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“Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: lo quiero, queda purificado”

Comunitas Matutina

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

Lecturas:

    1. Levítico 13: 1-2 y 44-46
    2. Salmo 31
    3. 1 Corintios 10: 31 a 11:1
    4. Marcos 1: 40-45

El ministerio público del Señor Jesús es esencialmente sanador, purificador, dador de vida, reconfigurado de todo lo que en nosotros puede estar afectado negativamente por el sufrimiento, por el fracaso, por el pecado mismo, por la injusticia que unos cometen gravemente en contra de muchos. El primer capítulo del evangelio de Marcos nos ilustra con elocuencia sobre este rasgo de su misión. Eso marca una pauta determinante para toda su vida pública:  su encuentro con los enfermos, con los aquejados por dolores y padecimientos de toda índole, con los pecadores y condenados morales, es comunicador de la esperanza en un Dios que redime y rescata al ser humano de sus aflicciones y de todo aquello que lo disminuye. Por eso decimos que el Evangelio es BUENA NOTICIA, ese es el sentido etimológico de esa palabra, el mismo Jesús es el Evangelio en persona, él es la Buena Noticia de Dios para la humanidad. [1]

En el evangelio de este domingo hay un detalle profundamente aleccionador: Jesús acoge-sana-incluye a un enfermo de lepra: “Un hombre, enfermo de lepra, se acercó a Jesús y le dijo: Si puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús tuvo compasión de él, lo tocó con la mano y dijo: ¡quiero, queda limpio! Al momento se le quitó la lepra al enfermo y quedó limpio.” [2]  No olvidemos que la lepra era una enfermedad que en esa cultura judía del tiempo de Jesús era vista como maldición de Dios por los muchos y gravísimos pecados de quien la padecía. Las leyes religiosas eran tajantes e inflexibles en declarar como impuro, en lo religioso y en lo social, al enfermo de lepra; además, estaba prohibido tener trato con el leproso, so pena de quedar también excluido de la comunidad religiosa y civil. ¡Era la exclusión canonizada y sacralizada! Este modo de pensar y de proceder se remonta a los tiempos del antiguo Israel, como lo señala la primera lectura de hoy: “Cuando alguien tenga hinchazones, erupciones, o manchas en la piel del cuerpo, o llagas que parezcan de lepra, deberá ser llevado al sacerdote Aarón o a uno de los sacerdotes descendientes de él. El sacerdote deberá examinar la llaga en la piel, y si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco y la llaga se ve más hundida que la piel, seguramente es llaga de lepra. Luego que el sacerdote haya examinado a esa persona, la declarará impura”. [3]

A menudo, en conversaciones con personas en crisis de sentido, también en honesta búsqueda del mismo, surge la cuestión: ¿por qué un salvador? ¿Acaso los seres humanos no podemos, mediante nuestra inteligencia y voluntad, conferir un significado definitivo a nuestra existencia? Es la cuestión por excelencia. No vamos a dar una respuesta ingenua pero sí a verificar en la experiencia cotidiana, especialmente de las llamadas situaciones-límite, que hay realidades que nos desbordan: no podemos superar por nosotros mismos el enigma de la muerte, el problema del mal nos resulta avasallador, los continuos atentados humanos en contra de sus semejantes igualmente nos superan, la capacidad humana de libertad frecuentemente la emprende en negaciones de su dignidad misma y de negación de la trascendencia.

Entonces es cuando, “apretados” por tan contundentes realidades, nos descubrimos asumidos amorosamente por un Dios que interviene, siempre en plan de salvación, de liberación, de salud plena, de amorosa dedicación a redimirnos de tan abrumadora contingencia. [4] El ser humano no es la medida de sí mismo, hay una necesidad ontológica del Totalmente Otro, de una absolutez que nos redime de nuestra extrema relatividad. Ahí surge Jesús en su acción salvadora y liberadora.

