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«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes»

Comunitas Matutina

Solemnidad de la Santísima Trinidad. Domingo 4 de junio 2023 

Por: Antonio José Sarmiento, SJ

Lecturas

  1. Exodo 34: 4-9
  2. Salmo Daniel 3: 52-56
  3. 2 Corintios 13: 11-13
  4. Juan 3: 16-18

 

En algún libro de caricatura religiosa publicado en los años 80 se presenta a un par de personas en animada conversación sobre temas teológicos; uno de ellos pregunta a su interlocutor: Quien es Dios? Cómo es Dios? Y el aludido, sin rodeos, contesta: Dios es como estar enamorado! ¹ Frase contundente, absolutamente cierta, de gran densidad teológica y humana, que conecta directamente con esta realidad de Dios que profesamos en el cristianismo: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Vale decir, en Dios no hay soledad, es comunión de personas, es amor profundo que trasciende con esa misma energía amorosa hacia todos los seres humanos para llenar nuestra vida de sentido y esperanza, para salvarnos, para participarnos de su vitalidad. Esa es la realidad de nuestro Dios trinitario: una comunidad plena con un Padre-Madre que crea la vida, que se compromete constantemente con sus creaturas, que no nos deja de su mano; un Dios fecundo que se nos hace visible, cercano, histórico, encarnado, en su Hijo, el Señor Jesucristo; es un Dios que fecunda, que nos llena de su vida, que nos hace sabios y capaces de discernir sus proyectos sobre nosotros, el Espíritu Santo. No es esta una compleja abstracción “inventada” por los teólogos sino una felicísima constatación de nuestra fe. Esta amante y amorosa Trinidad es la que la Iglesia reconoce y celebra en este domingo, un Dios enamorado que siempre viene hacia nosotros. ²

El lenguaje sobre Dios es un asunto bien importante. Cuántas veces hemos alejado y provocado rechazos por nuestras presentaciones de Dios que, en el fondo, no son otra cosa que proyecciones de nuestras insuficiencias y cortedades. Dios vengativo, Dios justiciero, Dios vigilante-policía, Dios iracundo, Dios castigador. Ese no es el Dios que se nos ha revelado en Jesús. El nuestro es un Dios misericordioso y compasivo – no permisivo, léase bien! – exigente sí pero siempre resuelto a sacar lo mejor de la condición humana y a propiciar lo nuestro siguiendo el seductor modelo de humanidad que El nos ha propuesto en su Hijo, el Señor Jesús.³

Si algo caracterizó el ministerio público de Jesús fue su revolucionaria comunicación de Dios. En el contexto religioso de ese momento de la historia la imagen que se tenía de la divinidad era la del Dios lejano, ante quien había que postrarse con “temor y temblor”, con la idea de un ser más pronto al castigo y a la condenación que al amor y a la reconciliación. Jesús se presenta como alguien en total intimidad con ese Dios a quien llama Padre, con la característica expresión aramea “Abba”, trato de máximo cariño y proximidad a su progenitor. Un Dios que se abaja en Jesús para transitar entre los desheredados, los condenados morales, los nadie, un Dios que en el ministerio de ese amado Hijo suyo se encarga de restaurar desde lo más profundo a cada ser humano humillado, desconocido, abandonado, vulnerado, un Dios que hace hijos en el Hijo. 

En toda comprensión del ser humano y de la vida que sea saludable el asunto del amor y de la comunión entre unos y otros es indispensable. Varones y mujeres se sienten proyectados a salir de sí mismos, en una apasionante tarea de integración y complementariedad, afirmando con este proceder que nuestra vida es significativa si se hace trascendente en esa relacionalidad 4. Resulta costoso aceptar el fracaso del amor, la soledad no querida, el egoísmo a ultranza que se torna odio, desconocimiento del prójimo, violencia, guerra, ruptura permanente de la solidaridad, predominio brutal de unos sobre otros, racismo, persecuciones, justificación de estas arbitrariedades con teorías deleznables, enmascaradas de argumentaciones “razonables”, pero que, en la práctica, son lo más opuesto a la razón. Una de las causas de mayor sufrimiento es el experimentarse abandonado por los demás, rechazado, desconocido, negado en su posibilidad de vincularse amorosamente, tenido por objeto y no por persona, convertido apenas en un recurso instrumental para lograr intereses abiertamente inhumanos. 

Xavier Zubiri 5 define al ser humano como una inteligencia sentiente 6, quiere decir este filósofo que captamos la realidad, la aprehendemos, la vivimos, en lo que podemos llamar una racionalidad amorosa, de comunión, llamados siempre a trascender en la construcción de vínculos en los que vivimos plenamente nuestra humanidad, lo intelectual-sensorial-afectivo son el trinomio para asumirnos como humanos y para asumir la realidad haciéndola nueva como consecuencia de esta sustancia trascendente que está en la raíz de nuestro ser, impronta clara del amor trinitario en nosotros.

