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“Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”

Comunitas Matutina

Domingo XXXI Ordinario – 5 de noviembre 2023

Lecturas:

  1. Malaquías 1: 14 a 2: 2-10
  2. Salmo 130
  3. 1 Tesalonicenses 2: 7-13
  4. Mateo 23: 1-12

En el proyecto de vida al que Jesús nos invita la humildad es considerada virtud de primer orden. Es un llamamiento a ser discretos, a eso que llamamos el bajo perfil, a no presumir de títulos, belleza física, riquezas, estratos sociales mayores, capacidades adquisitivas, o cualquier otra forma de vanidad: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina, no reivindicó su derecho a ser tratado igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo”. [1] La humildad de una persona es reveladora de su condición esencial, de su sabiduría profunda, de la transparencia de su ser. El Señor Jesús nos revela en sí mismo, en su conducta, este talante fundamental. [2]

No está de más advertir que esta propuesta no tiene nada que ver con la baja autoestima, con la moral de los esclavos y sumisos, ni con humillaciones de talante masoquista. Se trata de asumir un modo de vida que, con excelente buen humor, sepa relativizar nuestro ser y quehacer, que lo vivamos dispuestos a compartirlo con nuestros prójimos sin permitir en lo más mínimo que se convierta en motivo de egolatría y de presunción de superioridad. Las palabras de Pablo en la segunda lectura de hoy contienen una elocuente manifestación de esta indispensable actitud cristiana: “Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con ustedes, como una madre cuida con cariño de sus hijos. Tanto los queríamos que estábamos dispuestos a entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino nuestras propias vidas”. [3]  La palabra “humilde” proviene del latín “humus”, que significa tierra, lo que está debajo de nuestros pies, lo ínfimo. La etimología del término es de contundente elocuencia. [4]

En las grandes narrativas cristianas destaca este aspecto, definitivo para que el testimonio de la fe sea elocuente y motive a muchos a vivir de ese modo. Un repaso a historias de creyentes destacados nos aporta referentes evangélicos destacados. Recientemente, el conocido sacerdote y novelista español, Pablo D´Ors, [5] ha refrescado nuestra memoria con la estupenda biografía novelada de San Carlos de Foucauld [6]. Este hombre, de familia aristocrática y pudiente, fue primero un militar destacado, geógrafo y explorador en el norte de África, como también notable coleccionista de vanidades. El mismo reconoce su afán de ser reconocido y aplaudido, su culto al ego es constante en su vida, pero siempre vacío y con la honda pregunta sobre algo más decisivo. A partir de 1886 empieza un proceso de conversión, luego de sus diálogos con un sacerdote que le ayudó a buscar una existencia inscrita en Dios y en el servicio al prójimo. Así, el joven envanecido se deja encontrar por Jesús y emprende la aventura de su vida, en Tierra Santa y en Argelia, donde se hace prójimo de los “tuaregs” [7], a quienes se dedica generosamente sin pretender adoctrinarlos, siendo para ellos testimonio de amor y generosidad, de respeto por sus creencias musulmanas; también asumiendo el modo pobre y humilde del Señor Jesús; hasta que le llega la muerte de modo martirial el 1 de diciembre de 1916, a los 58 años de edad. [8]

Sea este referente del Padre de Foucauld una buena motivación para apropiar el mensaje que la Palabra de este domingo nos ofrece. Varias congregaciones religiosas católicas y asociaciones de laicos han tomado el carisma de este santo como inspiración para su estilo de vida, insertos en medios populares, en modo de austeridad y servicio a los más pobres, también adoptando algunos de ellos trabajos humildes para derivar de ahí el sustento de sus comunidades. [9]

El texto de Malaquías [10] es una fuerte invectiva contra la inautenticidad de los sacerdotes, reprueba el culto formal, exterior, lo hace con verdadera indignación dejando clarísima la malquerencia de Yahvé hacia una religión que no modela seres humanos nuevos, fraternales, solidarios, justos, honestos: “Y ahora, para ustedes es esta advertencia, sacerdotes! Si no escuchan y no se deciden a dar gloria a mi Nombre, dice el Señor de los ejércitos, yo enviaré sobre ustedes la maldición y maldeciré sus bendiciones; ya las he maldecido porque ustedes no se deciden a hacer eso”. [11] Ya conocemos la fuerza expresiva y ética de los profetas de Israel cuando denuncian las inconsistencias de las prácticas religiosas, cuando estas carecen de Dios mismo, de projimidad, del imperativo de la humildad.

