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“Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas , derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi padre una casa de comercio”

Comunitas Matutina

Domingo III de Cuaresma Ciclo B

Lecturas:

  1. Éxodo 20: 1-17
  2. Salmo 18
  3. 1 Corintios 1: 22-25
  4. Juan 2: 13-25

 

Todas las tradiciones religiosas de la humanidad se constituyen en mediadoras de los vínculos entre los seres humanos y Dios, aspiran ellas a ser configuradoras del sentido último de la existencia y, en cuanto tales, a responder a los interrogantes vitales como los que suscitan la muerte, el mal en sus múltiples manifestaciones, el sufrimiento, el quiebre del sentido de la vida.[1] Teniendo en cuenta la aspiración de plenitud que las caracteriza, a las religiones y a sus creyentes se les exige un alto nivel de coherencia moral y espiritual, de modo que con su conducta den cuenta de la absolutez de Dios y de la sublimidad de sus ideales. [2]

Sin embargo, no siempre es así. Cuando las religiones y sus adeptos se tornan fundamentalistas, fanáticos, cuando hacen de ellas instrumento de poder y dominación, cuando manipulan las conciencias, cuando degeneran en ideología, cuando transmiten una imagen de Dios que difunde miedo y angustia, cuando absolutizan su mediación con detrimento de la finalidad creyente y dadora de sentido, cuando se tornan “opio del pueblo”, según la clásica expresión marxista, cuando sus representantes abusan de su condición y adoptan conductas incompatibles con la rectitud moral y espiritual, son piedra de escándalo y merecen ser sometidas al juicio del análisis crítico y a la consecuente ruptura con las creencias que las acompañan.[3] Son bien conocidas en la cultura moderna y contemporánea las rigurosas críticas provenientes de los llamados “maestros de la sospecha”: Karl Marx[4], Ludwig Feuerbach[5], Sigmund Freud[6], Friedrich Nietzsche[7]. Estos pensadores, desde sus respectivas visiones de Dios y de las creencias religiosas, pasan severa cuenta de cobro a estas, constituyéndose en sus jueces y demandando por su autenticidad y coherencia.

Queremos decir con estas consideraciones que el asunto de la relación Dios-humanidad debe ser tomado con la mayor seriedad, por cuanto en ella se juega el sentido definitivo de la existencia humana. Nos referimos a una altísima seriedad ética y espiritual. Esto fue lo que más preocupó a Jesús de Nazareth, aspecto clave de su ministerio público. Bien conocidas son sus controversias con los líderes del judaísmo de su tiempo, formuladas con gran fuerza y radicalidad profética. Nuestros lectores semanales saben bien que este es uno de nuestros temas recurrentes, nos inquietan seriamente las fantasías que utilizan a Dios, las manipulaciones de su nombre, la falsa conciencia que crean en muchas gentes de buena voluntad.[8] Y, como lo propone el evangelio de este domingo, se impone reconocer que el Señor Jesús es el mayor crítico de las deformaciones de la religión: “Los judíos quieren ver señales milagrosas y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros anunciamos a un Mesías crucificado. Esto resulta ofensivo a los judíos, y a los no judíos les parece una tontería; pero para los que Dios ha llamado, sean judíos o griegos, ese Mesías es el poder y la sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios puede parecer una tontería es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad es más fuerte que toda fuerza humana”.[9]

Jesús es, en nombre de Dios y de la dignidad del ser humano, Señor de la libertad, su crítica de la religión judía es referente para examinar la autenticidad de nuestra práctica religiosa actual. Nada en él es argumento para dar soporte a esclavitudes, sometimientos serviles, normativas opresoras, rituales alienantes, todo lo suyo es Buena Noticia de salvación y de liberación.[10] Un énfasis notable del tiempo cuaresmal es el de caminar hacia la libertad pascual, histórica y trascendente. Las lecturas de este domingo nos ofrecen juiciosos elementos para discernir nuestra vida en este sentido y para apreciar la consistencia de la crítica de Jesús a la religión de su tiempo. Sea esta una excelente oportunidad para nuestro proceso de conversión a la genuina religiosidad y espiritualidad que nace del Evangelio.