El hecho puntual de la sanación de este leproso, debidamente universalizado, nos ilustra sobre la pecaminosa tendencia humana a segregar y excluir por razones de tipo étnico, social, religioso, ideológico, económico, político. Sirva esta referencia al significado dado a la lepra para hacernos conscientes del fundamentalismo excluyente que aún hoy, en estos tiempos de tanta sensibilidad ante la libertad y ante la inclusión, para constatar este viejo y abominable modo de proceder. Con su conducta acogedora Jesús lo rechaza enfáticamente. [5]

La historia de la humanidad sobreabunda en hechos de esta naturaleza, todos ellos causantes de extremo sufrimiento y degradación de quien los padece: ¿recuerdan ustedes el genocidio sucedido en Ruanda a mediados de los años noventa cuando la etnia hutu se empeñó en el exterminio de la etnia tutsi, con el triste resultado de un millón de asesinatos?  [6] ¿Recuerdan ustedes la persecución en contra de los judíos durante la segunda guerra mundial, por parte del régimen de Adolfo Hitler? ¿Tenemos presentes las abominables segregaciones raciales como la de Estados Unidos y Sudáfrica en contra de las comunidades negras? ¿Qué decir del lamentable estado de abandono en el que viven las comunidades negras del Pacífico colombiano? ¿Somos sensibles ante el maltrato sistemático a las etnias minoritarias en tantos lugares del mundo, la homofobia y las persecuciones de tipo religioso, las interminables decisiones de seres humanos, enceguecidos por la violencia y el sectarismo, que proscriben a sus semejantes a la muerte, a la miseria, a la marginación de forma permanente?  Se invocan “razones” de tipo religioso, de pretendida superioridad racial de unos sobre otros, de juicio moral, de venganzas y cobros de cuentas ancestrales.

También en tiempos de Jesús se vivía el escándalo de estas exclusiones. Las lecturas de este domingo nos lo muestran yendo en contravía de esas determinaciones lideradas por la institución religiosa judía.[7] En el imaginario de la época la lepra era la patología que se veía como más contagiosa y plena de impureza, la rígida normativa excluía a los enfermos de la vida social: “La persona afectada de lepra llevará la ropa desgarrada y los cabellos sueltos; se cubrirá hasta la boca e irá gritando: impuro, impuro! Será impuro mientras dure su afección. Por ser impuro, vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento” .[8] El enfermo de lepra era un muerto en vida.

Aquí mismo en Colombia recordamos cómo – a finales del siglo XIX y buena parte del XX – las leyes del estado confinaban a los afectados por esta enfermedad  en tres poblaciones: Contratación (Santander), Agua de Dios (Cundinamarca), Caño de Loro (Bolívar), ir allí era un exilio definitivo, apartados para siempre de los suyos, como en campo de concentración, y con restricciones convertidas en leyes que hacían más violento y doloroso ese destierro.[9] La historia de San Damián de Veuster, el Padre Damián, es una conmovedora narrativa de servicio y misericordia con estos enfermos rechazados y olvidados de la sociedad, en la isla de Molokai, en el pacífico sur.  [10]

El estilo de Jesús es radicalmente opuesto a todo tipo de exclusión,  nos exige confrontar nuestros “mapas mentales”, aquellas categorías con las que injustamente clasificamos a la gente, dominados por prejuicios e imaginarios que nos “educan” para excluir y condenar: los ataques cruentos e incruentos a la población LGBT, el acoso  que se hace a quienes no cumplen con los indicadores de “normalidad”,  y las grandes determinaciones  que resuelven crear categorías de gentes superiores e inferiores. Jesús, en su conducta compasiva y misericordiosa, es la necesaria sacramentalidad de Dios que se hace uno de nosotros para llevarnos hacia Él.

Aquellos a quienes el papa Francisco llama “descartados” por los sistemas de dominación del mundo. [11]  Se compadece, entra en contacto directo con el enfermo, lo toca, hace suyo este drama, rompe la rigidez de la norma religiosa, salta la ley que margina y excluye, pone al ser humano como criterio fundante de su comportamiento, confronta la intransigencia de su propia religión, está a favor de la vida, de la felicidad, del reconocimiento de la dignidad de cada ser humano. La vida y las personas por encima de la ley, nunca al revés. Después de la curación, le pide silencio al recién sanado – lo que conocemos como “secreto mesiánico” en el evangelio de Marcos – y lo envía al sacerdote como signo de inclusión en la dinámica social: “Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio” .[12]  Con este proceder Jesús se refiere a la voluntad de Dios que desea y aún puede actuar por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos. No es anarquía, es la prioridad salvífica de Dios.

