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¿Cuántas veces estás dispuesto a perdonar?

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Septiembre 14, 2017

«Con frecuencia usamos expresiones como “otra vez vuelves a lo mismo”, “eres incapaz de mejorar”, cuando queremos referirnos al comportamiento de las personas que caen una y otra vez en las mismas fallas, en los mismos errores y se están disculpando continuamente.

A todos nos ha sucedido. Sin embargo, pienso que las reacciones son diferentes y, por lo tanto, las actitudes de respuesta cambian. Profundicemos un poco más. Un padre o una madre de familia, ante la situación de un hijo adolescente que es rebelde, que no es responsable en sus estudios, que con mucha frecuencia presenta problemas de comportamiento tanto en el colegio, como fuera del mismo, ¿qué podrán hacer, qué medios emplear para corregir a ese joven? ¿Cómo hablarle para que cambie, cómo hacerle entender que el primer y único perjudicado es él mismo? Fácilmente a estos padres se les acaba la paciencia y pueden tomar medidas enérgicas para hacer entrar en cintura a ese hijo.

Otra situación podría ser la del esposo o la esposa que es irresponsable en el cumplimiento de sus deberes, ya sea laborales, familiares, sociales o personales. Una y otra vez presenta disculpas por los comportamientos negativos, hace mil y una promesas de que va a mejorar, no lo hace, la gente se impacienta. Posiblemente, pierda el trabajo, su pareja lo abandone, la gente le saque el cuerpo y puede llegar un momento en el cual se sienta completamente solo, aislado de la gente, sin rumbo fijo y desubicado. Un tercer cuadro podría ser el de la persona que continuamente está buscando problemas, armando peleas, complicando su propia vida y la de los demás.

Es el generador de conflictos, creador de desórdenes que pierde el control de sí mismo, se refugia en el alcohol y esto le genera más problemas a diferentes niveles. Reconoce las embarradas, se disculpa, pero como decimos “no se enmienda”. Las personas que están cerca de esta otra persona, le sacan el cuerpo, pierde amistades, nadie le cree. Un cuarto escenario, semejante al que nos presenta el Evangelio de este domingo es el de la persona que anda solicitando plata prestada y que tiene como distintivo el que nunca paga. Caso frecuente en nuestro medio. ¿Quién le va a volver a prestar, qué credibilidad puede tener? Siempre puede pensarse que se le puede dar una nueva oportunidad, pero teniendo semejante tipo de actitudes y respuestas no hay manera de confiar en esa persona.

La pregunta que hace Pedro tiene sentido ¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano si me ofende? La respuesta no se hace esperar “hasta setenta veces siete”, porque es una actitud que debe distinguir a los seguidores de Jesús, porque con la medida que midamos seremos medidos, como tratemos seremos tratados, si somos comprensivos alcanzaremos comprensión, si perdonamos nos perdonan, y este perdón debe ser de corazón. Cuán fácil es pedir comprensión, perdón, respeto, amor hacia nosotros. Qué difícil es ofrecer esas mismas actitudes a otras personas. Cómo nos cuesta tratar de colocarnos en los zapatos del otro, porque siempre queremos lo más amplio y positivo para nosotros, y no hacia los demás. No olvidemos la regla de oro “actuemos como queremos que actúen con nosotros”.

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