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“De modo que los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”

Comunitas Matutina

Domingo XXV Ordinario – 24 de septiembre de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 55: 1-9
  2. Salmo 144: 2-18
  3. Filipenses 1: 20-27
  4. Mateo 20: 1-16

Es dramáticamente expresivo el cuadro  “El grito” del pintor noruego Edward Münch [1], reflejo de la angustia existencial de la humanidad moderna, de esta modernidad ambivalente – la obra  data de 1893 – en la que coexisten la pasión por el progreso y la libertad, afirmando sin rodeos la autonomía de la razón y la búsqueda radical de la emancipación de toda tutela, con las más aberrantes injusticias, depredaciones del ser humano y de la naturaleza, totalitarismos, guerras mundiales y regionales, todas ellas de perversa fuerza destructiva, sociedad de consumo enloquecida, países opulentos, países en miseria total. Este grito sigue vigente, es una protesta absoluta contra un mundo desequilibrado, en el que unos seres humanos, los que deciden y manejan el poder, se empeñan en contra de las mayorías, agrediendo su dignidad, convirtiéndolos en objetos del más aberrante utilitarismo, promoviendo modelos económicos y sociales desalmados e inhumanos. Esta seudocultura que valora a la humanidad por sus resultados, reduciéndola a entidad productiva, clasificando de mayores a menores, despreciando a los que considera inútiles, como una gran máquina de utilidades, definiendo el precio de todos, premiando a los privilegiados, desechando sin piedad a multitudes. [2] Hoy unimos “El grito” de Münch al clamor de los profetas bíblicos y al de todos los hombres y mujeres que pugnan por una cultura de la justicia y de la digna gratuidad querida por Dios para sus creaturas.

Los profetas bíblicos fueron los agentes del grito de Dios contra las injusticias de su tiempo, lo hicieron con gran severidad, convirtiéndose en testigos de una vida novedosa y libre, a pesar de las muchas contradicciones e incomprensiones vividas como consecuencia de su insobornable libertad. Su clamor – fuerte, recio, de estremecedora sonoridad – se dio contra una religiosidad exterior, formal, excesivamente solemne, que no se compaginaba con las prácticas injustas de muchos de los practicantes de esa religión, y anunciaron la esperanza en un Dios liberador, comprometido sin reservas con la felicidad de su pueblo, garante de sentido definitivo de la existencia y, con la misma energía, arremetieron contra la inconsistencia de esa religiosidad que no se traducía en conductas de justicia y de compromiso con la dignidad de los débiles y humillados. [3]

El tema de la justicia y del reconocimiento del valor de los seres humanos es una de las líneas de coherencia en el ministerio de los profetas: el ser humano está llamado a ser relato de Dios, tiene valor en sí mismo, no puede ser sometido a explotación ni ser materia de transacciones y comercio, debe encontrar en la sociedad las mejores condiciones para su crecimiento y desarrollo integral, la dignidad que le es inherente le hace acreedor a un trato respetuoso y justo. De modo especial queremos subrayar hoy al profeta que propende por una novedosa concepción y práctica de lo humano, fundamentada en la gratuidad de Dios: “Atención sedientos, acudan por agua, también los que no tienen dinero, vengan, compren trigo, coman sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastan dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en lo que no da hartura? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos. Presten oído, vengan a mí, escúchenme y vivirán, sellaré con ustedes alianza perpetua”. [4]

Con frecuencia escuchamos decir que la lógica de Dios es opuesta a nuestros esquemas habituales, aquellos con los que solemos valorar las distintas realidades que se nos presentan, especialmente en materia de justicia y retribución. La más elocuente evidencia de esa ruptura se da en el estilo de Jesús, en su modo de concebir la relación con Dios, en su preferencia por los últimos del mundo, en su trato compasivo y misericordioso con pecadores y excluidos, en su cuestionamiento radical a una religión fundamentada en la acumulación de méritos individuales y en la  auto justificación, en revelar un Dios que no se ajusta a la medida milimétrica de la justicia humana. [5]  El Dios que Jesús nos comunica es desconcertante, desborda con extrema generosidad los cálculos con los que estamos habituados a recompensar. Este apasionante Dios no sabe de matemáticas, lo suyo es una magnanimidad que supera todos los límites previstos en nuestra lógica: “¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El mantiene su ira para siempre porque ama la fidelidad. El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en los más profundo del mar todos nuestros pecados.” [6]

Predomina en la mayoría de ambientes sociales y religiosos la mentalidad milimétrica de acumulación de méritos para presumir que somos mejores que los demás, la clasificación de las personas siguiendo sus hojas de vida con mayores o menores realizaciones y títulos, su capacidad económica, también su conducta y moralidad. Esto, en el ámbito de lo religioso, se ha convertido en escalafones de santidad, en la presunción de ser rigurosos con las observancias rituales y legales, caracterizadas por su estrechez y falta de libertad. Hay un “capitalismo religioso y social” que asigna al ser humano obligaciones relacionadas con la producción de méritos morales, rituales, determinando así su mayor o menor cercanía a Dios, copia literal de lo que sucede en la gran sociedad en la que predominan el tener y el producir sobre el ser. Los modos de vida se tornan así en sombríos cumplimientos de normativas sin espíritu, en liturgias que adolecen de afecto y de vitalidad, en fijaciones jurídicas que no liberan al ser humano, en concebir la relación con Dios como una meritocracia, sin la debida conversión del corazón a Él y al prójimo. [7]

