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Vivamos la semana mayor

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Nuevamente estamos comenzando el recorrido de la semana más importante del año en el calendario de los creyentes. Es la llamada Semana Mayor o Semana Santa. Es un tiempo especial en el cual se nos invita a celebrar nuestra fe, a reflexionar sobre el acontecimiento central de la misma: la pasión, muerte y resurrección del Señor. Es una semana en la cual se interrumpen las actividades ordinarias para que tengamos tiempo para dedicarlo a lo espiritual. Sin embargo, esto contrasta con lo que hacen
muchas personas: una semana dedicada a la diversión, a actividades de otro tipo. Centrarse en la Semana Mayor, o Santa, es tener la oportunidad de profundizar en los acontecimientos que se van sucediendo como en un torrente, porque se van dando muy seguido. Veamos y tratemos de encontrar el sentido de lo que se celebra cada uno de los días. El domingo, llamado de Ramos, nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén cuando es aclamado por el pueblo, lo proclaman como el que ha de salvarlos. El contraste es grande, porque si lo comparamos con lo que va a suceder en los días siguientes, descubrimos que el pueblo cambia según las conveniencias y la manera como lo orientan sus líderes. Estarán en cuatro días pidiendo la crucifixión de Jesús.

Damos un salto al Jueves Santo, comienzo del así llamado triduo pascual. Se celebra la institución de la Eucaristía y del sacerdocio junto con el mandamiento del amor fraterno con un ejemplo concreto de humildad y servicio: el lavatorio de los pies. Día grande para comprender lo que es la entrega y el sacrificio hechos vida. El Viernes Santo nos acercamos al drama del Dios hecho hombre, padece y muere en cruz. No se entienden muchas cosas, entre otras, que el inocente sea condenado a muerte, que sea humillado y maltratado, que se le coloque al mismo nivel de los ladrones, que sea tratado como malhechor sin haber cometido delito alguno. Y como dicen los autores sagrados “todo eso lo padeció por mí y por toda la humanidad”. Se pregunta uno por qué. La única respuesta es que lo hizo por la fuerza del amor que nos ha tenido. Dios muere para que el pecador viva.

El Sábado Santo es de espera y soledad en la fe. Es el único día del año en el cual no hay celebración litúrgica alguna. La oración personal, la contemplación del Señor colocado en el sepulcro es el centro de lo que acontece. Todo estalla en gozo y alegría en la noche de este sábado cuando se celebra la Solemne Vigilia Pascual con sus cuatro partes: liturgia de la luz, de la palabra, del agua y eucarística. Renovación de nuestros compromisos bautismales y proclamación de lo que significa la resurrección del Señor, es la llamada “solemnidad de las solemnidades”, centro y razón de la fe y la vida cristiana. La resurrección le da sentido y razón a todo lo vivido en los días anteriores. Cristo no muere en la cruz para quedarse sepultado. Muere para resucitar, para mostrarnos el camino que debemos seguir y así llegar a la gloria del Padre. Invito a todos a vivir la Semana Mayor como un regalo de Dios para nuestra vida cristiana.

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