El carácter dramático de algunas actitudes y mentalidades de corte trágico acentúan la soledad, la desconfianza en las posibilidades de un amor definitivo y redentor, y proliferan en afirmaciones angustiadas y desencantadas. Todo este cuadro de descripción formula cuestión de fondo a quienes aspiramos a vivir con sentido y trascendencia, buscando siempre la comunión, los vínculos dadores de vida, el amor en sus muchas posibilidades, no podemos resignarnos a vivir disociados de los demás. La razón determinante es el Dios Trinidad, que nos asume hoy y siempre. 

Un Dios que se revela en la realidad de la historia, que nos participa su identidad y su modo de proceder: “El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados… 7”.  

Ya lo dijimos, Dios es Padre y Madre 8, origen de la vida y dador de ella, principio de todo, cuyo único interés es nuestra plenitud y felicidad, desbordante de amor por todas sus creaturas, experto en configurar seres humanos solidarios, serviciales, amorosos. Recordamos al papa Juan Pablo I 9, cuando en el rezo del Angelus del 10 de septiembre de ese año dijo: “Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos; somos objeto de un amor sin fin por parte de Dios. Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre, también cuando nos parece que es de noche. Dios es padre, más aún, es madre. No quiere nuestro mal; sólo quiere hacernos bien a todos, y los hijos, si están enfermos, tienen más motivos para que la madre los ame. Igualmente nosotros, si acaso estamos enfermos de maldad o fuera de camino, tenemos un título más para ser amados por el Señor”. 10

Un Dios que se hace uno de nosotros, el Hijo, que se implica en todo lo nuestro, aún en sus aspectos más dolorosos y dramáticos, que se inclina misericordioso antes los débiles y humillados, que no estigmatiza a nadie con condenas y excomuniones, que se solidariza con todas las causas humanas de dignidad y de justicia, que nos revela simultáneamente al Padre Dios y al prójimo-hermano: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”. ¹¹

Un Dios que se comunica dándonos la vida suya, el Espíritu Santo, el que nos concede el don de la fe, el de la esperanza, el del amor, la capacidad de discernir su presencia en nuestra historia disponiéndonos para decisiones inspiradas en El, con el fin de construir relaciones justas y fraternas con todos los seres humanos, que propende por que seamos libres con la libertad que nos define como hijos suyos. 

El Dios cristiano no está encerrado en sí mismo, se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo El mismo. A partir de su modo existencial, cercano y directo, Jesús nos enseñó que para experimentar a Dios, el ser humano debe aprender a mirar su interior (Espíritu), mirar amorosamente a los demás (Hijo), mirar confiadamente lo trascendente (Padre) ¹². Este Dios que es sabiduría para captar lo esencial de la vida y constituirse en su soporte, Dios dador del ser, especialista en vida y comprometido a mantener a sus creaturas en esa perspectiva, no escatimando esfuerzos para que seamos siempre vivos, el Dios que da todo de sí – su Hijo – para que la humanidad encuentre su plenitud: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” . ¹³

A modo de síntesis de esta experiencia trinitaria, podemos concluir estableciendo el perfil ideal de este Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos. El nuestro es un Dios compasivo y misericordioso su personalidad es la misericordia, aue reconstruye al ser humano maltrecho por el pecado y por la injusticia; es un Dios que acompaña a su pueblo en la búsqueda de la liberación y de la salvación, la libertad es la gran utopía de Divina; Dios inserto en la historia, en la realidad existencial de los humanos, que se manifiesta en ella y hace de la misma su sacramento: “Pues en El vivimos, nos movemos y existimos”. 14

 

Bibliografía:

¹CORTÉS, José Luis. Un Dios llamado Abba. PPC. Madrid, 1987; Dios y su gente. PPC. Madrid, 2005. El Señor de los amigos. PPC. Madrid, 2002. Un Señor como Dios manda. PPC. Madrid, 1986. Qué bueno que viniste. PPC. Madrid, 1988. Pablo, el de los pueblos. PPC. Madrid, 1997. Teresa, la de Jesús. PPC. Madrid, 1989. Francisco, el buenagente. PPC. Madrid, 1991. Agustín, el del corazón inquieto. PPC. Madrid, 1995. Este autor es un hábil sacerdote caricaturista, en su trabajo reúne un exquisito sentido del humor con un talante evangélico extraordinario, sus dibujos reflejan en lenguaje y trazos sencillos la originalidad amorosa del Dios que se nos revela en Jesús. 

²MOINGT, Joseph. Dios que viene al hombre. Obra en 3 volúmenes. 1. Del duelo al desvelamiento de Dios. 2. De la aparición al nacimiento de Dios: la aparición. 3. De la aparición al nacimiento de Dios: el nacimiento. Sígueme. Salamanca, 2010. LENK, Martin. Buscando a Dios. Paulinas, Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Santo Domingo, 2015. VÁZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios. Trotta. Madrid, 2020. JOHNSON, Elizabeth A. A la búsqueda del Dios vivo. Sal Terrae. Santander, 2008. JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1981. ORTEGA, Jesús. Abba: la espiritualidad de Jesús. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4211/1/Abba%20La%20espiritualidad%20de%20Jesus.pdf LAZCANO, Rafael. Dios, nuestro Padre. Centro Teológico San Agustín. Madrid, 1999. 

