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Brille su luz delante de los hombres

Espiritualidad Encarnada y Apostólica

Por: Santiago Jaramillo, SJ. 1 de julio de 2020

Santiago Jaramillo, SJ nos comparte una reflexión a propósito de La parábola de la luz (Mateo 5, 14-16). «La luz del Evangelio no puede esconderse, sino que sus discípulos la deben manifestar claramente a las demás personas con su predicación y con sus obras», asegura.

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(El seguidor de Cristo durante la pandemia, después de ella y siempre).

 

Consultadas tres traducciones, aparecen estas variantes. ¿Ayudan a comprender mejor el mensaje?

Negro. Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (Texto base)

Azul. La Biblia de estudio. Dios habla hoy.

Rojo. Comentarios bíblicos al Leccionario del Tiempo ordinario V.

 

“Ustedes son la luz del mundo {de este mundo}. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte {puesta en lo alto} {en lo alto de un cerro no puede esconderse}, tampoco se enciende una lámpara {una vela} y la ponen debajo del celemín {meterla debajo} {ponerla bajo un cajón} sino sobre el candelero {ponerla en el candelero} {se la pone en alto} para que alumbre a todos los que están en la casa {a todos los de casa}. Brille {Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille} {y que alumbre a todos los de casa} así su luz delante de los hombres {delante de la gente} {Alumbre así su luz a los hombres}, para que vean sus buenas obras {para que, viendo el bien que ustedes hacen} y glorifiquen {todos alaben} {y den gloria} a su Padre que está en los cielos” {en el cielo} {en el cielo}.

En la Sagrada Escritura la imagen de la luz sirve para ayudar a comprender algunas verdades, desde unas muy sencillas, como la que acabamos de ver, hasta decirnos que Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna (1 Jn 1,5).

El Señor se vale de un ejemplo casero —la lámpara de aceite que debe alumbrar toda la casa— para ilustrar su doctrina sobre cómo la luz del Evangelio no puede esconderse, sino que sus discípulos la deben manifestar claramente a las demás personas con su predicación y con sus obras. Tenemos que ser testigos del Evangelio.

 

Cristo es y se proclama explícitamente Luz

“Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

“Yo, la luz he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas”.  (Jn 12, 46).

Cristo es la “Luz para iluminar a las naciones.”  El cántico de Simeón proclama que Jesús tiene una misión universal como Mesías-Salvador (Lc 2,32).

“Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) con la claridad de Cristo que resplandece sobre la faz de la Iglesia…” (LG 1).

 

Los discípulos: “Ustedes son la luz del {de este} mundo” (Mt 5, 14).

Tienen como misión llevar hasta los confines de la tierra la luz portadora de salvación. Todos los discípulos del Señor deben ser pregoneros del Evangelio. No pueden esconderlo nunca. Por eso son comparados con una ciudad edificada sobre la cumbre de una montaña que no puede ocultarse a la mirada de los hombres.

Para que los discípulos puedan alumbrar es necesario que antes sean alumbrados por Cristo-Luz. Para ellos poder alumbrar es preciso que estén en contacto con “una Luz de lo alto” (Lc 1, 78). Un ejemplo tomado de una fuente alternativa de producción de energía limpia puede ayudar a comprender lo antes dicho. Las celdas fotoeléctricas (fotovoltaicas) necesitan recargarse con la luz solar para poder producir energía, calor… Cuando esas celdas han recibido poca iluminación solar, están poco cargadas, funcionan deficientemente. Cuando la persona tiene poco contacto con Cristo, está poco iluminada, “alumbra” muy poco.  Por consiguiente, el verdadero seguidor de Cristo tiene que mantenerse en continuo contacto con Cristo si quiere ser luz del mundo {de este mundo}.

Para que esta iluminación sea efectiva es indispensable que la predicación de la doctrina esté acompañada por el testimonio de vida de quien la comunica.

El mundo y la Iglesia han sido sacudidos por la COVID-19 que les ha planteado retos muy grandes, graves y concretos. La COVID-19 lo revolcó todo en todas partes. Aparecieron a plena luz asuntos que ya existían, pero estaban ocultos, se convivía con ellos. Se manifestó claramente la existencia de un orden social profundamente injusto (estructuras, injusticias, desigualdades, corrupción, riquezas acumuladas por unos pocos sin que presten el oficio de creación de empleos…). Los principios del Evangelio deben iluminar este sombrío panorama para hallar verdaderas soluciones.

La Iglesia deberá renovarse continuamente para ser efectivamente luz del mundo. Contribuirá a la renovación de la sociedad transformando espiritualmente a sus fieles, haciendo que vivan según el Evangelio, fuerza que les debe cambiar el corazón, renovarlos y así, con un corazón nuevo, podrán ser testigos vivientes de su fe y agentes de cambio. Sin un corazón nuevo, no habrá personas transformadas y transformadoras.

Pero si los católicos llevan una vida sin compromiso apostólico, quizás siendo piadosos y buenos, la luz del Evangelio está oculta en ellos, no brilla, no ilumina a su alrededor. Esa luz, de la que son portadores, está puesta bajo el celemín.

En algunas personas la formación cristiana, teológica, es deficiente. Poseen una fe “recibida”, sin la instrucción necesaria. Es decir, un buen número de católicos demanda con urgencia una Evangelización Fundamental. Una instrucción más profunda para que en ellos crezca la fe, una enseñanza que a la vez que los educa cristianamente, los haga nuevos en su corazón. Así íntimamente renovados sí podrán tener una luz nueva e iluminar a los demás. Evangelización.

Estas personas necesitan la Evangelización para que renovadas respondan mejor a lo que debe ser su vida de seguidores de Cristo.

Pero la renovación es una obra interior realizada por el Espíritu Santo. Es una gracia que para obtenerla hay que pedirla con intensa oración. La Evangelización debe enseñar a orar y a crear en las personas la necesidad de orar.

Otros, bastantes quizás, requieren adquirir conocimientos más profundos de su fe, renovar los que poseen, entrar en una dinámica continua de cambio interior, de conocer mejor el compromiso que crean sus prácticas religiosas y asumirlo en su vida cotidiana. Qué significa su bautismo, los compromisos que adquirieron al recibirlo, su mejor conocimiento de Cristo, del Evangelio, de su participación consciente en los sacramentos, su participación consciente, activa y fructuosa en la Eucaristía… Nueva Re Evangelización.

Estas personas necesitan Nueva Re Evangelización para responder mejor a su vida de seguidores de Cristo.

Pero la renovación es una obra interior realizada por el Espíritu Santo. Es una gracia que para obtenerla hay que pedirla con intensa oración. La Nueva Re Evangelización debe enseñar a orar y a crear en las personas la necesidad de orar.

Solamente después de esta Evangelización y de esta Nueva Re Evangelización la Iglesia y la sociedad tendrá hombres nuevos forjadores de un nuevo orden social y religioso.

Así, con los fieles Evangelizados y Nuevamente Re Evangelizados, la Iglesia contará con personas nuevas, renovadas y renovadoras que trabajen denodadamente en hacer realidad el deseo de la Iglesia: “iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura.” (Lumen Gentium n. 1).

Pero la renovación es una obra interior realizada por el Espíritu Santo. Es una gracia que para obtenerla hay que pedirla con intensa oración. La Nueva Re Evangelización debe enseñar a orar y a crear en las personas la necesidad de orar.

Así renovadas las infraestructuras, podrá empezar a desarrollarse la nueva época, o nueva normalidad, que muchos esperan se producirá después de esta pandemia, tanto en la Iglesia como en el mundo.

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