El texto central viene con el evangelio, narrando la conocida escena en la que Jesús, con ira santa, expulsa a los vendedores y cambistas del Templo de Jerusalén. Conocemos bien su postura ante la religión judía de su tiempo, sus frecuentes encuentros y desencuentros con los jefes judíos, para denunciar la inconsistencia de su modelo, basado en la interminable minuciosidad de cumplimientos y observancias, con la correspondiente actitud de autojustificación, desconocedora de la gratuidad de los dones del Señor. Llama la atención sobre los excesos alienantes de ciertas mentalidades y prácticas religiosas: “Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas y dijo a los vendedores de palomas: saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” .[11]

Juan sitúa la expulsión de los vendedores y cambistas al comienzo del ministerio público de Jesús. Esta actitud expresa la abolición de todo el sistema sacrificial del culto antiguo, dando paso a una novedosa manera de relación entre Dios y la humanidad, caracterizada por el amor que libera, por la solidaridad entre los hombres, por la práctica de la justicia, superando el esquema “mercantil” de querer comprar el favor de Dios aplacándolo con sacrificios rituales: “No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” .[12]

Los evangelistas llaman a esta conducta “proceder con autoridad”. Los sacerdotes del Templo, los maestros de la ley y los escribas, detentaban el poder religioso, eran los jefes del culto, los intérpretes autorizados de la ley, los directores de la conciencia y conducta del pueblo.[13] Jesús no tiene este tipo de poder, lo suyo es “autoridad en el Espíritu ” procedente de Dios, que no es para dominar y establecer un nuevo sistema de leyes de religión, sino para inaugurar con su Buena Noticia el tiempo de esperanza que redime de toda esclavitud. Los judíos solicitan justificación de su proceder: “¿Qué signos nos das para obrar así?” ,[14] con su respuesta: “Destruyan este Templo y en tres días lo volveré a levantar”, [15] no alude a un tiempo cronológico sino al significado redentor del templo de su cuerpo. Sólo después de la resurrección los discípulos y las primeras comunidades cristianas comprendieron el significado de aquellas palabras.

El simbolismo de la revelación mesiánica de Jesús es resaltado en la confrontación con el Templo, este es el punto de partida de la nueva identidad de la fe. El templo de Jerusalén es el símbolo central del poder, gloria de la nación judía. El evangelio se vale del simbolismo del látigo para significar la fuerza con la que irrumpe la era mesiánica, con su actitud él arroja de este nuevo espacio profético a los comerciantes religiosos y a quienes encarnan este poder ominoso. Así, declara la invalidez del culto de los potentados y la infamia de utilizar a Dios como justificación de su conducta explotadora.

Jesús escandaliza porque su modo de proceder no se inspira en el poder religioso, tampoco en el político, sino en lo que con Pablo conocemos como la locura de la cruz, desafiante de todos los poderes humanos: “Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres” .[16] Este templo es casa del mercado y allí el Dios es el dinero. Al llamar a Dios mi Padre lo saca del ámbito excluyente del templo y lo pone en una relación familiar, de cercanía misericordiosa. La relación se desacraliza y se familiariza. En la casa del Padre no caben ni el comercio ni la explotación, es casa-familia-hogar que acoge a todos los que necesitan reconocimiento, amor, dignidad, afecto, reivindicación, justicia, sentido de vida y salvación. Jesús da un paso más en esta confrontación radical al proponerse él mismo como santuario de Dios. En su reino no se requieren templos sino cuerpos vivos, estos son los nuevos templos, existenciales, experienciales, plenos de la vitalidad del Padre, porque él propone una humanidad restaurada a partir del principio de la ultimidad de la vida en cuerpos que viven con dignidad. Sobre esta base radica la esperanza de que es posible otra manera de vivir, otra manera de creer.