El feliz curado no hace caso de la recomendación, rompe el silencio, y pregona con entusiasmo su experiencia de liberación. No se sirve de la mediación sacerdotal para anunciar su nuevo estado de vida, sino que se auto incluye y decide él mismo proclamar la Buena Noticia: “Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse fuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes” .[13] El suyo es un relato elocuentísimo del proceder de Dios en Jesús: bendice, incluye, acoge, abraza, sana, purifica, perdona, salva.

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 

 

[1] ORIOL TUÑÎ. Josep. El Evangelio es Jesús. Verbo Divino. Estella, 2023. PAGOLA, José Antonio. La Buena Noticia de Jesús.  Comentarios al Evangelio de Marcos para descubrir un Jesús vivo y concreto. PPC. Madrid, 2017. GRUPO EDITORIAL VERBO DIVINO. Evangelio según San Marcos. Buena Noticia para el discípulo misionero. Verbo Divino. Estella, 2020. PIKAZA IBARRONDO, Xabier. Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2012. DELORME, Jacques. El Evangelio según San Marcos. Verbo Divino. Estella, 1986. CARDONA RAMÌREZ, Hernán Darío. Jesús de Nazaret en el Evangelio de Marcos. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 2005. GARCÌA MARTÌNEZ, Francisco. Jesús, esperanza humana. Esperanza cristiana bajo un horizonte gris. En Revista Aragonesa de Teología, año XXIX, número 57; páginas 71-99. Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Zaragoza, 2023. PAGAN, Samuel. Jesús de Nazaret: vida, enseñanza y significado. Clie. Barcelona, 2012.

[2] Marcos 1: 40-42 .

[3] Levítico 13: 1-3.

[4] KOLACOWSKI, Leszek. Necesidad de Dios y de la eternidad. En https://www.academia.edu/11050204/Necesidad_de_Dios_y_de_la_Eternidad_Leszek_Kolakowski FRANKL, Viktor. La presencia ignorada de Dios. Herder. Barcelona, 2011; El hombre doliente. Herder. Barcelona, 1987.  PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Spe Salvi La Esperanza que Salva. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007.  BRENTANO, Franz. Sobre la existencia de Dios. Rialp. Madrid, 1979. MARMELADA, Carlos. El Dios de los ateos. Stella Maris. Madrid, 2014.  KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la angustia. Alianza Editorial. Madrid, 1999.  RAHNER, Karl. Oyente de la Palabra. Herder. Barcelona, 1988; Curso Fundamental sobre la Fe. Herder. Barcelona, 1983.  TORRES QUEIRUGA, Andrés. El problema de Dios en la modernidad. Verbo Divino. Estella, 1998.  SPAEMANN, R. El rumor inmortal. La cuestión de Dios y la ilusión de la modernidad. Rialp. Madrid, 2010.  KANT, Emmanuel. La religión dentro de los límites de la mera razón. Alianza Editorial. Madrid, 2001. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 2007.

[5] HERNANDEZ PEDREÑO, Manuel. Exclusión social y desigualdad. Universidad de Murcia EDITUM. Murcia, 2008. VARGAS CORDOBA, Manuel Antonio. La lepra de ayer y de hoy: condición marginal de exclusión y lugar teológico para la actuación de Jesús. Trabajo de grado para optar al título de Magister en Teología. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2016. DOUGLAS, Mary. Las abominaciones del Levítico; en IDEM. Pureza y peligro: un análisis de los conceptos de abominación y tabú. Siglo XXI Editores; páginas 63-81. Madrid, 1973. PAGOLA, José Antonio. Curador de vida, en IDEM. Jesús, aproximación histórica; páginas 159-183. PPC. Madrid, 2012.

