Durante los últimos años, la Región Bogotá–Soacha de la Compañía de Jesús ha venido consolidando un camino de articulación y colaboración entre las diferentes obras apostólicas presentes en el territorio. Inspirados por las Preferencias Apostólicas Universales y por el Plan Apostólico de la Provincia Colombiana, hemos buscado responder a los desafíos de nuestro tiempo desde una convicción sencilla y profunda: la misión se fortalece cuando la vivimos juntos.
El año 2023 marcó el inicio de una nueva etapa. La región transitó hacia una forma de trabajo basada en mesas regionales integradas por representantes de las diversas obras, favoreciendo una lectura compartida de la realidad, el discernimiento conjunto y la construcción de procesos comunes. Nacieron así espacios de articulación en torno al cuerpo apostólico, la espiritualidad encarnada y apostólica, la reconciliación y la justicia, y la ecología integral.
Desde entonces, hemos venido tejiendo una red de vínculos entre obras educativas, parroquias, centros sociales, comunidades y espacios pastorales, convencidos de que el encuentro es un camino privilegiado para fortalecer nuestra identidad y nuestra misión compartida.
Una región que aprende a reconocerse
En 2024, la apuesta por la reconciliación y la justicia encontró una expresión concreta en el itinerario regional ReconoSiendo, una estrategia pedagógica de lectura crítica del pasado reciente que permitió desarrollar encuentros regionales y locales con la participación de estudiantes, jóvenes, maestros, comunidades y acompañantes pastorales. Este proceso fortaleció la construcción de paz, el diálogo intergeneracional y el compromiso ciudadano.
Así mismo, surgieron nuevas experiencias de colaboración, como la misión regional de Semana Santa en Pacho, Cundinamarca, que reunió a jóvenes de los colegios de ACODESI presentes en la región, haciendo visible una Iglesia que sale al encuentro y comparte la alegría del Evangelio.

Cuidar la casa común y transformar la realidad
En 2025, el itinerario regional puso el acento en la conversión ecológica como camino de transformación social. A través de procesos de formación, trabajo en huertas escolares y urbanas, jornadas de siembra, prácticas de reciclaje y espacios de reflexión comunitaria, se fortaleció la conciencia de que la paz y el cuidado de la creación forman parte de una misma misión. La Ecología Integral dejó de ser una temática aislada para convertirse en una forma de mirar la realidad y de fortalecer los vínculos entre las personas, los territorios y la creación.
Las juventudes, protagonistas del presente y del futuro
El Año de las Juventudes, vivido durante este año 2026, ha permitido profundizar en una convicción que atraviesa todo el proceso regional: los niños, adolescentes y jóvenes no son únicamente destinatarios de nuestra misión, sino protagonistas de ella.
La preparación del Foro Nacional de Juventudes Ignacianas, la experiencia de Claveriada, el fortalecimiento de la línea de egresados, los espacios de discernimiento y acompañamiento vocacional, así como la creación de comunidades juveniles regionales, expresan el deseo de seguir construyendo un futuro esperanzador junto a las nuevas generaciones.

Una red apostólica que se fortalece
Más allá de las actividades y los encuentros, estos años han permitido consolidar una cultura de colaboración. Hemos aprendido a conocernos mejor, a planear juntos y a descubrir que la diversidad de nuestras obras es una riqueza puesta al servicio de una misma misión. El Boletín Regional, los encuentros periódicos, las mesas de trabajo y los itinerarios compartidos han contribuido a fortalecer el sentido de pertenencia y a mantener viva la memoria de las experiencias comunes.
Hoy, la Región Bogotá–Soacha continúa avanzando con la certeza de que el Espíritu sigue actuando en medio de nosotros. Queremos seguir siendo una red apostólica que, desde la espiritualidad ignaciana, camina con las juventudes, trabaja por la reconciliación y la justicia, promueve el cuidado de la casa común y fortalece la colaboración entre las obras, para responder juntos a los desafíos de nuestro tiempo.
La regionalización no es únicamente una estructura organizativa: es una forma de vivir la misión como cuerpo apostólico, de reconocernos compañeros y compañeras en el Señor y de seguir construyendo, juntos, caminos de esperanza.
