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“Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: estén despiertos”

Comunitas Matutina

Domingo I de adviento ciclo B – 3 de diciembre de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 63: 16-19 y 64: 2-7
  2. Salmo 79
  3. 1 Corintios 1: 3-9
  4. Marcos 13: 33-37

Es frecuente en la historia de la humanidad, encontrarnos con crisis, desencantos, pesimismos, sentimientos de fracaso y de vacío existencial. Son muchas y variadas las causas de estos fenómenos, como la fractura de las grandes utopías que movilizan la historia, el escepticismo ante los ideales, también las guerras, la pobreza, precariedad de los liderazgos, tragedias naturales, mentiras e injusticias por parte de los dirigentes, anquilosamiento de las tradiciones religiosas, modelos políticos y económicos carentes de humanismo. Aunque sea muy fuerte reconocerlo, no podemos evadir la inevitable confrontación con estas dolorosas realidades. [1] Una mirada crítica y juiciosa a la historia nos permite un ejercicio de realismo responsable, que nos dispensa de un optimismo ingenuo o de un pesimismo a ultranza. Lo que afirmamos de la inevitable fragilidad humana en el ámbito individual también lo suscribimos en la gran colectividad de hombres y mujeres.

Equivale esta constatación a convertirnos en profetas de desgracias, capitular ante tantas contradicciones, renunciar al entusiasmo y a la creatividad, a la pasión por la vida, sumirnos en una depresión irreversible, ¿desechar la radical convicción de la esperanza cristiana? El pueblo de Israel, al que podemos mirar como un significativo paradigma de nuestras propias biografías y de la historia entera, nos brinda luces para examinar nuestro acontecer. Su relato humano-teologal es óptimo referente pedagógico para entender y asumir la vida, para no hundirnos en la desolación, para esperar contra toda esperanza. Tener en cuenta: ¡resurrección se compagina con el verbo resurgir! Nos planteamos juiciosamente estos interrogantes en el comienzo del Adviento 2023, tiempo de esperanza es la inspiración que la Iglesia da a estas semanas que anteceden la celebración de Navidad. Este viaje existencial acontece en medio de luces y sombras. No creemos aquí en un determinismo trágico, tampoco en un providencialismo que nos dispensa sin más de la responsabilidad de ser gestores de nuestra historia. Las continuas referencias a los dramas y padecimientos de tantos prójimos pueden ser desalentadores, pero igualmente son motor de la vida nueva que Dios propicia a través de tantos hombres y mujeres que son antorchas en  medio de la oscuridad. [2] El escenario de Adviento es una teología de la esperanza, de Dios que viene para decirse salvíficamente, para impedir que  sucumbamos en angustias y derrotas.

¿A qué se nos parece lo que dice la primera lectura, del profeta Isaías? Vuelve el pueblo israelita a su tierra, después de largos años de exilio y cautividad en Babilonia, experiencia de dura confrontación y despojo de los elementos esenciales de su identidad social y religiosa: “¿Por qué, Señor, ¿nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? Vuelve, ¡por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!”. [3] El lenguaje de este texto revela una dolorida conciencia de su desamor a Dios y del alejamiento de los compromisos adquiridos con El en la alianza. Entre líneas podemos percibir el triste sentimiento de haber merecido la deportación a Babilonia, como castigo por sus infidelidades. Pero ahora, a pesar de ese desastre, viene también la intención de restablecer todo lo perdido, de volver a ser una nación íntegra, animada por ese Dios del que un día se apartaron. [4]

