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«Les propuso esta otra parábola: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo, y se fue (…)»

Comunitas Matutina

Domingo XVI del tiempo ordinario. 23 de julio de 2023

Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Sabiduría 12: 13-19
  2. Salmo 85: 5-16
  3. Romanos 8: 26-27
  4. Mateo 13: 24-30

 

Tentación muy frecuente entre personas religiosas y observantes de la moral es la de no sentirse urgidos por la conversión a Dios y al prójimo, se ven a sí mismas como “salvadas”, en su conciencia albergan la convicción de ser buenos, acompañado todo esto de un complejo de superioridad,[1] que los lleva a despreciar a los “malos” y a tomar posturas de no contaminarse con los prójimos que incurren en fracasos morales. Advertencia crítica nos hace Jesús sobre esto, en la parábola del trigo y la cizaña que nos propone el evangelio de este domingo.[2] Con frecuencia los que se sienten “trigo” son “cizaña”, y estos últimos, en actitud de humilde reconocimiento de sus debilidades, están más abiertos a una auténtica conversión a Dios y al prójimo. Son muchas las personas “buenas”, religiosas que se ensañan con los “malos”: los persiguen, los excluyen, los condenan; son marginados morales[3] que cargan con el estigma que les endilgan los “piadosos”, los que van a misa, los que practican devociones sin cuento, los que se sienten elegidos por Dios. Así, traemos a cuento tantos hermanos que sufren la condena moral por ser homosexuales, por no haber tenido un ambiente de integración humana y emocional que les permitiera una mejor formación ética y espiritual, los que están en las cárceles, las pobres chicas que se ven expuestas a la prostitución ante la falta de oportunidades en materia de estudios y de trabajo. A estos se dirige Jesús con particular sensibilidad de misericordia y compasión, fuerza de Dios que restaura al ser humano desde su interior y lo hace nuevo y agraciado. El Señor es solidario con el pecador, no con el pecado. [4]

Lo que sugieren las parábolas evangélicas es sorprendente, en el mejor sentido de este término, porque trastoca el modo habitual que tenemos para dividir el mundo en buenos y malos, vieja herencia maniquea muy frecuente en medios religiosos. Se trata de algo bien distinto, novedad cualitativa que introduce el mismo Jesús. No olvidemos que todas ellas contienen sus enseñanzas sobre el Reino de Dios y su justicia, su lógica sorprendente que descompone nuestra mentalidad religiosa “clásica” y nos conduce hacia el terreno de la humildad, bajar la cabeza y deponer todos nuestros títulos de soberbia y superioridad.

Olvidamos a menudo que la línea fronteriza entre el bien y el mal pasa por nuestro propio corazón. Si desmenuzamos en fino discernimiento el contenido de la parábola, Jesús está llamando la atención sobre esa “buena conciencia” presumida, tentación farisaica severamente fustigada por él, y nos invita a aquello que también propone el evangelio de Mateo: “No juzguen para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se les juzgará; y la medida con que midan se usará para ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Deja que saque la paja de tus ojos”, si hay una viga en el tuyo?” [5]

La parábola de hoy tiene una sutileza pedagógica notable: el punto de inflexión en la lógica del relato lo encontramos en las palabras del dueño del campo: “dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega”. [6] Lo obvio sería que se dejara arrancar la cizaña apenas se descubriera en el sembrado, para que no disminuyera la cosecha ni se perdiera el trigo. Por eso, la orden del amo, en principio, resulta incomprensible para el sentido común. Este giro de la narración es el que debe hacernos pensar; no es que el dueño del campo haya perdido la sensatez, es que quien relata la parábola quiere hacernos ver la realidad de otra manera.

Una primera conclusión es que en el orden real de la vida espiritual no sólo no se debe arrancar la cizaña, sino que no es posible separarla del trigo. He aquí la jugada maestra de esta enseñanza de Jesús. Con esto, queda desvirtuada la tentación maniquea de apartar malos y buenos, pues resulta que lo bueno y lo malo están en nosotros mismos, la frontera divisoria pasa por nuestro corazón. En el ser humano, en su uso de la libertad, reside esa capacidad que da cuenta de nuestros fallos. Esta es la mejor comprensión del pecado original y originante.[7]

¿Cómo hacernos conscientes de la presencia del mal en nosotros?[8] ¿Cómo asumir que Dios es quien puede liberarnos de las tendencias desordenadas del egoísmo, la injusticia, el afán de lucro material, el deseo de dominar a los demás, la arrogancia, el apetito de poder? ¿Cómo ser realistas, advirtiendo críticamente que en nosotros coexisten la cizaña y la buena hierba? ¿Y cómo desarrollar, a partir de esta constatación, una visión siempre optimista de la condición humana, en la clave de un Dios que al mismo tiempo ejerce su misericordia con ilimitada generosidad pero que también confronta con severidad y nos propone altas exigencias desde la clave de las bienaventuranzas?: “Tu poder es el principio de la justicia y tu señorío sobre todos te hace ser compasivo con todos”. [9]