[6] REYNTJENS, Filip. El genocidio del tutsi en Ruanda. Universidad de Deusto. Bilbao, 2017. JIMENEZ BURILLO, Florencio. El holocausto nazi. Universidad Oberta de Catalunya UOC. Barcelona, 2007. JOHNSON, E.A. El terror nazi: la Gestapo, los judíos y el pueblo alemán. Paidós. Buenos Aires, 2000. CASOLIVA, J & CARRERO, J. El África de los Grandes Lagos: diez años de sufrimiento, destrucción y muerte. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2000. BRUNETEAUD, Bernard. El siglo de los genocidios: violencias, masacres y procesos genocidas desde Armenia a Ruanda. Alianza Editorial. Madrid, 2006. ZABALA ARGUELLES, María del Carmen (Compiladora). Pobreza, exclusión social y discriminación étnico-racial en América Latina y el Caribe. Siglo del Hombre Editores & CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Bogotá, 2008.

[7] VOLF, Miroslav. Exclusión y acogida: Una exploración teológica de la acogida, la identidad y la reconciliación. Clie. Barcelona, 2022.   PAGOLA, José Antonio. La acogida de Jesús: curador de la vida, defensor de los últimos, amigo de los pecadores. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 y 24 de abril de 2007. MENA OREAMUNO, Francisco. Comentario intercultural al Evangelio de Marcos. Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión. Universidad Nacional de Costa Rica. San José, 2021. PEREZ-SOBA DIEZ DEL CORRAL, José María: Comprender las curaciones de Jesús: reflexiones desde el análisis fenomenológico de las religiones tradicionales. En Revista Española de Teología. Número 58, páginas 35-66. Universidad Eclesiástica San Dámaso. Madrid, 1998. LEON-DUFOUR; Xavier. Los milagros de Jesús. Cristiandad. Madrid, 1987.

[8] Levítico 13: 45-46

[9] MARTINEZ,Abel Fernando & GUATIBONZA, Samuel Alfonso. Cómo Colombia llegó a ser la primera potencia leprosa del mundo: 1869-1916. En Colombia Médica Volumen 36 Número 4. Universidad del Valle. Cali, octubre-diciembre 2005. TOVAR COCK, Álvaro José. La lepra: una enfermedad estigmatizarte, consideraciones éticas. Tesis para obtener el título de Magister en Bioética. Universidad de La Sabana. Chía, 2019. OBREGON TORRES, Diana. Batallas contra la lepra: estado, medicina y ciencia en Colombia. Fondo Editorial Universidad EAFIT. Medellín, 2012. CERVERA, Francesc. Miles de leprosos en Molokai, la isla del olvido. En https://www.historia.nationalgeographic.com.es/a/miles-leprosos-molokai-isla-olvido_16742

[10] COSSU, Salvatore. Padre Damián, el apóstol de los leprosos. Paulinas. Bilbao, 1962.  DE VOLDER, Jan. San Damián de Molokai, un santo para nuestro tiempo. San Pablo. Madrid, 2013. El Padre Damián, de nacionalidad belga, nacido en 1840, religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, fue destinado a la Isla de Molokai, que era un reducto donde habitaban muchos leprosos. Este santo hombre se entregó heroicamente al cuidado de estos prójimos, hasta adquirir la misma enfermedad. Falleció en 1889. Canonizado por Benedicto XVI en 2009.

[11] FRAIJÖ, Manuel. Jesús y los marginados.  Cristiandad. Madrid, 1985. ESCUDERO FREIRE, Carlos. Jesús y el poder religioso: el evangelio y la liberación de los oprimidos. Nueva Utopía. Madrid,2003. SOBRINO, Jon. Resurrección de la verdadera Iglesia: los pobres, lugar teológico de la escatología. Sal Terrae. Santander, 1984. LOIS FERNANDEZ, Julio. Cristianismo y exclusión social. En https://www.ciberiglesia.net/discipulos/02/02teologiasocialexcluidoslois.htm

[12] Marcos 1: 43-44

[13] Marcos 1: 45

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