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Buscando caminos para construir el perdón y la reconciliación

Pensando en Voz Alta

Pensando en voz alta | 11 de septiembre de 2022

Por: Enrique A. Gutiérrez T., SJ

Muchas veces hemos escuchado el pasaje de este domingo. Es muy conocido por todos. Escena bastante familiar, llamada por algunos el hijo pródigo, por otros, la parábola del padre misericordioso. Creo que ambos títulos nos ofrecen elementos de análisis y reflexión para los momentos que vivimos en nuestra patria, tanto por los problemas que nos aquejan, como por el hecho de estar culminando la Semana por la Paz a nivel nacional.

En diversos momentos de la vida hemos interiorizado este pasaje en términos de la vida familiar, es algo perfectamente válido y podríamos decir que es la primera lectura que se puede hacer. Es una invitación a la reconstrucción de la unidad familiar desde la aceptación de la propia falta, aceptando la responsabilidad de lo que se ha hecho o dejado de hacer. No me voy a detener en este aspecto en la reflexión de hoy.

Por otro lado, podemos pensar en situaciones en las cuales podemos encontrarnos con frecuencia, especialmente cuando hemos sido nosotros los que hemos causado daño a otras personas, cuando esperamos ser perdonados porque hemos obrado mal, hemos hecho lo que no debíamos. Es una situación incómoda, nos cuesta reconocer nuestra falla. Esperamos comprensión. Es otra lectura que podemos hacer. Nos sirve de enseñanza.

He pensado que si aplicamos las lecciones que nos deja este texto, podemos cambiar el horizonte de nuestras relaciones, la calidad de vida de los colombianos mejorará y seremos más hermanos y más fraternales. En la medida en que tengamos un corazón dispuesto a perdonar, no importa cuán grandes o graves hayan sido las faltas, siguiendo el ejemplo del padre misericordioso, podremos estar caminando en la línea de una nueva actitud de tolerancia. Esto tiene como base fundamental la aceptación de la culpa y la responsabilidad inherente por parte de quienes han causado daño, asumiendo el que debe tener una sanción que en términos legales llamamos sanción o pena.

Considero que la reconciliación es el resultado de la capacidad de perdonar unida al reconocimiento de la culpa, donde unos y otros queremos positivamente reconstruir el tejido social de nuestro entorno en aras de encontrar y asumir la paz que tanto deseamos y que se nos hace tan esquiva. Me parece que ese es el sentido espiritual que debe tener la ley de verdad, justicia y reparación que queremos aplicar en los actuales momentos que vive la patria. No es solo un asunto legal, es algo que pertenece al campo de las actitudes de vida, que hacen posible una nueva manera de ser, una nueva forma de relacionarnos y un nuevo estilo de transformar los conflictos, al estilo de la parábola que nos ocupa. Es la manera como este texto se hace vida en la realidad cotidiana, buscando caminos para construir el perdón y la reconciliación, como respuesta a la violencia que hemos vivido por décadas. Intentémoslo.

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