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Lo más importante en la vida

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Octubre 27, 2017

«Me pregunto cuál es la manera que tenemos las personas para determinar lo que consideramos importante en nuestra vida. Podemos pensar en ciertas situaciones que es lo urgente que debemos atender, porque de eso dependen otras cosas. Otras veces podemos estar buscando como lo más importante aquello que más nos gusta, nos interesa o nos llama la atención. Tampoco es por ahí el asunto.

Sin embargo, esa es la manera de establecer lo que consideramos más importante para la mayoría de las personas. Analizando las cosas desde el punto de vista de las lecturas de este domingo, encontramos claves acertadas, mensajes de gran trascendencia para establecer lo que es más importante en la vida, lo que da sentido, lo que debe movernos a actuar. El primer elemento lo encontramos en el pasaje evangélico que leemos.

La pregunta que le hacen a Jesús es clara “¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”. Parece una pregunta inocente, pero no lo es tanto. El doctor de la ley quería encontrar algo que le permitiera acusar a Jesús. La respuesta del maestro no se hace esperar “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos.

Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”. Alguien puede preguntarse sobre qué significa amar a Dios y amar al prójimo. Nos lo responde la primera lectura, tomada del libro del Éxodo “no hagas sufrir ni oprimas al extranjero. No explotes a las viudas ni a los huérfanos… Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse”.

Leyendo los textos anteriores me pregunto por qué no hacemos vida lo que nos dicen dichos textos. Encuentro, entre muchas, algunas respuestas como por ejemplo “no todo el mundo está llamado a vivir de una manera tan radical” o también “eso es para gente santa, de un gran corazón, no para nosotros que somos parte del común de la gente”. Buscamos respuestas que no nos inquieten en lo más profundo de nuestro corazón.

Buscamos acallar nuestra conciencia porque consideramos que eso es mejor y no estar complicándonos la vida. Más aún, el mundo en el cual vivimos, con su ritmo acelerado, con su individualismo marcado, nos hace pensar que si actuamos conforme al Evangelio somos unos desadaptados o anacrónicos. Cuando perdemos el horizonte de lo que realmente es lo importante en la vida nos encontramos ante hechos tan graves como la actual crisis, no se si llamarla recesión, económica mundial.

Perdimos el horizonte de lo importante y nos dejamos llevar de lo cómodo, del individualismo, del así llamado libre mercado y los resultados son cada vez más complejos. Estamos llamados a retomar el camino de la búsqueda del bien común como el medio para superar las situaciones complejas que nos aquejan, establecer normas, reglas y acuerdos para construir un nuevo orden socioeconómico en el mundo que nos permita ser verdaderamente solidarios y hacer del amor el motor que impulse nuestro quehacer diario.

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