Cuando Yavé, en el libro del Éxodo dice: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. No tendrás otros dioses delante de mí”,[17] está haciendo la más definitiva afirmación del carácter liberador de su plan para el ser humano, tipificado en el pueblo israelita que se sacude del dominio del faraón para retornar a su tierra prometida, espacio de la libertad y de la dignidad. El Dios único, revelado en Jesucristo, es el aval de la liberación y de la salvación de la humanidad. Con Jesús, es imperativo liberarse de la falsa religión para acoger su oferta de adorar al Padre en espíritu y en verdad.[18]

 

 

[1] GUERRA GOMEZ, Manuel. Historia de las Religiones. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999. LUCAS, Juan de Sahagún. Fenomenología y Filosofía de la Religión. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999. KUNG, Hans. En busca de nuestras huellas: la dimensión espiritual de las religiones del mundo. Debate. Barcelona, 2004. KNITTER, Paul F. Introducción a las Teologías de las Religiones. Verbo Divino. Estella, 2007. PIKAZA, Xabier & AYA, Abdelmumin. Diccionario de las tres Religiones: Judaísmo, Cristianismo, Islam. Verbo Divino. Estella, 2009. PÉREZ PRIETO, Victorino. La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II. Verbo Divino. Estella, 2014.

[2] MURCIA SERRANO, Inmaculada. De Dios y lo sublime. En Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas volumen 30 número 98; páginas 137-160. Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Ciudad de México, 2018. ROBLES ROBLES, J. Amando. Repensar la religión: de la creencia al conocimiento. Universidad Nacional de Costa Rica. San José, 2011. GELABERT BALLESTER, Martín. Las religiones, inspiradoras de humanización. En Veritas volumen I número 14; páginas 143-157. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, 2006. PÉREZ ZAFRILLA, Pedro Jesús. Etica de los creyentes. En Veritas número 24, páginas 115-136. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, marzo 2011.

[3] COMTE-SPONVILLE, André. El alma del ateísmo: introducción a una espiritualidad sin Dios. Paidós .Barcelona, 2008. MESLIER, Jean. Memoria contra la religión. Laetoli. Pamplona, 2010. ROYO HERNANDEZ, Simón. Friedrich Nietzsche y el cristianismo: de la crítica de la religión a la muerte de Dios. En https://www.monografias.com/trabajos-pdf901/nietzsche-cristianismo-critica/nietzsche-cristianismo-critica.pdf TORRALBA, Francesc. Los maestros de la sospecha. Fragmenta. Barcelona, 2013. PUENTE OJEA, Gonzalo. Ateísmo y religiosidad. Siglo XXI. Madrid, 1997. HABERMAS, Jürgen & RATZINGER, Joseph. Entre razón y religión. Fondo de Cultura Económica FCE. Ciudad de México, 2008. RICOEUR, Paul. Freud: una interpretación de la cultura. Siglo XXI Editores. Ciudad de México, 2003. VÁZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios. Itinerario de un agnóstico. Trotta. Madrid, 2021. ARMSTRONG, Karen. Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Tusquets. Barcelona, 2004.

[4] 1818-1883

[5] 1804-1872

[6] 1856-1939

[7] 1844-1900

[8] DIAZ ARDILA, Jorge Aurelio. Reflexiones en torno al concepto de religión. En Estudios de Filosofía número 51 , páginas 27-43. Universidad de Antioquia. Medellín, junio 2003. TAMAYO ACOSTA, Juan José. Para comprender la crisis de Dios hoy. Verbo Divino. Estella, 2001. REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Ateos de qué Dios? Número 337. Verbo Divino. Estella, septiembre 2010. HAUGHT, John F. Dios y el nuevo ateísmo. Una respuesta crítica a Dawkins, Harris y Hitchens. Sal Terrae. Santander, 2012. RUSTER, Thomas. El Dios falsificado. Una nueva teología desde la ruptura entre cristianismo y religión. Sígueme. Salamanca, 2011. DUQUE, Joao. Manuel. El Dios ocultado. En busca de un diálogo crítico con la sociedad . Sígueme. Salamanca, 2017. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. El encuentro con Dios. Caparrós Editores. Madrid, 1995. ESTRADA, Juan Antonio. Las muertes de Dios. Ateísmo y espiritualidad. Trotta. Madrid, 2018.

