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“Así que Jesús andaba por toda Galilea anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios”

Comunitas Matutina

Domingo V del Tiempo Ordinario Ciclo B. 04 de febrero 2024

Lecturas:

  1. Job 7: 1-7
  2. Salmo 146: 1-6
  3. 1 Corintios 9: 16-23
  4. Marcos 1: 29-39

 

La vida del ser humano es un contraste, un permanente ejercicio dialéctico entre la apasionada búsqueda de la felicidad y del sentido, y la inevitable fragilidad que reviste diversas formas y momentos; desde una enfermedad ligera hasta la misma muerte, pasando también por los fracasos, el vacío existencial, las rupturas afectivas, las pérdidas. Los seres humanos vivimos siempre en ese vaivén. Algo muy radical de eso hizo decir al autor del libro de Job – primera lectura de este domingo -, expresiones como la siguiente: “La vida del hombre aquí en la tierra es la de un soldado que cumple su servicio, la de un esclavo que suspira por la sombra, la de un peón que espera con ansia su salario. Me ha tocado vivir meses enteros de desengaño, noche tras noche de sufrimiento. Me acuesto y la noche se me hace interminable; me canso de dar vueltas hasta el alba, y pienso: cuándo me levantaré” [1]. La tendencia existencialista de la filosofía que floreció en el siglo XX después del dolorosísimo desengaño causado por las dos guerras mundiales, tomó la bandera de este pesimismo existencial,[2] que entre nosotros tuvo su versión con el conocido movimiento nadaísta, encarnado principalmente en la obra de Gonzalo Arango.[3]

Autores como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Franz Kafka, Emil Cioran, recogieron las expresiones densas y lastimeras de una generación desencantada, que –decepcionada por el poder destructor de la guerra y por la omnipotencia de las tiranías– no vislumbraba horizontes de significado para sus aspiraciones de vivir con sentido y esperanza. Esta tendencia filosófico-literaria es un grito desesperado ante las innumerables tragedias y crisis que padecemos los humanos, cuando no se vislumbran horizontes de superación de las mismas, cuando parece que todo el proyecto vital se ha echado a perder. En el mundo del psicoanálisis y de la psicoterapia son innumerables los estudios, las formulaciones teóricas y las prácticas terapéuticas que contribuyen a sanar este conocido y dramático problema de la “angustia existencial”. [4] ¿Cómo formulan la literatura colombiana, nuestras artes en general, el pensamiento crítico, la tragedia a la que se han visto sometidos durante años interminables tantos conciudadanos de este país?

El libro de Job es el gran testimonio bíblico que reflexiona sobre el problema del mal, personalizándolo en un ser justo y honesto –Job– hombre de gran rectitud y muy respetado por los suyos, a quien sobrevienen un sinfín de pérdidas y sufrimientos. El texto –una joya de la sabiduría de Israel– va describiendo las diversas etapas del proceso, los amigos y consejeros que le tratan de persuadir para que se rebele ante Dios y proteste por las injusticias que padece, el discernimiento que sucede en su interior y la final experiencia de libertad que le permite asumir el significado trascendente de la experiencia de Dios que responde a sus grandes interrogantes de sentido. El libro de Job no es un relato histórico en el sentido en que hoy lo entendemos sino una gran formulación sapiencial que interpreta las grandes cuestiones de la humanidad en torno al problema de la muerte, del mal, del vacío existencial. Es un bellísimo texto que debe ser de lectura y reflexión obligada para todo ser humano que tome en serio las razones fundamentales de su vida.[5]

La solución final a este asunto tan humano, tan definitivo, tan esencial en nuestra condición, no pueden ser “paños de agua tibia”, respuestas flojas, desencarnadas, irreales, a menudo propiciadas por las mismas religiones, sino una configuración radical del ser humano, un ejercicio de seriedad espiritual-humanista, que modele nuestra entereza, que –sin ignorar el dramatismo del sufrimiento y su carácter inevitable– nos haga consistentes teologalmente para asumir esa realidad con el temple propio de quienes son forjados en esto por el mismo Dios. Decimos esto con amor inmenso por la fe cristiana y sus expresiones, pero también con sentido crítico, porque a menudo las respuestas que se ofrecen a quienes viven situaciones dramáticas adolecen de gran superficialidad, eso que en lenguaje coloquial llamamos “contentillos”, ofertas que no configuran al ser humano en una auténtica espiritualidad sino rituales de afán, con pretensiones mágicas que no tienen nada que ver con el mensaje original del Señor Jesús.[6] Esta precariedad humana, esto tan propio nuestro, ineludible dramatismo, ha de ser condición de posibilidad para una extraordinaria madurez de vida en el Espíritu, para nuestra responsabilidad ética, para el realismo esperanzado que debe caracterizar nuestro talante de seguidores del Señor Jesús y de gentes de la Iglesia, discípulos del Evangelio.