La dureza de estas palabras vale también para nosotros. Sin ánimo de volver de modo fatigante sobre cosas ampliamente conocidas, quienes ejercemos el ministerio presbiteral y episcopal en la Iglesia estamos llamados a un profundo examen de conciencia por pecados como el clericalismo, el complejo de casta superior que vivimos cuando le apostamos la vida al “carrerismo eclesiástico” y no al ministerio, servicio incondicional a la comunidad, y la página en extremo vergonzosa de los escándalos de pederastia y pedofilia. Estudiosos serios de esta problemática concluyen que uno de los factores que está en la raíz de los mismos es el complejo de superioridad de no pocos ministros ordenados, principalmente sobre mujeres, niños y adolescentes. Se impone revisar con criterios evangélicos ese inaceptable modo de proceder. [12]

Las palabras de Jesús en Mateo subrayan la fuerza crítica hacia los dirigentes religiosos del judaísmo de su tiempo, con humildad las trasladamos también a nosotros, los de hoy, para que nos dejemos permear por esta esperanzadora cultura de la sinodalidad que quieren poner en marcha el Papa Francisco y muchos pastores y laicos en la vida eclesial: “Entonces dijo Jesús a la multitud y a sus discípulos: los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: alargan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar mi maestro por la gente”. [13]

Estamos en la mira de muchas personas en el mundo, creyentes y no creyentes, nos identifican con el mensaje del humilde y descalzo Jesús de Nazaret, el Crucificado, el pobre con los pobres, el que no buscó para sí mismo ni gloria ni poder, el que se hizo todo para el servicio de todos, la visibilidad histórico-existencial de un Dios vaciado de sí mismo, anonadado. Saber esto nos compromete porque es imperativo ético-teologal para un modo de vida desposeído de vanagloria. No podemos ser inferiores al mandato del Señor que requiere de nosotros una entrega total de la vida para que muchos o todos participen de la vida de Dios que dignifica y libera, que espera nuestra respuesta en términos de compasión y misericordia ante todo sufrimiento humano y vulnerabilidad, que nos pide insertarnos entre los últimos de la sociedad y de la Iglesia, que seamos enfáticos en no buscar honores y dignidades, que no nos molestemos si algunos (ojalá muchos) no nos dan los tratos inútiles del protocolo eclesiástico. [14]

Las palabras de Jesús contienen un mandato, una normativa determinante para todos en la Iglesia, con el ya expresado énfasis para quienes estamos ordenados para el servicio de la comunidad: “En cuanto a ustedes, no se hagan llamar maestro, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen padre, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco doctores, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El más grande entre ustedes será el que los sirva, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla, será ensalzado”. [15]

Según su costumbre, Mateo reúne en un solo discurso – todo el capítulo 23 de este Evangelio –  las recriminaciones contra los jefes espirituales del pueblo judío. Los principales destinatarios de estas invectivas fueron los sacerdotes del Templo de Jerusalén, los doctores de la Ley, y los fariseos. Es un asunto que ocupa con vehemencia la enseñanza de Jesús, según este evangelista, siempre con la gran inquietud de la auténtica religiosidad, del adorar al Padre en espíritu y en verdad, llenando de contenido ético la práctica cultual. No debe entenderse esta postura como una simple animadversión hacia estos líderes, y hacia el modo “farisaico” de ejercer su autoridad. Lo de fondo, la profundidad del asunto, reside en la novedad de vida justa, como propia del Reino de Dios y su justicia, ser hombres y mujeres nuevos según el modelo de Jesús, como la forma por excelencia de ser gratos al querer de este Padre. Dicho de otro modo: la experiencia religiosa explícita, la liturgia, tiene plenitud de significado, cuando en ella hay individuos y comunidades que viven con plena responsabilidad el espíritu del Evangelio.