La recuperación de la esperanza se torna imperativa: en ella se contiene el compromiso de transformar las realidades presentes. [5] El magisterio de los obispos latinoamericanos, en su II Asamblea General realizada en Medellín en agosto de 1968, introdujo la categoría de “pecado social, pecado estructural”, para referirse a la situación social de injusticia, pobreza, exclusión, vigentes en el continente de modo ancestral. [6] Eso sucede también en el África subsahariana y en otros lugares del mundo. También contribuye decisivamente a este desorden el modelo económico imperante que no propende por la justicia y por la equidad. Gobernantes, políticos, empresarios, dirigentes, personas que no toman en serio la dignidad humana y el bien común, son también responsables en modo gravísimo del desencanto que afecta a esta humanidad doliente. [7] La inaceptable guerra que en nuestros días afecta a Ucrania, a la comunidad palestina de Gaza y a israelitas civiles, es un penoso indicador del fracaso de muchos de estos liderazgos. ¿Cómo anunciar la esperanza en el Dios que viene para nuestra salvación en estos contextos de extremas dificultades para el buen vivir?

La comunidad judía en la que surge ese texto de Isaías retorna del exilio con el desafío de reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad de Jerusalén, el templo. No era un reto fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea, cincuenta años antes, ya habían muerto y sus descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que los habían llevado a la ruina, pero la mayoría de la población ignoraba a estos mediadores de Yahvé: “Desde hace mucho tiempo somos la gente que tú ya no gobiernas y que ya no lleva tu apellido”. [8]

¿Qué lectura hacemos de estas palabras del profeta en este contexto de 2023? ¿Qué hacer ante tales coyunturas? El buen Dios nos invita a hacer parte del resto fiel, comunidad de creyentes que ha de mantener viva la llama del sentido de la vida, la confianza en el Dios que dinamiza la historia y que suscita movimientos liberadores, que confronta nuestros miedos e inercias para lanzarnos a la tarea de restablecer el sentimiento colectivo de dignidad: “Y, sin embargo, Yahvé, tú eres nuestro padre, nosotros somos la greda y tú eres el alfarero. Todos nosotros fuimos hechos por tus manos”. [9] El ser humano nuevo que surge de la experiencia de Dios y del hermano debe estar dotado de creatividad y de vigoroso talento innovador para demostrar que sí  es  posible  instaurar la nueva humanidad. [10] Qué proponemos desde nuestra fe en el Señor Resucitado? Cómo el anuncio de la Buena Noticia de Jesús, hecho con responsabilidad histórica, en honda conexión con estas realidades, se torna alternativa en estas circunstancias? En ese sentido entendemos la invitación de Jesús a mantenernos despiertos: “Estén  despiertos ya que no saben cuándo regresará el dueño de la casa. Puede ser al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: estén despiertos”. [11]

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología era muy impregnada de fatalismo y de temor: se tenía en mente a un Dios justiciero que señalaba plazos perentorios que podían cumplirse de un momento a otro, con esto se alimentaba el miedo a Él, se limitaba notablemente el sano disfrute de la vida, y la religiosidad se convertía en una amargada y temerosa preparación para la muerte, sin la más mínima incidencia en la justicia, en la fraternidad, en el legítimo disfrute del amor y en el ejercicio de la dignidad.

Este miedo funcionó durante siglos, con una imagen mítica de Dios, calcada de los emperadores totalitarios o de los señores feudales que hacían y deshacían con sus súbditos lo que se les antojaba. Había pavor a la condenación eterna, muy propio de la cristiandad medieval y barroca, con desafortunada persistencia en no pocas mentalidades y ambientes de nuestro tiempo. ¿Qué tiene que ver eso con el Dios gozoso que viene para nuestra salvación? ¿Cómo recuperar el sentido de lo teologal en cuanto incremento cualitativo de dignidad, de libertad, impulso para una humanidad que, bien arraigada en la realidad, se proyecta a la trascendencia desde unos contextos históricos liberados y liberadores, anticipo de la plenitud definitiva? ¿Cómo regresar de nuestros exilios para realizar la plena narrativa de la salvación-liberación? [12] ¿Qué advenimiento espera la humanidad contemporánea? ¿Cómo vivir el espíritu de adviento en sociedades que no esperan nada? ¿Cómo hacer vigente el sentido del Reino de Dios y su justicia con toda la intensidad profética del proyecto de Jesús, del reencantamiento del ser humano y de su historia?