Tal estilo era dominante en el mundo judío contemporáneo de Jesús. Son bien conocidas las controversias que sostenía con los sacerdotes del templo y con los letrados, y el modo tan severo con el que cuestionaba tales actitudes: “Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de inmoralidad y robos”. [8]

La propuesta de Jesús es una saludable crítica que provoca revisión a fondo de nuestra religiosidad y espiritualidad, de la manera como concebimos la relación con Dios, con la intención de dar el salto cualitativo al orden de la gratuidad explícita que él comunica en nombre de su Padre para construir un modo donde la gracia se distribuye en igualdad de condiciones y con desmedida generosidad, suscitando la fraternidad, el dinamismo de la comunión, la existencia asumida como aventura liberadora. Así lo plantea la parábola de los trabajadores de la última hora, como lo refiere el texto de Mateo que se proclama este domingo.

El proyecto original de Dios se caracteriza por la participación equitativa de todos en los bienes de la creación y de la vida, ofrecimiento que Él nos hace para moldearnos como humanidad llamada a vivir en la clave de la gratuito. [9] Es deliberada la intención de Jesús con esta  parábola, cuando un hacendado, en diversos momentos del mismo día, va contratando jornaleros para las faenas del campo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo debido. [10] Al final de la jornada, cuando llega la hora del pago, la sorpresa es general: “Pasaron los del atardecer y recibieron un denario. Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más, pero también ellos recibieron la misma paga. Al recibirla, se quejaron contra el hacendado: estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día”. [11]

¿Es injusto Jesús al proponer este mensaje? ¿Desconocedor de derechos y méritos adquiridos? La parábola es sutil para introducir una nueva lógica en la relación con el Padre, con los seres humanos entre sí, lo que prima no es el merecimiento nuestro sino la voluntad divina que desborda los límites de la justicia de los hombres, este Dios quiere agraciarnos a todos y brindarnos infinidad de oportunidades. Jesús modifica de raíz el esquema mérito-retribución-pago y manifiesta que el proyecto de Dios crea para todas las mismas posibilidades de gracia. Lo que cuenta no es la observancia sino el querer gratuito e ilimitado del Padre, no se da a quien lo merece sino a quien lo necesita.

Con esta parábola Jesús señala un elemento prioritario en su proyecto del reino de Dios: supera los mínimos de una justicia legal para proponer un estilo de vida basado en la gratuidad, en la igual acogida de Dios hacia todos, con el conocido énfasis de favorecer a aquellos a quienes “el mundo” desconoce, maltrata y excluye, lo mismo que a quienes son juzgados implacablemente por la moral de los buenos, los amigos de la vanidad religiosa. Este es el grito de Jesús, que vinculamos hoy con la protesta de Münch en su dramático cuadro; rechazo total a medir al ser humano por apellidos, posesiones, resultados, también por cumplimientos, devociones, prácticas religiosas. Jesús se va por los márgenes de la historia, se encuentra con las prostitutas y con los cobradores de impuestos, se rodea de mendigos, también de condenados morales, los quiere sentar en la mesa del Padre, sirviéndoles la posibilidad de rehacerse en su humanidad, de reivindicar su dignidad, de operar en ellos el milagro sanador del amor, de restaurarlos en la integridad de su ser.

Quede claro, con nitidez evangélica, que no se minimiza el deseo humano de llevar una vida correcta, sólidamente constituida sobre los fundamentos de una moral humanista, liberadora, y formadora de seres humanos responsables. Quede también claro que este esfuerzo no es para presumir de ser mejores o superiores a los demás. No es la determinación objetiva de lo establecido normativamente lo que obliga sino el libre compromiso que se asume con convicción. [12] El amor verdadero, el de Dios que llena de significado nuestros amores, es la genuina ley que libera y realiza a quienes así lo viven: “Una cosa importa, que su conducta sea digna de la buena noticia de Cristo”. [13]

Bibliografía:

[1] 1863-1944, pintor noruego que expresa en su obra los dramas y angustias del ser humano. Su obra más conocida es esta del GRITO. BISCHOFF, Ulrich. Cuadros sobre la vida y la muerte. Taschen. Madrid, 2000. LOSHACK, David. Münch. Libsa. Madrid, 1991. MESSER, Thomas. Edward Münch. Julio Ollero. Madrid, 1991. MUNCH, Edward. El friso de la vida. Nórdica Libros. Madrid, 2019. MARRAS, Giorgia. Münch, una biografía. Sapristi Editorial. Barcelona, 2016. Ver el estudio comparativo que se hace de tres obras pictóricas sobre protesta social en https://www.canaverales.edu.co/wp-content/uploads/2020/06/ESTUDIO_COMPARATIVO-hvg-856-David-cataño.pdf