En el ministerio de Jesús es destacada su conexión con el dolor y las crisis de sus paisanos, él conecta sensiblemente en un ejercicio de la más genuina cercanía con enfermos, abandonados, solitarios, vulnerados y vulnerables, excomulgados, fracasados, es el ministerio teologal por excelencia: “Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en casa con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, y tomándola de la mano, la levantó; al momento se le quitó la fiebre y comenzó a atenderlos”. [7]Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron todos los enfermos y endemoniados a Jesús, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían”. [8] El mismo, en diversos momentos de su vida, experimenta en el dolor, la ignominia, las afrentas, hasta el supremo sacrificio de la cruz. Consecuencia obvia de encarnarse en el ser humano, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, Jesús asume en su propio ser el sufrimiento máximo, siguiendo la máxima de san Ireneo de Lyon:[9]lo que no se asume no se redime”. Jesús siente en el abandono, la humillación, la injusticia en grado superlativo, la muerte cruenta, el escarnio, nunca en condición de masoquismo ni de un Dios sádico que se complace en tamaño drama, sino en las más amorosa y condolida compasión salvífica con el género humano. Esto lo hace explícito en su servicio compasivo a todos los desheredados de la tierra, y se constituye en elemento normativo para todo el que quiera seguir su camino.[10]

El evangelio de este domingo sigue en ese contexto de inicio de la misión de Jesús, destacando esas características de compasión y misericordia, también del anuncio del reino que es garantía de esperanza para todos los tradicionalmente afectados por el desprecio de los poderosos y de las instituciones que representan, un servicio –el de Jesús– infatigable en su tarea de hacer viable y visible a los humanos la misericordia de Dios: “Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios”. [11] Él no trabajaba de memoria, lo suyo es de esencial impronta teologal, de ahí su intimidad con el Padre, su necesidad de retirarse a la contemplación para beber en el misterio del mismo Dios, su propio ser, el aval de su servicio: “De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario”. [12]

En la espiritualidad del Señor Jesús la contemplación y la acción son binomio de mutua implicación, ver la realidad, captar el dolor y la necesidad de sus prójimos, sus expectativas de salvación y liberación, y llevarlo a la comunión honda con el Padre.[13] El cristianismo no puede ser unilateral separando las dos dimensiones, o haciendo énfasis en una sola de las mismas, el discipulado se define por la acción apostólica de servicio al ser humano que reclama esperanza y por el encuentro orante con Dios para recibir del “conocimiento interno” y la gracia para el servicio que sana y redime.

Habituado el pueblo de ese tiempo a ser utilizado y manipulado por sus dirigentes, también severamente maltratados, encuentran una señal sorprendente que los dispone a la sorpresa de Dios, a ser reconocidos, a ser tratados con humanidad, con delicadeza, sintonizando con sus carencias y apreciando sus inmensos valores. Jesús se hace cargo de esa realidad, porque él hace próximo a Dios constituye a esos hermanos como prójimos entre sí, y también del Padre: “Vamos a los otros lugares cercanos, también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido”. [14]

[1] Job 7: 1-4

[2] PRINI, Pietro. Historia del existencialismo de Kierkegaard a hoy. Herder. Barcelona, 1992. FLYNN, Thomas. Existencialismo: una introducción muy breve. Oxford University Press. Oxford, 2010. BELAVAL, Yvon. La filosofía del siglo XX (volumen X). Siglo XXI Editores. Ciudad de México, 1981. ROMÀN MALDONADO, Carlos Eduardo. Contradicciones del sistema y mundo de la vida desde un tiempo acelerado. En Revista Colombiana de Ciencias Sociales, volumen 7, número 1; páginas 114-130. Universidad Católica Luis Amigó. Medellín, enero-junio 2016. AVILA CRESPO, Remedios. Metafísica y nihilismo. Una reflexión sobre las contradicciones de nuestro tiempo. En https://www.digibug.unigr.es/bitstream/handle/10481/13769/G05_04Remedios_Avila_Crespo.pdf?sequence=10 KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la angustia. Alianza Editorial. Madrid, 2013; Temor y Temblor. Losada. Buenos Aires, 2008. LANGLE, Alfred. La búsqueda de sostén. Análisis existencial de la angustia. En Terapia Psicológica volumen 23, número 2; páginas 57-64. Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Santiago, diciembre 2005. GOÑI, Carlos. El filósofo impertinente. Kierkegaard contra el orden establecido. Trotta. Madrid, 2013. ARENDT, Hannah. La condición humana. Paidós. Buenos Aires, 2009. MAY, Rollo. ¿Qué es el dilema del hombre? Respuestas a los problemas del amor y de la angustia. Gedisa. Barcelona, 2000. SARTRE, Jean Paul. El ser y la nada. Losada. Buenos Aires, 1993. FRANKL, Viktor. Ante el vacío existencial. Herder. 2004.

[3] 1931-1976; líder del movimiento nadaísta en Colombia. CADAVID, Juan José. Nadaísmo: la expansión del arte negativo en Colombia. En https://www.gonzaloarango.com/documentos/cadavid-juan-jose-1.pdf ARANGO, Gonzalo. Obra negra. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1974. Arbeláez, Jotamario. Nada es para siempre. Aguilar. Bogotá, 2002. ESCOBAR, Eduardo. Nadaísmo crónico y otras epidemias. Arango Editores. Bogotá, 1991. ROMERO, Armando. El nadaísmo colombiano. Tercer Mundo. Bogotá, 1988.