Pablo, animando a los cristianos de Corinto ante desalientos y crisis entre ellos, dice: “Sin cesar doy gracias a mi Dios por ustedes y por la gracia de Dios que recibieron en Cristo Jesús. Pues en él han recibido todas las riquezas, tanto las de la palabra como las del conocimiento, al mismo tiempo que se hacían firmes en la fe. Ahora no les falta ningún don espiritual y quedan esperando la venida gloriosa de Cristo Jesús nuestro Señor”. [13] Somos hijos legítimos de la gran utopía de Jesús, la de las bienaventuranzas, la que nos implica en la llegada de este nuevo orden de vida, de dignidad, de esperanza efectiva y afectiva para todos. Cada vez se perfila mejor: crear un mundo nuevo, fraternal y solidario, sin imperios ni transnacionales explotadores de los pobres, sin compra de honras y conciencias, sin destrucción de la casa común, sin brutales dominios de unos sobre otros, sin esquizofrenia consumista…Tarea apasionante a la que Jesús nos invita, y pone en alerta: “Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: estén despiertos”. [14]

Antonio José Sarmiento Nova, S.J.

Bibliografía:

[1] DAMIAN, Araceli.  Crisis global, económica, social y ambiental. En Revista de estudios demográficos y urbanos. Volumen 30 número 1 (88) 2015, páginas 159-199. Colegio de México, México D.F., 2015 .  CAREAGA, Gabriel.  El siglo desgarrado: crisis de la razón y la modernidad. Cal y Arena editores. México D.F., 1989. TUCHMAN, Bárbara. . La marcha de la locura: la sinrazón desde Troya hasta  Vietnam. Fondo de Cultura Económica. México D.F. , 1989. GRAY, J. Contra el progreso y otras ilusiones. Paidós. Barcelona, 2009. BAUMAN, Zygmunt. Miedo líquido. Paidós, Barcelona, 2013. PEREÑA. Francisco. El fracaso moral de la humanidad. Síntesis. Madrid, 2022. GARCÍA CANCLINI. Néstor. Diferentes, desiguales y desconectados. Gedisa. Barcelona, 2004. AUGÉ, Marc. El tiempo en ruinas. Gedisa. Barcelona, 2009. BEL ADELL, Carmen. Exclusión social: origen y características. En https://www.enxarxats.intersindical.org/nee/CE_exclusio.pdf ORWELL, George. 1984. Alma. Madrid, 2022; Rebelión en la Granja. Alma. Madrid, 2020.

[2] SANCHEZ NOGALES, José Luis. Adviento: tiempo fuerte para una cultura llamada débil. En Proyección número 40, páginas 275-287. Facultad de Teología de Granada, 1993. MALDONADO, Luis. Teología y Liturgia en la espera , hoy. En Almogarén,  número 33, páginas 123-134. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 2003. SCHNACKENBURG, Rudolf. Observad los signos de los tiempos: sobre el adviento y la esperanza. Sal Terrae. Santander, 1977. VOLTAGGIO, Francesco Giosué. Espera, Adviento, Navidad del Mesías. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2019. DANIELOU, Jean. El misterio del Adviento. Cristiandad. Madrid, 2006. DEL BURGO, Lucio. Adviento : hacia la plenitud del encuentro con Cristo. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/260articulo.pdf

[3] Isaías 63: 17

[4] AUSÍN, S. De la ruina a la afirmación. El entorno del reino de Israel en el siglo VIII a.c. Verbo Divino. Estella, 1997. BRUEGGEMANN, Walter. La imaginación profética. Sal Terrae. Santander, 1978. SCHWANTES, Milton. Sufrimiento y esperanza en el exilio. Historia y teología del pueblo de Dios en el siglo VI a.c. En https://www.dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/10/sufrimiento-y-esperanza-en-exilio.pdf MARQUES, M.A. & NAKANOSE, S. Sonhar de nuevo: segundo e terceiro Isaías (40 a 66) Paulus. Sao Paulo, 2004. TAMEZ, Elsa. Cuando los horizontes se cierran. Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI. San José de Costa Rica, 1999. SOBRINO, Jon. Liberación con Espíritu. Sal Terrae. Santander, 1989. WIENER, Claude. El Segundo Isaías: el profeta del nuevo éxodo. Verbo Divino. Estella, 1980.

