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Súplica por Colombia

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Pensando en voz alta | 19 de noviembre de 2020

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Llegamos al final del recorrido del año litúrgico y este se cierra con la solemnidad de Jesucristo Rey universal. Es el culmen de todo lo que hemos venido celebrando y nos abre a todo lo que tiene de novedoso el iniciar otro recorrido, un nuevo caminar, donde el paso del tiempo nos irá llevando por las diferentes celebraciones y nos ayudará a profundizar el sentido de nuestro compromiso como creyentes en la cotidianidad de nuestro trabajo, cualquiera que este sea.

Quiero invitar a mis lectores a dedicar unos minutos de nuestro tiempo a hacer una súplica por nuestra patria, Colombia, dadas las difíciles situaciones que estamos viviendo, que nos han desestabilizado y nos pueden llevar a la desesperanza en medio de lo que debemos vivir por la pandemia que nos aqueja. Así pues, esta es mi súplica: Señor, Dios Padre bueno que nos has creado por amor y que nos llamas a ser felices, a vivir en el amor, a construir comunidad con nuestros hermanos y hermanas que vivimos en este suelo llamado Colombia, lugar que nos has entregado para que lo cuidemos y cultivemos, te queremos pedir por todos y cada uno de los colombianos y colombianas que luchan por construir una patria mejor, por quienes están convencidos de que el bien común está por encima de los intereses particulares y por todos aquellos que, en medio de las dificultades, sienten que los problemas los agobian en su corazón.

Hoy, cuando las circunstancias nos impiden ver un horizonte de esperanza, necesitamos más que nunca la fortaleza que nos viene de Ti, en tu Hijo y hermano nuestro, Jesús de Nazaret, quien se hizo hombre, padeció, murió y resucitó por nosotros y nos dio el mayor ejemplo de amor como lo es el de dar la vida por aquellos a quienes se ama. Concede a los colombianos el don de tu Espíritu, para que cada uno de nosotros comprenda y viva la realidad de tu presencia en los hermanos y hermanas, especialmente en quienes sufren la marginación, la discriminación, el abandono, las consecuencias de la violencia y la exclusión. Que comprendamos que el mensaje del evangelio se resume en las obras de amor hacia esos hermanos y hermanas nuestras, como nos lo presentas en el evangelio de este domingo. Que tengamos como criterio de nuestro actuar la construcción de tu reinado entre nosotros; reinado que no es otra cosa que hacer el bien, amarnos los unos a los otros, sentir como nuestras las necesidades de los demás.

Que seamos capaces de construir familias que sean como el hogar de Nazaret por el amor que reina entre las personas que las componen, porque superan las diferencias por medio del diálogo, porque los puntos de vista diversos no separan, sino que son medio para construir unidad, donde la mesa familiar reúne a todos para compartir el pan corporal y el pan de tu palabra. Ayuda a cada uno a comprender y asumir la misión que le corresponde al interior de su familia. Que comprendamos que el encuentro contigo, a nivel personal y comunitario, en la eucaristía dominical, es algo fundamental y necesario para ser y hacer Iglesia. Que no podemos quedarnos en el encuentro personal contigo en lo más íntimo del corazón, sino que necesitamos ser y hacer comunidad con nuestros hermanos y hermanas en la fe.

Así estaremos siendo constructores del reino de verdad, de gracia, de amor, de justicia y de paz que tu Hijo anunció y que debe ser realidad en nuestra patria, Colombia.

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