[4] A propósito de esta reflexión siempre es pertinente recordar al psicoterapeuta Viktor FRANKL, austríaco, quien padeció en carne propia los horrores de los campos de concentración en la segunda guerra mundial. Su trabajo clínico, conocido como logoterapia, es uno de los más valiosos aportes de la psicología a la modelación del ser humano sufriente en perspectiva de sentido y de experiencia de Dios.

[5] MORLA, Víctor. Libro de Job: recóndita armonía. Verbo Divino. Estella, 2016. KOU, Lim. Entendiendo a Job. Reflexiones sobre sobre el sentido y el propósito del sufrimiento de Job. En https://www.godandtruth.com/PDF/gat_book_entendiendoajob.pdf TREBOLLE, Julio & POTTECHER, Susana. Job. Trotta. Madrid, 2011. ARENS, Eduardo. Job o la teología desde la dignidad humana. Anotaciones imprescindibles. En Theologica Xaveriana volumen 60, número 170; páginas 372-394. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2010. GUTIERREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente: una reflexión sobre el libro de Job. Sígueme. Salamanca, 2006. SCHOKEL, Luis Alonso & SICRE, José Luis. Job. Comentario teológico y literario. Cristiandad. Madrid, 1983. GONZALEZ, Ángel. El problema del mal: testimonio de Job. En https://www.repositorio.sandamaso.es/bitstream/123456789/3996/1-07-Gonzalez.pdf NEGRO, Jorge. El libro de Job. Una aproximación al problema del mal (El mal como constitutivo de lo humano). En https://www.jornea.blogs.uv.es/archivos/44 RAMOS, Alejandro. Job y el sentido del sufrimiento. Universidad Fasta Ediciones. Mar del Plata, 2018. PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Salvifici Doloris sobre el sentido del sufrimiento. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984. VARONE, Francois. El Dios sádico: ¿ama Dios el sufrimiento? Sal Terrae. Santander, 1988.

[6] ALONSO LASHERAS-RIVER0, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral. Una propuesta pastoral desde un Dios “todo-debilidoso”. Trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Teología Moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. PAPA BENEDICTO XVI. Discurso en el campo de concentración de Auschwitz. 28 de mayo de 2006. BOFF, Leonardo, Pasión de Cristo, pasión del mundo. Sal Terrae. Santander, 1987. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión. Sígueme. Salamanca, 1983. BUSTO SAIZ, José Ramón. ¿El sufrimiento , roca del ateísmo o ámbito de la revelación divina? Lección Inaugural del curso académico 1998-1999. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1998. GRESHAKE, Gisbert. ¿Por qué el Dios del amor permite que suframos? Sígueme. Salamanca, 2008.

[7] Marcos 1: 29-31;

[8] Marcos 1: 32-34

[9] 140-202 D.C. Obispo de Lyon (Francia), uno de los teólogos más destacados del segundo siglo del cristianismo, fue esforzado luchador contra la herejía proveniente del gnosticismo, que propendía por un cristianismo ahistórico y desencarnado. Es fuerte en su teología la convicción de la encarnación del Verbo, con todo lo que esto tiene de humanización, experiencia histórica de Dios, realismo.

[10] GONZÀLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Jesucristo, soledad y compañía. Sígueme. Salamanca, 2016. SOLANO PINZÓN, Orlando. GARAVITO VILLARREAL, Daniel. Una aproximación teológica al seguimiento de Jesús desde la inteligencia sentiente. En Perseitas, volumen X, páginas 27-52. Universidad Católica Luis Amigó. Medellín, 2022. SOBRINO, Jon. El principio misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Sal Terrae. Santander, 1992. PAPA FRANCISCO. El nombre de Dios es misericordia. Planeta. Barcelona, 2016. PIKAZA, Xabier & PAGOLA, José Antonio. Entrañable Dios. Las obras de misericordia: hacia una cultura de la compasión. Verbo Divino. Estella, 2016. KASPER, Walter. La misericordia, clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2012. PAGOLA, José Antonio. La alternativa de Jesús. En https://www.mercaba.org/ARTICULOS/A/alternativa_de_jesus_la.htm

 

[11] Lucas 1: 39

[12] Marcos 1: 35

[13] FEDERACION LUTERANA MUNDIAL. Diaconía: la transformación en las manos de Dios. Federación Luterana Mundial. Ginebra, 2017. ESPINOSA ARCE, Juan Pablo. La diakonía de Jesús: el arte de lavar los pies. En https://www.es.scribd.com/documents/427068943/La-Diakonia-de-Jesus FERGUSSON, Chris & ORTEGA, Ofelia. Diakonía ecuménica. Consejo Latinoamericano de Iglesia CLAI. Quito, 2006.

 

[14] Marcos 1: 38

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