó al ser humano para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”, como dice el libro de la Sabiduría en la primera lectura de hoy. Y Con la resucitación de la hija de Jairo, el Evangelio nos invita a reconocer el poder creador y renovador del Espíritu de Dios, que se manifiesta presente en Jesús. Animados por la fe en este poder vivificador de Dios, podemos decir, a pesar de nuestras experiencias dolorosas, la frase del Salmo que invita a la esperanza en una nueva vida: Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío.

 

3.  Vida después de la vida

Los relatos bíblicos de resucitación nos presentan hechos que podrían ser asimilados a los que presentan las narraciones contemporáneas de personas que han vuelto a la vida y dicen que Dios les ha dado “una segunda oportunidad”, después de haber sido declaradas muertas. Tales relatos, como los de un famoso libro que recopila hechos de esta índole bajo el título Vida después de la vida, tienen en común la experiencia de una especie de túnel, y de la visión de una luz al final de él que atrae a quienes están dejando la vida material. De todos modos, tanto la vuelta a esta vida terrena como el paso definitivo a la eternidad, siguen siendo misterios que sólo podemos comprender a la luz de la fe.

 

Conclusión

No temas, basta que tengas fe”. Dejemos que esta frase del Señor de la vida se convierta en un aliento de esperanza en medio del dolor que nos produce la separación de nuestros seres queridos que parten de este mundo. Y pidámosle constantemente, invocando la intercesión de María santísima, que fortalezca en nosotros la fe en el paso -o sea la “pascua”-, después de esta vida material, a una vida nueva en la eternidad para participar plenamente de la gloria de Jesucristo resucitado

Preguntas para la reflexión
  1. ¿Qué mociones espirituales suscita en mí la lectura de este pasaje del Evangelio?
  2. ¿Qué siento que significa pata mí creer en la “resurrección de la carne y la vida eterna?
  3. ¿En qué situaciones de mi vida siento que necesito renovar mi fe en el poder de Dios?
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