fbpx

¿Tienes vocación misionera?

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T, SJ

Es una pregunta que puede desconcertar a más de uno. Sin embargo, cada uno de nosotros debe formularse dicha pregunta si quiere vivir a fondo su compromiso bautismal en la cotidianidad de la vida. Por ser bautizados todos tenemos esa vocación que hemos querido llamar misionera. Es la llamada a ser enviados, apóstoles, para anunciar la buena noticia a quienes no conocen a nuestro Salvador, Jesús de Nazareth, el Dios hecho hombre. Casi siempre hemos pensado que misionero es la persona que decide irse a una cultura extraña, que debe aprender una lengua muy diferente a la propia y vivir de acuerdo a costumbres diferentes a las suyas. Es el imaginario que hemos tenido de lo que es ser misionero.

Hoy, cuando el mundo ha cambiado tanto, cuando la tecnología y la globalización nos abruman, el anuncio del evangelio, de esa buena noticia de liberación, nos impulsa a hacer dicho anuncio en el entorno dentro del cual nos movemos y desarrollamos nuestras actividades. Todo esto por una sencilla razón, es un mundo que no conoce mucho de Dios, que no ha sido evangelizado, que el ritmo agitado en el cual nos movemos, nos impide encontrar esos espacios, o cuando los encontramos genera interferencias.

Ser misionero es ser testigo de una fe que se profesa y que se hace vida en el ambiente cotidiano. No necesitamos salir a buscar lo extraño y diferente, es una invitación para insertarnos en nuestra propia realidad, compleja, confusa, problemática y angustiante. Es reconocer que lo más importante, el mejor testimonio es la propia coherencia de vida entre lo que decimos y nuestras acciones. Ese ejemplo nos exige ser consecuentes y, al mismo tiempo, asumir nuestro compromiso de vida con seriedad y alegría.

Al mismo tiempo, es una invitación al reconocimiento de esa vocación particular que tienen las personas que asumen el compromiso misionero para hacerlo vida lejos de su patria, su cultura y su lengua. Nuestra comunidad de creyentes, llamada Iglesia, sigue necesitando ese tipo de vocaciones porque la tarea del anuncio del mensaje de salvación es muy grande, son miles de millones de personas que ansían encontrar el sentido de su vida por medio de dicho anuncio.

Ese tipo de personas necesita de nuestro apoyo espiritual, de nuestra solidaridad y de nuestra oración. Son hombres y mujeres que llevan su compromiso de vida hasta las últimas consecuencias, llegando a entregar su vida por la fe que anuncian y proclaman. Y de estos mártires hay muchos en la historia de los 20 siglos de la comunidad cristiana.

Por lo tanto, la pregunta es completamente pertinente en este domingo llamado el Día Mundial de las Misiones para que, al responderla, comprendamos que la misión forma parte de nuestro compromiso cristiano, el cual surge de la realidad de nuestro bautismo. Y podríamos completarla formulándose cada persona que lee esta columna algunas preguntas como ¿me siento realmente misionero por el hecho de ser bautizado?, ¿de qué manera puedo hacer vida en mi quehacer diario, dicho compromiso?, ¿Cómo puedo apoyar a quienes han asumido la especial vocación misionera en otras tierras diferentes a la de ellos?, ¿estoy dispuesto a asumir en serio mi compromiso y vocación como misionero, o lo considero algo accesorio en mi vida como creyente? Las respuestas nos mostrarán el camino.

Compartir en redes

Noticias destacadas

Actualidad

Pensando en Voz Alta

Feliz día del padre

Una nueva celebración nos llega este domingo. Es parte de las celebraciones que desde hace...
Pensando en Voz Alta

Diciendo y haciendo

Siempre he pensado que la realidad de la vida nos enseña que no se trata...
Pensando en Voz Alta

Signo de unidad, vínculo de caridad

Decía el adagio “los jueves grandes en el año tres son, jueves santo, de corpus...
Pensando en Voz Alta

El Dios en quien creemos

Más de una vez me han preguntado ¿tú crees en Dios? ¿Cómo puedes demostrarlo? Y...
Pensando en Voz Alta

La fiesta del Espíritu

Domingo de Pentecostés, cincuenta días después de la resurrección del Señor. La fiesta del Espíritu...
Ir al contenido