[9] 1 Corintios 1: 22-25.

[10] DUCQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1985. GIL ARBIOL, Carlos. Jesús profeta: su modo de hacer historia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 11 de noviembre de 2014. SANDERS, E.P. Jesús y el judaísmo. Trotta. Madrid, 2004. CASTILLO, José María. Declive de la religión y futuro del Evangelio. Desclée de Brower. Bilbao, 2023. ESCUDERO FREIRE, Carlos. Jesús y el poder religioso. Nueva Utopía. Madrid, 2003. HORSLEY, Richard A. & SILBERMAN, Neil Asher. La revolución del reino. Cómo Jesús y Pablo transformaron el mundo antiguo. Sal Terrae. Santander, 2005. WRIGHT, N. Thomas. El desafío de Jesús. Desclée de Brower. Bilbao, 2003. PIKAZA, Xabier. Sistema, libertad, Iglesia; Instituciones del Nuevo Testamento. Trotta. Madrid, 2001.

[11] Juan 2: 13-16

[12] Juan 2: 16. PIKAZA, Xabier. Dios o el dinero. Sal Terrae. Santander, 2019. ALVAREZ VALDÉS, Ariel. Por qué mataron a Jesús? En Cuestiones Teológicas volumen 34, número 82; páginas 495-502. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, junio-diciembre 2007. CASTILLO, José María. La ética de Cristo. Desclée de Brower. Bilbao, 2005. GIL SOLDEVILLA, Samuel. Teología del Templo en el Nuevo Testamento: deslocalización y desplazamiento hacia el Templo del Espíritu. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/61486216.pdf EDERSHEIM, A. El templo: su ministerio y servicios en tiempos de Cristo. Clie. Barcelona, 2014. ANGULO ORDORIKA, Ianire. La acción de Jesús en el templo. Un ejemplo de la presencia del Antiguo Testamento en Juan. En Reseña Bíblica número 95, páginas 23-31. Asociación Bïblica Española. Verbo Divino. Estella, 2017. BERNABÉ, Carmen. Jesús y el templo. En https://www.es.scribd.com/document/455200251/Jesu-s-de-Nazaret-y-el-templo-pdf ESCALANTE, Marcelo. “El celo de Jesús”. Acercamiento a al episodio de la purificación del templo en el evangelio de Juan . En Reflexiones Teológicas número 10; páginas 73-85. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2012.

[13] GONZALEZ FAUS, José Ignacio. La autoridad en Jesús. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1261/RLT-1990-020-D.pdf SANCHEZ, Luis. La Exousía y su manantial (Exousía del griego: autoridad espiritual y libertad de espíritu, así se refieren los evangelistas a Jesús);páginas 97-116. En GRANADOS, Juan Antonio & GRANADOS, Luis (Editores). Autoridad: el origen que nos hace crecer. Didaskalos. Madrid, 2023.

[14] Juan 2: 18

[15] Juan 2: 19

[16] 1 Corintios 1: 25

[17] Exodo 20: 2-3

[18] GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Memoria subversiva, memoria subyugante (Presentación de Jesús de Nazaret). Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2014. FERNANDEZ, Samuel. El carácter universal, único y definitivo de Jesús de Nazaret en los inicios de la cristología. En Teología y Vida volumen XLIX, páginas 115-142. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2008. PIKAZA, Xabier. La nueva figura de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2003.

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