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“Sin mí nada pueden hacer”

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Abril 27, 2018

«El tiempo pasa, los problemas siguen, la desesperanza se apodera de nuestros corazones, nos sentimos desalentados y con ganas de no seguir luchando ante las dificultades que encontramos. Sin embargo, hay siempre una luz en el camino, una esperanza por pequeña que sea, algo por lo cual vale la pena luchar.

El texto del evangelio de este domingo nos recuerda que unidos a Jesús todo lo podemos lograr, lejos de Él nada podemos hacer, somos como las ramas secas de un árbol que deben ser cortadas y arrojadas al fuego. El vínculo interno de unión con Jesús garantiza el que la vida siga corriendo, que podamos dar fruto abundante. Esa es la invitación. ¿Qué respuesta vamos a dar? Tener la posibilidad de reflexionar, de tomar distancia de los acontecimientos para analizarlos, buscar caminos alternativos de solución a la problemática que nos aqueja, es una gran oportunidad que no podemos desperdiciar.

Cada uno, no importa cuál sea su profesión o trabajo, debe buscar el tiempo y el espacio para pensar, analizar y reflexionar. Es la profunda convicción que nos debe mover: entre todos podemos sacar adelante la empresa que tenemos como sueño común: una patria mejor, más humana y fraternal, una Colombia en paz. La invitación es para que rescatemos los valores espirituales, para que no seamos víctimas de un ambiente social marcado por el consumismo, lo material y lo superfluo.

El camino ha de ser por medio de los valores que son cimiento de todo lo que somos y hacemos: el perdón, la reconciliación, la tolerancia, el respeto y el diálogo. Esto se resume en uno, la fe hecha vida. Desde esta dimensión, dando sentido a nuestra vida, garantizamos una verdadera reconstrucción del tejido social deteriorado y destruido a lo largo de varias décadas. Estoy convencido de la necesidad que tenemos todos para lograr la conversión del corazón, ese cambio que garantiza el verdadero comienzo de una manera de ser colombianos, de construir entre todos con sentido de convivencia y participación, el país que todos queremos.

Este no es obra de unos pocos, no es el trabajo hecho con responsabilidad por parte de nuestros líderes y dirigentes, no es el resultado de la casualidad o el azar. Es el compromiso unido de todos, sabiendo que tenemos sacrificios por hacer, metas por alcanzar y, sobre todo, dejar a un lado el egoísmo y el individualismo que matan y destruyen. Ese es el sentido del pasaje evangélico de este domingo, es la invitación a la unidad desde la fe y el amor. Si esto se concreta en el servicio y la solidaridad, podemos estar seguros de ir por buen camino, los resultados los iremos viendo y podremos decir que el esfuerzo hecho por todos ha valido la pena. Solo así, manteniendo la unidad, podemos pensar en un futuro mejor, el que todos deseamos, el que queremos y en cual debemos comprometernos.

Se acerca el mes de mayo. Particularmente especial y significativo en esta línea: hay muchos sentimientos nobles que afloran y nos ayudan en esta tarea: día de la madre, día del maestro, mes de la Virgen. Jesús nos dice: la fe mueve montañas. Hagámoslo.

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