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“Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, comprendieron que iba por ellos. Intentaron arrestarlo, pero tuvieron miedo de la gente, que lo tenía por profeta”

Comunitas Matutina

Domingo XXVII Ordinario – 8 de octubre de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 5: 1-7
  2. Salmo 79: 9-20
  3. Filipenses 4: 6-9
  4. Mateo 21: 33-43

La imagen de la viña es muy familiar para la mayoría de los pueblos del Cercano Oriente, para ellos es la parcela de tierra cultivada con especial esmero, de allí se deriva el sustento básico de la familia. [1] Ese patrimonio era la forma de sentirse vinculado a su grupo social y fundamentaba su derecho de ciudadanía, su arraigo en un territorio, determinante de su sentido de identidad: “Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña: mi amigo tenía una viña en fértil terreno. Removió la tierra, la limpió de piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar”. [2]

Un vínculo así es similar al que tienen nuestros campesinos con sus terrenos cultivables, a los que dedican lo mejor de sus esfuerzos, son su espacio de realización, también el lugar de crecimiento y vida de su familia. Poseer la tierra da significado a todo su proyecto existencial, ámbito de su humanidad. Desde ahí se comprende la ilusión con la que el viñador, el agricultor, se entrega a la faena de disponer el terreno, de sembrar la semilla, de cultivar, de recoger la cosecha, de la que se esperan siempre los mejores resultados. La buena viña, su fecundidad, significa esperanza, sentido de vida, satisfacción, sustento, para quien es responsable de ella. [3]

La primera lectura de hoy, del profeta Isaías, y el evangelio de Mateo, toman esta figura de la viña y de los viñadores para hacer su denuncia sobre las profundas incoherencias de la bien conocida religiosidad formal del judaísmo del tiempo de Jesús, tema que nos viene ofreciendo este evangelista desde hace varios domingos. Al proponerlo no estamos mirando solamente al pasado, a realidades distantes de nosotros; es también momento privilegiado para revisar con seriedad nuestra actitud religiosa y espiritual, si esta se reduce a una práctica formal sin incidencia en la transformación de vida y conducta, religión de cumplimiento externo, o si nos planteamos con seriedad existencial nuestra decisión creyente con todas sus consecuencias de autenticidad teologal y humana, vida proyectada amorosamente a Dios y al prójimo, siguiendo el modo de Jesús. [4]

Como la expectativa del viñador con su viña productora de buenos frutos, inquieto y exigente cuando esta produce agraces [5], también Dios espera de nosotros una respuesta fecunda, responsable, liberada y liberadora, generadora de vitalidad y autenticidad. La mediación profética de la humanidad que toma en serio estas realidades es también narrativa crítica de este Dios que confronta la deshumanización, la inconsistencia moral, el ser humano que se convierte en lobo para sus hermanos, como sucede penosamente en tantos lugares del mundo.

¿Qué nos quiere decir Isaías en esta primera lectura de hoy? ¿Cuáles son nuestras viñas? ¿Cuáles los esfuerzos en torno a ellas? ¿Cuáles las expectativas que abrigamos con ellas? Se trata de los lugares de sentido en los que se desarrolla nuestra vida: familia, estudios, trabajo, comunidad, amistades, gran sociedad, iglesia, donde acontecen nuestras capacidades de creación y de expresión, de trascendencia en los demás, de construcción del bien común, de generación de vínculos de pertenencia a un territorio espiritual, emocional, afectivo.

Pero sucede que esta expectativa de fecundidad, de buenos frutos, se ve truncada por la presencia del mal, del egoísmo, del desorden de una libertad que se realiza sin referencia trascendente: “Y esperó que diera uvas pero dio frutos agrios”. [6] Qué sentimos cuando nuestras viñas no dan los resultados anhelados, cuando los suyos son frutos agrios, contradicciones, deslealtades, arrogancias, injusticias. El profeta Isaías acude a este lenguaje para señalar el desencanto de Dios por las muchas abominaciones que se cometían en el reino de Judá: “La viña del Señor Todopoderoso es la casa de Israel, son los hombres de Judá su plantación preferida. El esperó de ellos derecho, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia y ahí tienen :  lamentos”. [7]

¿Cuándo miramos la realidad contemporánea qué nos dicen estas imágenes de la viña decepcionante? ¿Qué decir de la corrupción en tantos ámbitos de la vida pública y privada, protagonizada por muchos de los que son constituidos líderes del estado y de la sociedad? ¿Qué esperar de las reiteradas conductas perversas de políticos que saquean sin compasión el tesoro público? ¿Qué pensar de los excesos de la sociedad de bienestar, enloquecida con el consumo, ostentando una capacidad adquisitiva que a menudo es obtenida a costa de los más pobres? ¿Qué nos dicen los permanentes clamores de millones de seres humanos sumidos en el abandono y en la miseria? Y todo esto, sin olvidar que la mayoría de estos personajes profesan creencias religiosas, presumen públicamente de serlo, desconociendo las implicaciones éticas de la fe. [8] Una problemática severa que afecta negativamente muchos medios religiosos es el divorcio entre la fe y la vida, cuando aquella no configura la conducta de quienes dicen profesar tales o cuales creencias.

