“¿Por qué te pones a mirar
la pelusa que tiene tu hermano en el ojo,
y no te fijas en el tronco que tienes en el tuyo?
Lucas 6, 41
Colombia volvió a votar y, como suele suceder, quedamos otra vez divididos en dos grandes grupos. Ellos y nosotros. Los que están equivocados y los que tenemos la razón. Los que están ciegos por el radicalismo y los que vemos claro el futuro. Oí alguna vez que un jesuita decía: «Hay dos formas de hacer las cosas… como las hago yo y la forma equivocada». Las redes se llenan de análisis polarizantes, de descalificaciones mutuas, de insultos y de dedos acusadores que señalan la pelusa en el ojo ajeno, ampliada con lupa, y dejan de lado el tronco que todos tenemos en el propio ojo. Pero el mensaje de Jesús nos detiene en seco: «¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la pelusa que tiene tu hermano en el suyo» (Lucas 6, 42). Es la pedagogía de Jesús. Y la más necesaria en este momento de nuestro camino como ciudadanos de un país que suele elevar el tono de sus discusiones y enfrentamientos en tiempos electorales. Necesitamos señalar lo que los demás tienen de equivocados, pero sin perder de vista los propios errores, vacíos y equivocaciones.
El resultado electoral no es solo un veredicto sobre ellos y nosotros. Es un espejo para todos. Son muchas preguntas que nos asaltan a todos: ¿Cuál es la viga que me impide ver la pelusa que tiene el otro en su ojo? ¿Será la soberbia de creer que tengo toda la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad? ¿La verdad es tan absoluta como yo lo pienso? ¿Por qué siento miedo de encontrarme con el que piensa, siente o actúa diferente? ¿Será el resentimiento el que me hace hablar solo con los míos? Por eso, después del conteo de votos viene la tarea de seguir caminando. Ellos y nosotros debemos seguir compartiendo el mismo suelo, el mismo aire, el mismo cielo, los mismos territorios, las mismas aulas, los mismos andenes, las mismas calles y caminos. No hay más. Es nuestra oportunidad y nuestra condena. Viene el tiempo del silencio para mirar adentro. Solo desde ahí podremos pasar de la confrontación a la conciliación. De la trinchera al diálogo. De la queja a la construcción. No hablemos con amenazas, con violencia, con un lenguaje armado y grosero. Mantengamos la calma, la paz, la armonía, la serenidad, el aplomo, la quietud, el sosiego, la confianza.
Como miembros del Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús en Colombia, jesuitas y laicos/as, como ciudadanos de Colombia, estamos llamados a ser «artesanos de esperanza» en tiempos de tensión. No con ingenuidad, sino con humildad. No con discursos vacíos, sino con gestos fraternos y amistosos que pueden hacer la diferencia en las próximas semanas.
¿Cómo avanzar después de la primera vuelta electoral?
Les propongo cinco tareas para seguir caminando como país en este momento de efervescencia y calor, recordando a José Acevedo y Gómez un 20 de julio de 1810:
Si el mensaje es diálogo, el mensajero no puede bloquear al diferente. Colombia no se acaba en un resultado electoral. Colombia se construye cada día que decidimos seguir caminando. Sin descanso, sin desanimarnos. Sin rendirnos. Dios no se rinde. Sigamos caminando.
Hermann Rodríguez Osorio, SJ
Provincial
Bogotá, 2 de junio de 2026