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Se acerca nuestra liberación

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Diciembre 2, 2018

Inicia el Adviento y con él una nueva oportunidad para hacer realidad lo que se anuncia en el evangelio de este domingo: nuestra liberación. Enrique Gutiérrez, S.J. nos comparte su visión de este tiempo litúrgico que es, ante todo, un llamado a la esperanza en Cristo. El tiempo sigue su marcha, los días y meses van pasando.

Una vez más nos encontramos dispuestos para iniciar el recorrido de un nuevo año litúrgico con el primer domingo de adviento. Palabra difícil de pronunciar, un poco confusa en cuanto a su significado, rica en contenido para quien quiere vivir su fe siguiendo el ritmo de la liturgia. Es el caso de cada uno de quienes toma unos minutos para leer esta columna. Adviento, tiempo de cuatro semanas que nos prepara para la celebración de la navidad, recuerdo del nacimiento del Señor.

Es, al mismo tiempo, oportunidad para revisar nuestra vida y preguntarnos cómo nos estamos preparando para esa segunda venida del Señor, al final de los tiempos. No porque estemos pensando en el fin del mundo sino porque es la realidad de la vida del cristiano: prepararse para el encuentro definitivo con el Señor cuando deba dar razón de lo que ha sido su vida. Es el tiempo de la liberación, el tiempo de la gracia y la salvación.

No se trata, como lo decía en mi columna anterior, de quedarnos en la lectura literal del texto. Hay que ir más allá, descubrir el sentido de lo que se nos proclama. Es la invitación a la esperanza, a preguntarnos cómo podemos cambiar un mundo que se hace cada vez más complejo, más tecnificado y, al mismo tiempo, más injusto. Es la llamada para llegar al corazón de cada creyente para que se realice la salvación anunciada, esperada y hecha realidad en la persona de Jesús. Es el vástago anunciado en la primera lectura cuando el profeta afirma “dice el Señor, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”.

Esto se complementa con lo que dice el apóstol Pablo en la segunda lectura cuando se lee “han aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios: pues procedan así y sigan adelante”. Es el estímulo y ejemplo de quienes nos han precedido en el camino de la fe para ser auténticos testigos de esa misma fe en la vida diaria.

El evangelio nos invita a ser muy cuidadosos en nuestro modo de proceder como una manera de ser fieles a lo que debe ser nuestro compromiso cristiano, buscando “el que no se embote la mente, con el vicio, la bebida, la preocupación por el dinero y se les eche de repente aquel día… estén siempre despiertos”. Todo esto, pareciera sacado de los titulares de prensa de uno de estos días, o tomado de un noticiero de radio o televisión, o de los comentarios que hacemos a diario en nuestros encuentros con amigos y otras personas. Estar despierto, atento, es la actitud sensata.

Hoy, al iniciar el recorrido del Adviento hacia la Navidad, hagamos un compromiso con nosotros mismos para que durante estas cuatro semanas previas al 25 de diciembre sea un espacio de reflexión, de reencuentro con esos valores que aprendimos desde niños, un tiempo de revisión de nuestras actitudes y un camino de búsqueda de todo lo que podamos lograr para ser mejores personas y, al mismo tiempo, mejores cristianos.

Es el hacer realidad lo que se anuncia en el evangelio de este domingo: nuestra liberación. Anuncio que nos debe llenar de esperanza, de un profundo y sano optimismo ante un horizonte que nos podría parecer oscuro, lleno de tristezas, problemas y dificultades. Lo único que no podemos perder es la esperanza de construir tanto un mundo como un país mejores. Esa es la clave.

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