El cuestionamiento severo que hacen los profetas bíblicos parte de las realidades sociales que se vivían en ese tiempo, totalmente incompatibles con la voluntad de Dios, con los compromisos adquiridos en la alianza con Yahvé, con la profesión de religiosidad del pueblo hebreo. Les resultaba indignante el olvido de la fundamentación ética de la vida, la indolencia de los llamados creyentes, la insensibilidad ante el drama de huérfanos y viudas. [9] El discurso profético era de total pertinencia para su contexto, la mayoría de las veces de gran severidad. Siempre tuvieron una postura crítica ante las instancias de poder – responsables de los “frutos agrios”-.

Jesús – en el texto del evangelio de hoy – se vale del mismo tema de la viña para llamar la atención sobre las problemáticas similares a las que se vivían en tiempo de Isaías. [10] Los grupos religiosos integristas – saduceos, fariseos, maestros de la ley – pensaban que la salvación exclusiva de Israel era la única meta de la historia, lo restante, el sentido de vida de quienes no eran judíos, la justicia debida a los pobres, la misericordia y la compasión, los tenían sin cuidado.

La parábola de los viñadores homicidas integra un bloque compacto del evangelio de Mateo – los capítulos 21 a 25 – en el que el autor quiere destacar la tensión creciente entre Jesús y las autoridades judías, preparando el desenlace de su pasión y de su muerte. El desnuda la intransigencia y cerrazón de los dirigentes del judaísmo. En esta secuencia se encuentran la expulsión de los vendedores del templo, la controversia sobre la autoridad de Jesús, el conocido capítulo 23 con su fuerte diatriba en contra de los fariseos, entre otros elementos centrales, en los que los responsables de la religión judía van acumulando argumentos para condenarle. [11]

Para Jesús, el reino de Dios está abierto a todos sin excepción, principalmente a les gentes de buena voluntad, a todos los dedicados al amor y a la justicia. Para él no pesan las diferencias raciales ni socioeconómicas ni religiosas, lo que define su interés es el de aquellos que se disponen a vivir en solidaridad y en fraternidad. También entran aquí los “nadie”, los excluidos de la religión oficial. Naturalmente, esto le trajo la malquerencia de los jefes religiosos y de los observantes. También con sus discípulos tuvo diferencias de fondo cuando se daba cuenta que su enseñanza sobre el reino no calaba hondo en ellos, viendo que seguían con sus aspiraciones de poder y con sus grandes temores ante el sacrificio y la posibilidad de entregar la vida sin esperar recompensa.

Esos grupos se consideraban los concesionarios exclusivos de Dios, ellos son los viñadores homicidas: “Finalmente, le envió a su hijo pensando: a mi hijo lo respetarán. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: este es el heredero, vamos matémosle y quedémonos con su herencia. Y agarrándolo lo echaron fuera de la viña y lo mataron”. [12]

Jesús los desafía abiertamente y, mediante la comparación con la viña, les muestra que su ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El reino de Dios no es propiedad de ningún grupo en particular, nadie lo tiene asegurado bajo el título de raza o de pertenencia a una religión en particular. El ministerio de Jesús es compromiso con la vida de todos en igualdad de condiciones: acoger a los excluidos, anuncio de la gran utopía de Dios que abre horizontes de esperanza a los últimos del mundo. Son estas las grandes evidencias de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que todos tengan vida en abundancia, los frutos maduros que se esperan de la viña: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. [13]

Las denuncias de Jesús nos indican que el mensajero del Dios de la vida no puede permitir que el ser humano esté siempre agobiado por experiencias de muerte: prohibiciones, prácticas religiosas alienantes, moralismos neuróticos, pobreza, vulneración de sus derechos, decisiones injustas de gobiernos y sistemas económicos. Jesús quiere que la vida de los seres humanos sea un testimonio permanente del Dios enamorado de la humanidad, a la que comunica su inagotable vitalidad: “Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor amigo de la vida”. [14]

¿Qué mensaje nos queda? El amor de Dios se retribuye con el amor al prójimo, no con el culto externo. El mal estaba en esas autoridades religiosas que se resistían a la novedad que Jesús les proponía, sintiendo que su observancia de los ritos y las leyes los justificaba sin necesidad de convertirse al prójimo sufriente. Ante eso Jesús es fuerte en su expresión final: “Por eso les digo que se les quitará el reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos”. [15] Estos hombres confundieron los derechos de Dios con sus intereses mezquinos, Jesús puso en evidencia esta incoherencia del templo y de la ley y por eso se hizo acreedor a la condena y a la muerte en cruz. Es la “suerte” que corren los profetas que no venden su conciencia……[16]

