Diálogos entre el Arte y la Memoria: una conversación con Doris Salcedo

Cuerpo Apostólico

Por: Valentina Bernal Loaiza

El pasado 20 de noviembre se conmemoraron los dos años de lanzamiento del libro Recono-siendo: estrategia pedagógica de lectura crítica del pasado reciente. Con este motivo, representantes  de los Colegios Acodesi, del Movimiento Fe y Alegría, de la Red Juvenil Ignaciana, de la Misión Vocacional y de la Pontificia Universidad Javeriana atendieron la invitación hecha por CINEP, la Curia Provincial y el P. Fernán Gonzales, SJ, a participar en un conversatorio con la artista Doris Salcedo en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria. El encuentro abrió un espacio para pensar la memoria de la violencia en Colombia desde una perspectiva ética, estética y profundamente sensible.

En diálogo con Fernán González, SJ, la artista compartió los sentidos que orientan su trabajo: la convicción de que contar historias es un acto que reivindica la memoria, la certeza de que las víctimas tienen derecho a la belleza, y la necesidad de nombrar las ausencias, lo inexplicable y lo absurdo que ha dejado la violencia.

Más que una presentación de obras, la conversación permitió recorrer los territorios sensibles desde los cuales Doris Salcedo ha construido su trabajo: un tejido entre la experiencia, la escucha y la teoría; lugares atravesados por el dolor, la ausencia y los duelos interrumpidos. Sus obras buscan oponerse al silencio y nombrar, desde la belleza y la dignidad, aquellos actos de violencia que nos han fragmentado como sociedad.

A través de diversas piezas, Salcedo mostró cómo los objetos cotidianos, las materias frágiles y los gestos mínimos pueden convertirse en lugares de presencia y dignificación. Las sillas que caen en el Palacio de Justicia, los zapatos suturados de Atrabiliarios, las puertas desplazadas de Casa Viuda y los nombres escritos con ceniza en Sumando Ausencias revelan una misma intención: recuperar la humanidad que la violencia quiso despojar. Estos objetos no solo ilustran los hechos; los encarnan y les devuelven un lugar en la conciencia colectiva.

Obras como Plegaria Muda y A Flor de Piel fueron comprendidas como intentos de resignificar gestos de despedida y duelos negados, enunciando, desde la fragilidad, actos de violencia que suelen ser innombrables, como la tortura o las fosas comunes. En ellas, el arte se convierte en un espacio donde el dolor puede ser dicho sin revictimizar, y donde la memoria adquiere una dimensión ética y afectiva.

El conversatorio permitió comprender que la obra de Doris Salcedo no solo interpela los hechos violentos, sino que abre caminos para construir nuevas narrativas sobre ellos. Narrativas que surgen de lo sensible, del cuidado y de la dignidad. Narrativas que nos convocan, como país, a escuchar a las víctimas y a asumir su sufrimiento como parte de nuestra historia común.

Por su parte, Fragmentos se convirtió en el escenario propicio para este encuentro. El contra monumento, fundido con las armas entregadas en los Acuerdos de Paz y construido a partir del gesto colectivo de martillar, recordó que la construcción de memoria en Colombia es, necesariamente, un ejercicio compartido. La horizontalidad del espacio invita a un diálogo permanente, alejado de los monumentos triunfalistas y orientado, más bien, hacia el reconocimiento mutuo.

Para la Estrategia Recono-Siendo y para la Compañía de Jesús, este espacio reafirmó nuestro compromiso colectivo de seguir trabajando de manera colaborativa como Cuerpo Apostólico, en el marco de nuestra misión de reconciliación y justicia. Nos recordó, además, la importancia de fortalecer procesos democráticos que promuevan la reflexión sobre el pasado, la transformación del presente y la construcción de un futuro con esperanza. También enfatizó la necesidad de construir pedagogías que abran nuevas lecturas del pasado reciente desde perspectivas ético-políticas, ignacianas y humanistas.

La experiencia dejó claro que la reconciliación no es posible sin un ejercicio honesto de verdad, ni sin la voluntad de acercarse a la fragilidad del otro con respeto, humildad y esperanza. En Fragmentos, entre obras que hablan y voces que han resistido al silencio, se hizo evidente que el arte puede convertirse en un lugar de encuentro: un territorio donde la memoria se dignifica y donde el país encuentra, quizás, nuevas formas de pensar la paz y de caminar la misión de reconciliación y  justicia.

Diálogos entre el Arte y la Memoria: una conversación con Doris Salcedo

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