Confiemos en que la Palabra que se nos propone este domingo nos ayude a hacer claridad sobre estos interrogantes, cuyas respuestas atinadas contribuirán a cualificar nuestra humanidad, con sus correspondientes evidencias de una manera de vivir inspirada por el mejor humanismo trascendente y espiritual. [10]

La primera lectura alude a la historia de pecado de los israelitas, a la idolatría y absolutizaciones en las que incurrieron, dando la espalda a Dios, a sus prójimos, desconociendo lo pactado con Yahvé. Es, por supuesto, retrato de lo que acontece en muchos ámbitos del mundo contemporáneo. ¿Qué hace Dios ante la realidad del pecado? ¿Hacer la vista gorda? ¿Entrar en una ira desaforada y vengarse de este pueblo desleal? O – mejor – dar todo de sí mismo en el ejercicio de la misericordia, propiciando una conciencia crítica de la deshumanización que trae consigo el pecado, ¿y creando las condiciones más saludables para una vida libre en el amor y la justicia?

Propio de la fe cristiana es la esperanza que tiene su aval en el mismo Dios que tiende permanentemente hacia nosotros su mano plena de vitalidad y de constantes señales para que replanteemos nuestros proyectos de vida, cuando estos dejan de lado el amor. Aquella marca original de valor y de optimismo, testimoniada en el Génesis, es esencial en las convicciones de nuestra fe: “Y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó” ,[11] desde ella estamos animados por una visión saludable del ser humano y de su historia, conciencia que no impide la autocrítica juiciosa cuando verificamos los efectos de una libertad que no se ajusta a la abundancia de esa  gratuidad amorosa del Padre.

Vemos en el devenir de la humanidad grandes realizaciones, desarrollos de humanismo y espiritualidad, de vida éticamente valiosa, de creaciones culturales extraordinarias, de búsqueda apasionante del conocimiento para desvelar los más hondos misterios de la realidad y de la naturaleza, de aplicaciones que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los humanos y a proteger los recursos naturales, del sentido de justicia que favorece el reconocimiento de la dignidad humana. Pero también, ¡cuántos hechos que van en contravía de esta bondad que Dios imprime en sus creaturas! Guerra, violencia, muerte, destrucción irresponsable del hábitat, segregación racial, poblaciones enteras forzadas a migrar de sus tierras de origen, ofensas interminables a la dignidad humana, discriminaciones de todo tipo, homofobia, intolerancia, economía sin corazón, ejercicio arbitrario del poder, espacios dramáticos en los que se niega la creaturalidad y se desbarata el proyecto teologal de armonía y plenitud.[12]

¿Cómo procede Dios ante esto?: Él es dador de vida, creador comprometido con su creatura, con su pedagogía de garantizar que permanezcamos en el dinamismo de lo más sano y constructivo, articulando la denuncia del desorden contenido en el pecado con el anuncio de la misericordia que es noticia de esperanza para toda la humanidad que asume con libertad vivir en esta gratuidad.

La cizaña que se junta a la buena hierba es la injusticia que el egoísmo exacerbado de algunos seres humanos siembra para impedir la vida y la dignidad, la economía que no se inspira en la lógica de la mesa compartida sino en la ambición de posesión y de dominio esclavizante, la brutalidad de las guerras, la indiferencia ante la suerte de los que sufren, el consumismo desaforado, el rechazo a las poblaciones migrantes, el asesinato de los líderes sociales, el cómodo egoísmo del que todo lo tiene sin preocuparse por las mayorías sufrientes.

¿Y la buena hierba?  Es la capacidad restauradora que procede de Dios para reordenar la interioridad humana y, sobre esta base, reestructurar la historia en clave de projimidad, de inclusión, de respeto a la diversidad étnica, religiosa, cultural, ideológica, de acogida de la nueva humanidad que el Padre Dios nos trae con Jesús: “El reino de Dios es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña” ,[13] sencilla imagen en la que Jesús demuestra que en el centro mismo del ser humano coexisten la gratuidad de los dones de Dios con el uso egoísta que hacemos de la libertad.

Tal es la maestría de esta parábola: de jueces intransigentes de los demás, presumidos de buena conciencia, nos remite a confrontar nuestro trigo y cizaña, en la clave de la misericordia liberadora del Dios que se nos manifiesta en Jesús.

 

Bibliografía:

[1] THACKERAY, William. La feria de las vanidades. Rialp. Madrid, 1999. LOWEN, Alexander. El narcisismo: la enfermedad de nuestro tiempo. Paidós. Barcelona, 2020. FREUD, Sigmund. Introducción al narcisismo. En volumen XIV de sus Obras Completas. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 2013. RODRÍGUEZ, Maribel. Más allá del narcisismo espiritual. Desclée de Brower. Bilbao, 2021. DEBORD, Guy. La sociedad del espectáculo. La Flor. Buenos Aires, 1974. MORLA, Víctor. Eclesiastés: el colapso del sentido. Verbo Divino. Estella, 2018.

