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Coincidencias es providencia

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

El título de mi columna no es de mi propiedad. Es una expresión que le oí hace varios años a un compañero jesuita a propósito de situaciones que en la vida llamamos coincidencia, porque se dan como por arte de magia, se juntan por razones que no se explica, pero que a la luz de la fe, desde la óptica de la acción de Dios en nuestra vida, podemos llamar providencia, porque descubrimos a un Dios que ama, que camina con nosotros, que nos cuida y protege. Veamos.

31 de diciembre. Final del año 2023 y comienzo del año 2024. Es la oportunidad que tenemos para hacer un balance del camino recorrido, los logros alcanzados, los sueños y planes hechos realidad. Al mismo tiempo, es la ocasión para analizar aspectos que estamos llamados a mejorar en nuestra vida, en nuestro trabajo, en la misión que cada uno de nosotros tiene. Los invito a asumir un compromiso, solo uno, para el año que viene, para que lo cumplamos. Que sea algo realizable. Pongamos este Nuevo Año en las manos del Señor.

La segunda, la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia, el hogar de Jesús, María y José, el hogar de Nazaret. Se nos presenta una familia sencilla, sin grandes pretensiones, con una profunda convicción en su vida, para descubrir la voluntad de Dios sobre cada uno y ponerla por obra. Se vuelve así en modelo y ejemplo de toda familia, porque los valores fundamentales, reinan en aquel humilde hogar. La familia los vive desde su sencillez con un profundo sentido de testimonio, sin pretender ser más de lo que son, pero tampoco sin ser menos de lo que deben ser. Hay un padre, José, cabeza de familia, trabajador, honesto y “hombre justo y bueno”, como lo describe el mismo evangelio. Una madre, María, corazón del hogar, vínculo de unión y formadora de su hijo, siendo en verdad madre y maestra de aquel niño. Un hijo, Jesús, el Dios hecho hombre, un niño como cualquier otro, que ha de ser el salvador del mundo, que ha querido compartir en todo nuestra condición humana, menos el pecado y que vive su infancia y adolescencia como cualquiera de los niños y jóvenes de su época. Es la segunda coincidencia.

¿Dónde se juntan las dos? En que somos cada uno de nosotros los que las podemos unir e interpretar. La fiesta del fin de año nos invita a preguntarnos en qué medida hemos ayudado a cuidar a nuestros niños en estas épocas en que su vida puede estar amenazada de muy diversas maneras, entre ellas, la pólvora. Debemos reaccionar y decir un no rotundo a la pólvora,  pensando en todo lo que podemos y debemos hacer como miembros de familia, para tener mejores familias, más unidas, cimentadas en los valores fundamentales del amor y la comprensión. Al mismo tiempo, la época final del año nos permite hacer un balance de lo que ha sido el año que está a punto de terminar, reconociendo las fortalezas y falencias, lo mismo que trazando planes para el nuevo año 2024. Por eso, coincidencia es providencia.

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