[2] CAETANO, Gerardo (Compilador). Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina. Clacso. Buenos Aires, 2006. ORGANIZACIÓN DE ESTADOS AMERICANOS OEA. Protesta y Derechos Humanos. OEA. Washington, 2019. SANCHEZ LOPERA, Alejandro. El grito de irrupción en las protestas recientes en Colombia. En Revista Estudios Políticos número 65, páginas 31-57. Universidad de Antioquia. Medellín, 2022. RABINOVICH, Eleonora. MAGRINI, Ana Lucía. RINCON, Omar (Editores). Vamos a portarnos mal: protesta social y libertad de expresión en América Latina. Centro de Competencia en Comunicación para América Latina Friedrich Ebert Stiftung. Bogotá, 2011.

[3] SICRE, José Luis. Los dioses olvidados: poder y riqueza en los profetas preexílicos. Cristiandad. Madrid, 1979. GAITAN, Tarsicio. Miqueas, el profeta ante el fenómeno del desplazamiento. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 35, número 83, páginas 43-63. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, enero-junio 2008. MOLANO CORTES, Héctor Hernán. Justicia social: concepto y acercamiento a pasajes de los profetas del siglo VIII a.c. En https://www.revistas.ucatolicaluisamigo.edu.co/index.php/perseitas/article/view/4366/3703  SIVATTE, Rafael . Crítica profética a los imperialismos y a la religión nacionalista de Israel. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1045/1/RLT-1985-004-C.pdf ASURMENDI, Jesús. Isaías 1-39. Verbo Divino. Estella, 1989. LOZA VERA, José. Introducción al profetismo: Isaías. Verbo Divino. Estella, 2011. VON RAD, Gerhard. Teología del Antiguo Testamento II. Teología de las tradiciones proféticas de Israel. Sígueme. Salamanca, 1987. VERKINDERE, Gerard. La justicia en el Antiguo Testamento. Verbo Divino. Estella, 2001.

[4] Isaías 55: 1-3

[5] PAPA FRANCISCO. El nombre de Dios es misericordia: una conversación con Andrea Tornielli. Planeta. Barcelona, 2016. PIKAZA, Xabier & PAGOLA, José Antonio. Entrañable Dios, las obras de misericordia. Hacia una cultura de la compasión. Verbo Divino. Estella, 2016. GONZALEZ MARCOS, Isaac (Editor).  Sed misericordiosos: sólo la misericordia puede cambiar el corazón. XVIII Jornadas Agustinianas. Centro Teológico San Agustín. Madrid, 2016. KASPER, Walter. La misericordia, clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2012. EQUIPO BIBLICO VERBO. Misericordiosos como el Padre: encuentros bíblicos desde la Lectio Divina para descubrir al Dios misericordia. Verbo Divino. Estella, 2019. ANDUEZA, José Manuel. La misericordia, los pobres y el Reino de Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 2016.

[6] Miqueas 7: 18-19

[7] GIL ARBIOL, Carlos. El Dios de Jesús y las fronteras culturales y religiosas. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 44, número 102, páginas 453-467. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2017; La misericordia desde las víctimas. La mirada de Jesús. Lumen. Buenos Aires, 2016. MATE, Reyes. La razón de los vencidos. Anthropos. Barcelona, 1991. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado: la cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010. SANDERS, E.P. Jesús y el judaísmo. Trotta. Madrid, 2004.

[8] Mateo 23: 25

[9] CAUM, Nuriam. La gratuidad, paso por la contradicción, como acceso a Dios. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen LXXXI, número 318, páginas 567-593.  Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2006. SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA. Gratuidad, justicia y reciprocidad. Dimensiones de una teología del don. XXIII Semana Argentina de Teología. San Benito. Buenos Aires, 2005. RUIZ DE LA PEÑA, Juan Luis. El don de Dios: Antropología Teológica especial. Sal Terrae. Santander, 1991. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Llegar a ser lo que somos: hermanos. Sal Terrae. Santander, 2023. RUIZ LOZANO, Pablo. Todo es gracia: gratuidad en tiempos posmodernos. En Revista Proyección volumen LVII, páginas 175-199. Facultad de Teología de Granada, 2010. KAST, Hans. Elementos de una antropología cristiana. El ser humano abierto a la gratuidad del misterio. En https://www.es.scribd.com/document/360074289/La-gratuidad-en-la-Teologia-pdf

[10] Mateo 20: 4

[11] Mateo 20: 9-12

[12] PONTIFICIA COMISIÓN BIBLICA.  Biblia y moral: raíces bíblicas del comportamiento cristiano. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 2008.  CAAMAÑO LOPEZ, José Manuel. Autonomía moral. El ser y la identidad de la teología moral. Universidad Pontificia de Comillas & San Pablo. Madrid, 2013. VIDAL, Marciano.  Nueva moral fundamental. El hogar teológico de la ética. Desclée de Brower. Bilbao, 2000.

[13] Filipenses 1: 27

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