Bibliografía:

[1] PICORNELL, María Raquel & MELERO MARTÍNEZ, José María.  Historia del cultivo de la vid y el vino: su expresión en la Biblia. En Ensayos, Revista de la Facultad de Educación de Albacete, número 27, páginas 217-246. Albacete, 2012.  MARTÍNEZ ALVAREZ, Álvaro. La agricultura en los textos bíblicos del Antiguo Testamento. En https://www.coiaclc.es/wp-content/uploads/2016/05/Agricultura_Biblia.pdf

[2] Isaías 5: 1-2

[3] FERRO MEDINA, Juan Guillermo. ¿El campesino empieza a ser tenido en cuenta? En https://www.semillas.org.co/apc-aa-files/353467686e6667686b6c676668f16c6c/juan-guillermo-ferro.pdf EDELMAN, Marc. ¿Qué es un campesino? ¿Qué son los campesinados? En    Revista Colombiana de Antropología volumen 58 número 1, páginas 153-173. Instituto Colombiano de Antropología. Bogotá, enero-abril 2022. campesinados? En

[4] GUARDINI, Romano. La existencia del cristiano. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2016. LEPP, Ignacio. La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1972. RIVERO FLOREZ, Walter Yezid. La responsabilidad de creer en Jesucristo. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2015. AUTORES VARIOS. Curso de Ética cristiana. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2015. JONAS, Hans. El principio de responsabilidad. Herder. Barcelona, 1995. VIDAL, Marciano. Moral de opción fundamental y de actitudes. San Pablo. Madrid, 1995. SARMIENTO, Augusto. Elección fundamental y comportamientos concretos. En Scripta Theologica número 26, páginas 179-197. Universidad de Navarra. Pamplona, 1997. HARING, Bernhard. Libertad y fidelidad en Cristo. Herder. Barcelona, 1985. ZANON, Andréi. La salvación a través de la conciencia y la libertad. En Perseitas volumen 6, número 2; páginas 386-424. Universidad Católica Luis Amigó. Medellín, julio-diciembre 2018.

[5] Uvas deficientes, de mal sabor, inmaduras, agrias, subdesarrolladas.

[6] Isaías 5: 2

[7] Isaías 5: 7

[8] ARANGO, Rodolfo. La responsabilidad colectiva ante la crisis moral y política colombiana. En Araucaria Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades; número 29, páginas 155-167. Universidad de Sevilla, 2013. CARVAJAL SÁNCHEZ, Fernando. Justicia y crisis moral en Colombia. En https://www.revistas.udea.edu.co/index.php/red/article/view/844/737  TORRES QUEIRUGA, Andrés. Moral y Religión. De la moral religiosa a la vivencia religiosa de la moral. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/3071/1/RLT-2013-089-E.pdf PEREZ ZAFRILLA, Pedro Jesús. Ética de los creyentes. En Veritas número 24, páginas 115-136. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, 2011. GARCÍA ALANDETE, Joaquín. Actitudes, religiosas, valores y razonamiento moral. Tesis para optar al grado de Doctor en Psicología. Universidad de Valencia, 2002. CONILL, Jesús. ¿Hay un lugar para Dios hoy? PPC. Madrid, 2005.

[9] SANZ GIMÉNEZ-RICO. Los profetas y la justicia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 4 de noviembre 2014. SICRE, José Luis. Introducción al profetismo bíblico. Verbo Divino. Estella, 1991. OBANDO RAMÍREZ, José Andrés. Compromiso ético del profeta en Colombia. En Universitas Alphonsiana número 36, páginas 141-152. Fundación Universitaria San Alfonso. Bogotá, 2019.

[10] DE LA TORRE GUERRERO, Gonzalo. Las parábolas que narró Jesús: la revolucionaria revelación de la conciencia de Jesús. Fundación Universitaria Claretiana. Quibdó, 2019. Edición para uso de los estudiantes. JEREMIAS, Joachim. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella, 1987. DODD, Charles. Las parábolas del Reino. Cristiandad. Madrid, 1984. LOHFINK, Gerhard. Las cuarenta parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2021.

[11] PAGOLA, José Antonio. Conflictivo y peligroso en su libro Jesús, aproximación histórica. PPC páginas 333-369. PPC. Madrid, 2007. VARGAS MACHUCA, Antonio. ¿Por qué condenaron a muerte a Jesús de Nazaret? En Estudios Eclesiásticos número 54, páginas 44-470. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1979. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. El Evangelio de Mateo: los conflictos de una iglesia judeocristiana. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 de octubre 2017.

[12] Mateo 21: 37-39

[13] Juan 10: 10

[14] Sabiduría 11: 26

[15] Mateo 21: 43

[16] DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1986. JUSTO, Emilio J. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014. NOLAN, Albert. Jesús, hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2007.

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