³ROJANO, Jesús. Cuidar a Dios: imágenes falsas de Dios. En https://www.catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/01/Cuidar-a-Dios.pdf MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses: un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2013. TRIGO, Pedro. En el mercado de Dios, un Dios más allá del mercado. Sal Terrae. Santander, 2003. RUSTER, Thomas. El Dios falsificado. Una nueva teología desde la ruptura entre cristianismo y religión. Sígueme. Salamanca, 2011. ESTRADA, Juan Antonio. Las muertes de Dios. Trotta. Madrid, 2018. CASTILLO, José María. Humanizar a Dios: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Manantial. Málaga, 2005. SALDAÑA MOSTAJO, Margarita. Humanizar con el Dios que humaniza. En Revista Sal Terrae tomo 110, número 1283, ¹ 981-993. Madrid, diciembre 2022. LIMBURG, Klaus. Dios es amor (Juan 4: 8.16).En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558051.pdf DUQUE, Joao Manuel. El Dios ocultado. Sígueme. Salamanca, 2017. 

4ROUGEMONT, Denis. El amor y occidente. Kairós. Barcelona, 1979. LEPP, Ignacio. Psicoanálisis del amor. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1973. FROMM, Erich. El arte de amar : una investigación sobre la naturaleza del amor. Paidós. Barcelona, 1990. BUBER, Martín. Yo y Tú. Caparrós. Madrid, 1993. ORTEGA Y GASSET, José. Estudios sobre el amor. Revista de Occidente. Madrid, 1960. MOLINA PÉREZ, Sergio. El amor como modo primordial de la existencia. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 47 número 108, páginas 155-166. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2020. LÓPEZ QUINTÁS, Alfonso. El descubrimiento del amor auténtico, claves para orientar la afectividad. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2013. GIANNINI,H. La Metafísica eres Tú, una reflexión ética sobre la intersubjetividad. Catalonia. Santiago de Chile, 2008. VILADRICH, Pedro Juan. CASTILLA DE CORTÁZAR, Blanca. Antropología del amor: estructura esponsal de la persona. Universidad de Navarra. Pamplona, 2019. 

5Pensador español de notable influjo en la filosofía occidental, 1898-1983. Su mayor elaboración es una novedosa filosofía de la realidad histórica, y de la praxis de transformación de la misma en clave de libertad y liberación. Gran discípulo suyo fue el jesuita Ignacio Ellacuría (1930-1989), quien tradujo a la realidad latinoamericana su pensamiento emancipatorio. 

6ZUBIRI, Xavier. Inteligencia sentiente: inteligencia y realidad. Alianza Editorial. Madrid, 1980; Sobre el hombre. Alianza Editorial. Madrid, 1998. 

7Éxodo 34: 5-7

8BOFF, Leonardo. El rostro materno de Dios. Paulinas. Madrid, 1984. CODA , Piero. Dios que dice amor. Ciudad Nueva. Madrid, 2015. GRESHAKE, Gisbert. El Dios Uno y Trino: una teología de la Trinidad. Herder. Barcelona, 2001. VON BALTHASAR, Hans Urs. Sólo el amor es digno de fe. Sígueme. Salamanca, 1990. ZARAZAGA, Gonzalo. Dios es comunión: el nuevo paradigma trinitario. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2004. ZIZIOULAS, Johannis. Comunión y alteridad: persona e Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2009. SARMIENTO, Augusto. El amor de Dios a la vida: para una fundamentación cristiana del amor a la vida. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83583376.pdf ANDRADE, B. Dios en medio de nosotros: esbozo de una teología trinitaria kerigmática. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1999. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est Dios es caridad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. 

91912-1978. De nombre Albino Luciani, sacerdote en 1935, obispo de Vitorio Véneto en 1958, Patriarca de Venecia en 1969, cardenal en 1973. Fue elegido Papa, sucesor de Pablo VI, el 26 de agosto de 1978, falleció repentinamente el 28 de septiembre de ese año, con apenas 33 días de pontificado. 

10PAPA JUAN PABLO I. En el rezo del Ángelus del 10 de septiembre de 1978.

¹¹ Juan 3: 16-17

¹²FERRARA , Ricardo. El misterio de Dios: correspondencias y paradojas. Sígueme. Salamanca, 2005. CABADA CASTRO, Manuel . El Dios que da que pensar. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. La experiencia cristiana de Dios. Trotta. Madrid, 1995. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 2013; El problema teologal del hombre: Dios, religión, cristianismo. Alianza Editorial. Madrid, 2015. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios en América Latina, desde los socialmente insignificantes. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1519/1/RLT-2005-065-A.pdf El Dios de la vida. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1989. ALFARO, Juan. De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 1990. 

¹³Juan 3: 16

14Hechos 17: 28.

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