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¿Eres feliz?

Pensando en Voz Alta

Pensando en voz alta | 29 de enero de 2023

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Por: Enrique A. Gutiérrez T., SJ.

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Vivimos en el mundo de las encuestas. Todo se mide, se entregan resultados, se habla de porcentajes, se nos inculca el rating o índice de sintonía para hablar del éxito de un programa, de una canción, de un libro, de un artista, de un deportista. Hay personas para quienes lo más importante en su vida es mantener un alto índice de popularidad. Su felicidad está en eso. De lo contrario, se consideran fracasados, la vida se les acaba, todo se complica.

Imaginémonos respondiendo una encuesta de opinión con una sola pregunta: ¿quién es feliz en el mundo? Encontraríamos respuestas como: la persona que tiene mucha plata, el que vive rodeado de lujos, el que viaja cada año por el mundo, el que nada le falta, el que puede adquirir todo lo que quiere y desea… Es lo que nos entrega el ambiente en el cual vivimos, los criterios por los cuales una persona puede ser considerada feliz. Esa es la realidad, nos dejamos contagiar y establecemos los mismos criterios, a veces, sin darnos cuenta.

Qué pasaría si ese mismo encuestador nos preguntara a cada persona ¿eres feliz? Cuál sería la respuesta. Lo mediríamos en porcentajes: el tanto por ciento se considera feliz, otro tanto por ciento no lo sabe, otro tanto por cierto piensa que no es feliz. Y así sucesivamente podrían seguirse haciendo preguntas como ¿qué te hace feliz? ¿Por qué eres feliz? ¿Ayudas a otros a ser felices?

Al contrastar todo lo anterior con el pasaje del evangelio que escuchamos este domingo, la situación, por decir lo menos, aparece como contradictoria. Qué clase de felicidad es esa que propone Jesús. Llegaría uno a pensar que eso lo dice alguien que está lejos de la realidad, que vive en otro planeta. Hablar como camino de la felicidad el llorar, el ser pobre, el tener hambre y sed de justicia, el ser misericordioso, pacífico, el ser insultado y perseguido, suena a un discurso extraño e incomprensible. Es todo un compromiso de vida, es una tarea que estamos llamados a realizar como don, si en verdad queremos ser felices, así haya muchas realidades externas que nos estén diciendo todo lo contrario.

El profeta Sofonías nos lo dice en la primera lectura “busquen la justicia, busquen la humildad”. Es lo que expresa el apóstol Pablo en la segunda lectura “consideren que, entre ustedes, los llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos”.

Por qué no nos tomamos unos minutos para responder esa imaginaria encuesta colocada al comienzo de mi artículo: ¿Quién es feliz en este mundo? ¿Eres feliz? ¿Qué te hace feliz? ¿Por qué eres feliz? ¿Ayudas a otros a ser felices? Una vez que hayas respondido estas preguntas, lee el capítulo 5 de Mateo, versos 1 al 12 y pregúntate qué te está diciendo el texto con respecto a las respuestas que has dado. Muy seguramente, encontrarás cosas en las cuales debes cambiar y mejorar. Hazlo.

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