[2] SÁNCHEZ NAVARRO, Luis. El Logos del Reino: Las diez parábolas de Mateo. Verbo Divino. Estella, 2019. DODD, C.H. Las parábolas del Reino. Cristiandad. Madrid, 2001. ZIMMERMANN, Rubén. Las enigmáticas parábolas de Jesús: métodos e interpretación. Clie. Barcelona, 2022. PAGÁN, Samuel. Las parábolas del Reino de Jesús de Nazaret. Clie. Barcelona, 2021. RUIZ DE GALARRETA, José Enrique. Para leer el Reino en parábolas. Verbo Divino. Estella, 2012.

[3] MIQUEL, Esther. Amigos de esclavos, prostitutas y pecadores. Verbo Divino. Estella, 2007. PAGOLA, José Antonio. Defensor de los últimos.  Capítulo 7 de su libro: Jesús, aproximación histórica. PPC. Madrid, 2008; páginas 179-2008. SOBRINO, Jon. El principio misericordia. UCA Editores. San Salvador, 2012. ESCUDERO FREIRE, Carlos. Jesús y el poder religioso: El Evangelio y la liberación de los oprimidos. Nueva Utopía. Madrid, 2003.

[4] MONTES PERAL; Luis Angel. Jesús de Nazaret y el Evangelio de la misericordia. En Revista Estudios Agustinianos, número 51; páginas 449-520. Estudio Agustiniano. Valladolid, 2016. KASPER, Walter. La misericordia, clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014. ANDUEZA, José Manuel. La misericordia, los pobres y el Reino de Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 2016. DOLDAN, Felipe L. La misericordia y la justicia de Dios. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/7382/1/misericordia-justicia-dios.pdf VIALLE, Catherine. La misericordia en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 2018. SANZ GIMÉNEZ-RICO, Enrique. Profetas de misericordia. San Pablo. Madrid, 2007. MATEOS, Juan & CAMACHO, Fernando. El horizonte humano. La propuesta de Jesús. El Almendro. Córdoba, 1988. CHÉRCOLES, Adolfo María. Las Bienaventuranzas, corazón del Evangelio. Mensajero. Bilbao, 2014.

[5] Mateo 7: 1-4

[6] Mateo 13: 30

[7] SCHOONENBERG, Piet.  El poder del pecado. Carlos Lohlé.  Buenos Aires, 1978. VIDAL, Marciano.  Cómo hablar del pecado hoy: hacia una moral crítica del pecado. PPC. Madrid, 1999. GIL ESPINOSA, María Isabel.  Conciencia de pecado y de culpa. Tesis para obtener el título de doctorado en teología. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2015.

[8] BRAVO LAZCANO, Carlos.  El problema del mal. Pontificia.  Universidad Javeriana. Bogotá, 2006. NEUSCH, Marcel. El enigma del mal. Sal Terrae. Santander, 2010. DALFERTH, Ingolf U. El mal: un ensayo sobre el modo de pensar lo inconcebible. Sígueme. Salamanca, 2018.

[9] Sabiduría 12: 16

[10] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Plenitud humana. Reflexiones sobre la bondad. Sal Terrae. Santander, 2022. SARDIÑAS IGLESIAS, Loida Lucía. Dignidad humana: concepto y fundamentación en clave teológica latinoamericana. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2019. BOFF, Leonardo. Virtudes para otro mundo posible. Sal Terrae. Santander, 2006. MASIÁ CLAVEL, Juan. Ser humano, persona y dignidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2010. LEVINAS, Emmanuel. Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad. Sígueme. Salamanca, 2020. DE SOUSA SANTOS, Boaventura. Si Dios fuese un activista de los derechos humanos. Trotta. Madrid, 2014. DÍAZ, Carlos. La persona como don. Desclée de Brower. Bilbao, 2001. BORGOÑO, Cristián. Cristianismo y derechos humanos. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2018. ETXEBERRIA, Xabier. Derechos humanos y cristianismo: aproximación hermenéutica. Universidad de Deusto. Bilbao, 1999.

[11] Génesis 1: 26-27

[12] SHAW, Julia.  Hacer el mal: un estudio sobre nuestra infinita capacidad para hacer daño. Ediciones Temas de Hoy. Madrid, 2017. ZIMBARDO, P. El efecto Lucifer: el porqué de la maldad. Paidós. Barcelona, 2008. RICOEUR, Paul. Finitud y culpabilidad. Trotta. Madrid, 2011. LÁRIZ DURÓN, J.J. La naturaleza del mal, un problema para el ser humano. En Revista de Filosofía UIS volumen 21 número 2, páginas 79-100. Universidad Industrial de Santander UIS. Bucaramanga, 2022. SAFRANSKY, Rüdiger. El mal o el drama de la libertad. Tusquets. Barcelona, 2002. ARENDT, Hannah. Hombres en tiempos de oscuridad. Gedisa. Barcelona, 1990; Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Lumen. Barcelona, 1999.

[13] Mateo 13: 25-26

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