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Discernimiento y decisión

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Mayo 25, 2018

El momento histórico que vive nuestro país es particularmente significativo: este domingo 27 de mayo tenemos elecciones presidenciales. Posiblemente, tengamos una segunda vuelta en tres semanas, con los dos candidatos que obtengan el mayor número de votos.

La coyuntura histórica tiene características especiales: está llegando a su final un gobierno que ha estado por ocho años, con sus aciertos y desaciertos, con sus logros y sus vacíos. Además, los debates nos han permitido conocer lo que cada uno de los candidatos propone, las estrategias de campaña han buscado motivar a los electores, como nunca las redes sociales han tenido un papel preponderante.

Todo confluye en mostrarnos una contienda electoral viva y dinámica. Pero no podemos quedarnos ahí. Cada uno de nosotros, como ciudadano, tiene un derecho y un deber. El derecho a expresar su voluntad por medio del voto, para apoyar así a quien considera el candidato de sus preferencias. Al mismo tiempo, es un deber ciudadano, porque es nuestra responsabilidad y nuestro compromiso con el futuro de nuestro país, el participar, depositar el voto.

Además, como creyentes es parte de nuestro compromiso en cuanto la tarea de la construcción del bien común nos compete a todos, cada uno en su campo y de acuerdo a sus posibilidades. Por eso, hablo de discernimiento y decisión, porque son los dos elementos que deben primar en este momento. El discernimiento nos permite analizar propuestas, programas, concepciones, para comparar y confrontar. Es el primer paso para saber por quién se debe votar.

El voto no puede estar amarrado a nada ni a nadie, debe ser un ejercicio completamente libre, soberano y secreto, que debe ejercer cada persona. La conciencia ni se compra ni se vende, no está en oferta o en subasta al mejor postor. Es algo sagrado e inviolable que corresponde al ejercicio democrático de los derechos y deberes. Por eso, vale la pena que cada uno de nosotros se tome unos minutos para analizar a quién considera el mejor de los candidatos para que asuma la responsabilidad de dirigirnos en los próximos cuatro años como nuestro presidente.

El momento de la decisión llega cuando se va al sitio de votación, se procede a marcar el tarjetón y se deposita en la urna. Todo lo demás es complementario. Este ejercicio es el momento de la verdad, porque cada uno ha expresado su opinión, ha dado su voto, ha formado parte de quienes tomamos las decisiones y no ha dejado que otros decidan por él. Mi invitación a todos es a votar. Considero que abstenerse de participar por medio del voto en el proceso electoral, es renunciar a poder exigir, a manifestar su aprobación o desaprobación ante las decisiones del gobernante, porque no se ha ejercido ese derecho.

La actitud que corresponde a quien no participa es la del silencio, porque no se ha votado. Creo que en las actuales circunstancias del país es una responsabilidad sagrada la de participar, votar, por quien cada persona quiera y desee, pero debe participar. Es cierto que no se puede contentar a todos, que habrá ganadores y perdedores, porque ese es el juego de la democracia. Saber ganar y perder es también parte del ejercicio de la democracia. Sepamos hacerlo.

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