Desde su sorpresiva elección en marzo de 2013, el papa Francisco no sólo se convirtió en el primer Papa jesuita en los casi 500 años de la Compañía de Jesús. Jorge Mario Bergoglio, con sus gestos y su magisterio, puede considerarse ahora como aquel que ha dado un impulso definitivo para la consolidación del Concilio Vaticano II convocado por San Juan XXIII el 25 de enero de 1959. Si el Concilio marcó un antes y un después en la manera en que la Iglesia se ha auto comprendido de cara al mundo, Francisco marcó un antes y un después en el modo de ser Papa, en la relación de este con toda la Iglesia y en la manera de actualizar el Evangelio y la doctrina eclesial tanto para los cristianos como para todo el mundo. Su estilo cercano, su lenguaje directo y su insistencia en temas como la misericordia, la justicia social y el cuidado de la creación lo convirtieron en una figura muy influyente no sólo para los católicos, sino también para personas de otras religiones y creencias.
Sin mencionar sus innumerables gestos, los siguientes datos pueden darnos una idea de la magnitud de su Magisterio: 4 encíclicas (Lumen Fidei (2013), Laudato Si’ (2015), Fratelli Tutti (2020), Dilexit Nos (2024)), 7 Exhortaciones Apostólicas (Evangelii Gaudium (2013), Amoris Laetitia (2016), Gaudete et Exsultate (2018), Christus Vivit (2019), Querida Amazonia (2020), Laudate Deum (2023), C’est la Confiance (2023)), 99 Cartas Apostólicas, 75 Motu Proprio y 39 Constituciones Apostólicas (documentos sobre reformas o cuestiones particulares), 2 Bulas, 545 Homilías, 2,393 Discursos, 26 oraciones-mensaje Urbi et Orbi y los siguientes libros: El Hombre de Dios es Misericordia (2016), De los Pobres al Papa, del Papa al Mundo (2022), Vida: Mi Historia a Través de la Historia (2024) y Esperanza: La Autobiografía (2025). Ahora bien, ciñéndome a la misión encomendada, intentaré dar un bosquejo de lo que ha sido el legado del Papa Francisco expresado a través de los escritos que podemos considerar más relevantes, comenzando por las encíclicas; el tipo de documento pontificio de mayor densidad magisterial, importancia y alcance.
1. Lumen Fidei (2013) – La Luz de la Fe. Aunque fue iniciada por el papa Benedicto XVI, Francisco la completó y publicó como su primera encíclica. Allí se presentan las diferentes dimensiones e implicaciones de la fe; luz que guía la vida del creyente en un mundo marcado por la secularización y una visión inmanente de la vida.
2. Laudato Si’ (2015) – Alabado seas. Inspirado en la alabanza de san Francisco de Asís a Dios a través de su creación, este documento es ya considerado uno de los más influyentes del siglo XXI, pues allí, por primera vez y con maestría, un Pontífice se refería a la crisis ecológica que en un sentido integral es también social y humana. Exhortando por un lado al cuidado de “nuestra Casa común” y a una «conversión ecológica», Francisco denunció por otro lado el consumismo desmedido y la cultura del descarte. Basado en el Evangelio y en la ciencia, este documento ha logrado inspirar o dar fuerza a movimientos ambientalistas dentro y fuera de la Iglesia. Con la exhortación Laudate Deum (2023), Francisco respondió a las críticas injustificadas contra Laudato Si’ y reforzó su mensaje.
3. Fratelli Tutti (2020) – Hermanos todos. Inspirada en el histórico Documento sobre la Fraternidad Humana que Francisco firmó en Abu Dabi con el gran Imán de Al-Azar, y la Amistad Social, esta encíclica llevó el mensaje de la fraternidad del más importante encuentro interreligioso de la Iglesia con el Islam al plano mundial justo en medio de la pandemia del COVID-19, del aislamiento y del acaparamiento de recursos y vacunas. Allí, criticando el individualismo, el populismo y las desigualdades económicas, Francisco propuso un mundo más justo y de puertas abiertas para los que huyen de la guerra, el hambre y la falta de oportunidades. La cultura del encuentro y la amistad social fueron allí sus principales apuestas.
4. Dilexit Nos (2024) – Nos amó. Inspirado por el Sagrado Corazón de Jesús, Francisco abordó aquí el amor de Dios, cómo este fundamenta tanto la existencia humana como la misión de la Iglesia y cómo este amor divino debe traducirse en misericordia concreta, justicia social y unidad fraterna. Su Magisterio social quedó así bella y más explícitamente articulado con su profunda espiritualidad y toque ignaciano.
En cuanto a las Exhortaciones, Evangelii Gaudium (2013) constituyó sin duda el documento programático que definió las líneas pastorales de su pontificado. Allí Francisco insistió en la necesidad de una Iglesia “en salida”, misionera y cercana a los pobres en claro contraste con la economía reinante de muerte y exclusión. La evangelización debería ser así siempre nueva y cada vez más encarnada, atendiendo a los problemas sociales y la sed de Dios en todos.
Amoris Laetitia (2016) fue por su parte un texto clave para la pastoral familiar. En efecto, sin cambiar la moral tradicional de la Iglesia, Francisco abordó allí casos de personas en situaciones irregulares, como el los divorciados vueltos a casar. Su invitación fue a un discernimiento constante y particular, así como a un acompañamiento misericordioso de la Iglesia, la cual es más “tienda de campaña para pecadores que museo de santos”. En línea con esto y el jubileo extraordinario de la misericordia que convocó para ese año, Francisco simplificó los trámites para las declaraciones de nulidad matrimonial con el Motu Propio Mitis Iudex Dominus Iesus (2015) y habilitó a los sacerdotes para absolver el pecado del aborto con la Carta Apostólica Misericordia et Misera (2016).
Finalmente, podríamos mencionar Gaudete et Exsultate (2018) donde Francisco llamó a la santidad “de la puerta de al lado”, destacando no sólo a los grandes santos, sino la que podemos encontrar a nuestro alrededor en la cotidianidad y alegría en Dios, sin rigideces moralistas, y practicada en las obras de misericordia.
Como hemos podido ver sumariamente, el magisterio del papa Francisco se caracterizó por su énfasis en la misericordia, la justicia social y la apertura a un mundo en crisis y personas excluidas. Sus documentos hablaron así no sólo a los católicos, sino que interpelaron y seguirán interpelando a la humanidad entera sobre temas urgentes: la ecología, la desigualdad, la indiferencia y la necesidad de una fe encarnada en la realidad. En un mundo cada vez más polarizado, el papa León XIV nos ha dado ya signos y palabras de continuidad con este gran legado del papa Francisco de diálogo y trabajo por la paz… muy en consonancia con la misión propia de todo pontífice: crear puentes. Con profunda gratitud despedimos a Francisco y con gran esperanza recibimos ahora a León XIV y seguimos disponibles para el servicio de la Iglesia, del mundo y en definitiva de la fuente que debe inspirar todo Magisterio y toda acción de un buen cristiano: el Evangelio de Jesús.