[5] MOLTMANN, Jürgen.  Esperanza para un mundo inacabado. Trotta. Madrid, 2008. La justicia crea futuro: política de paz y ética de la creación en un mundo amenazado. Sal Terrae. Santander, 2010. Moltmann, nacido en 1926, es miembro de la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania, vivió con gran intensidad la crisis y el desencanto de la segunda guerra mundial, su propio país embarcado en la demencia hitleriana , fue obligado a vincularse al ejército, luego prisionero en un campo de concentración. En estas circunstancias conoció a cristianos sólidos, resilientes, y desde ahí empezó su notable aventura teológica y espiritual que tiene en la esperanza cristiana el núcleo de su pensamiento y de su praxis pastoral. Su obra clásica: Teología de la Esperanza. Sígueme. Salamanca, 1999.

[6] CONSEJO EPISCOPAL LATINOMERICANO CELAM. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II. Documento conclusivo de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano Medellín 1968. Indoamerican Press Service. Bogotá, 1969.

[7] ESTEVA, Gustavo. La crisis como esperanza. En Bajo el Volcán volumen 8, número 14, páginas 17-53. Universidad Autónoma de Puebla, 2009. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Spe Salvi La Esperanza que salva. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007. LAÍN ENTRALGO, Pedro. Esperanza en tiempo de crisis. Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores. Barcelona, 1993. CHAVEZ BAEZ, Román Alejandro. La esperanza: una vivencia entrelazada en el dolor. En Metafísica y Persona año 13, número 25, páginas 95-114. Universidad Autónoma del Estado de Puebla, enero-junio 2021. MESA, Miguel Ángel. Espiritualidad para tiempos de crisis. Desclée de Brower. Bilbao, 2015.

[8] Isaías 63: 19

[9] Isaías 64: 7

[10] MARTÍN DESCALZO, José Luis. Razones para la Esperanza. Atenas. Madrid, 1991. GALLI, Carlos María. Dar razón de nuestra esperanza en Dios-Amor. En Teología Tomo XLV, número 96, páginas 247-268. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, agosto 2008. BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. La esperanza en la vida cristiana, dimensión bíblica. En Theologica Xaveriana número 154, páginas 209-226. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2005. DÍEZ ALEGRÍA, José María. Yo creo en la esperanza. El credo que ha dado sentido a mi vida. Desclée de Brower. Bilbao, 1975. FREIRE, Paulo. Pedagogía de la Esperanza. Siglo XXI Editores. Ciudad de México, 2014. FRAIJÓ, Manuel Fragmentos de Esperanza. Verbo Divino. Estella, 1992. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM SECCION DE JUVENTUD. Civilización del amor: tarea y esperanza. Orientaciones para una pastoral juvenil latinoamericana. Celam. Bogotá, 1996. BLOCH, Ernst. El Principio Esperanza (3 volúmenes). Trotta. Madrid, 2009.

[11] Marcos 13: 35-37

[12] FLECHA ANDRÉS, José Ramón. La esperanza cristiana en el ocaso de las utopías. En Salmanticensis número 60, páginas 17-42. Universidad Pontificia de Salamanca, 2013. GONZALEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996. SHELBY SPONG, John. Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo. Abya-Yala. Quito, 2011. RAMOS GONZÁLEZ, Marifé. La fe esperanzada: ¿Cómo podemos recuperar su dinamismo? Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 18 de febrero 2014.

[13] 1 Corintios 1: 4-7

[14] Marcos 13: 37

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