Y, siguiendo la inspiración de Jesús, esta vida que se ofrece a Dios como culto agradable debe estar definida por un modo humilde, que no se pliega a los criterios mundanos de triunfalismo, de honores, siempre haciendo honor a la bella palabra, cuyo contenido es de la más pura raigambre neotestamentaria: ministerio, del latín minister, el que sirve, el que ejerce los menesteres, el que sirve con plenitud de amor sin buscar recompensas ni títulos. Así debemos ser todos en la comunidad cristiana: “Nuestra conducta con ustedes, los creyentes, fue siempre santa, justa e irreprochable: ustedes son testigos, y Dios también”. [16] Que la vida de Carlos de Foucauld nos estimule a una vida discreta, mínima, servicial, humilde, con el ego bien domesticado.

Bibliografía:

[1] Filipenses 2: 6-7

[2] CAAMAÑO, José. La humildad omnipotente de Dios. Reflexiones sobre la esencia del cristianismo. En Estudios Eclesiásticos volumen 96, número 378, páginas 487-512. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, septiembre 2021. CORRIVEAU, John OFM Cap. Ministro General de la Orden de Frailes Menores Capuchinos. El valor de ser menores. En https://www.ofmcap.org/images/docs/lettere/ministro_generale/es/pdf/jc_2003_22_minoris-es.pdf KEMPIS, Tomás de. Imitación de Cristo. Monte Carmelo. Burgos, 2007. SAN IGNACIO DE LOYOLA. El Peregrino (Autobiografía). Editado por Josep M. Rambla, SJ. Mensajero-Sal Terrae. Bilbao, 2015. PAOLI, Arturo. La raíz del hombre. PPC. Madrid, 1998. BOFF, Leonardo. San Francisco de Asís: ternura y vigor. Sal Terrae. Santander, 1994.

[3] 1 Tesalonicenses 2: 7-8

[4] QUINN, Bernard J. La virtud de la humildad. En Revista Vincentiana, año 49, números 4-6, páginas 310-321. Congregación de la Misión Vicentinos. Roma, julio-diciembre 2005.   ARENAS MOLINA, Enrique. Mostrar lo que otros ocultan. Ediciones Uniagustiniana. Bogotá, 2021. MEDINA BALGUERÍAS, Marta. La humildad como aprendizaje de la crisis. En Razón y Fe tomo 282, número 1447, páginas 167-177. Compañía de Jesús. Madrid, 2020; Atraídos por lo humilde. PPC. Madrid, 2018. GONZÁLEZ BUELTA, Benjamín. La humildad de Dios. Sal Terrae. Santander, 2013. HERRAIZ, Maximiliano. Humildad es andar en verdad. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/186articulo.pdf

[5] Nacido en Madrid en 1963; autor de novelas, relatos y ensayos de amplia divulgación y acogida en años recientes. Los Contemplativos. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2023; Biografía de la Luz. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2021; Biografía del Silencio. Ciruela. Barcelona, 2012; Entusiasmo. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2017; El amigo del desierto. Anagrama. Madrid, 2009; El estupor y la maravilla. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2018.

[6] 1858-1916. Canonizado por el Papa Francisco el 15 de mayo de 2022. D´ORS, Pablo. El olvido de sí. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2021.

[7] Tribu de nómadas del desierto argelino.

[8] SALDAÑA, Margarita. El hermano inacabado: Carlos de Foucauld. Sal Terrae. Santander, 2022. MANDONICO, Andrea. Dios mío, ¡qué bueno eres! La vida y el mensaje de San Carlos de Foucauld.   Encuentro. Madrid, 2021. DE CHATELARD, Antoine. Carlos de Foucault: el camino de Tamanrasset. San Pablo. Madrid, 2003. SIX, Jean François. Charles de Foucauld: vida y camino. Palabra. Madrid, 2016. BAZIN, René. Carlos de Foucault: explorador de Marruecos, ermitaño en el Sahara. FCF Ediciones. Santiago de Chile, 1996. DE FOUCAULD, Carlos. Escritos Espirituales. En https://www.iesuscaritas.org/wp-content/uploads/2018/10/kupdf.net_escritos-espirituales-carlos-de-foucauld.pdf DE FOUCAULD, Carlos. Legado espiritual. Bonum. Buenos Aires, 2005. VÁSZQUEZ BORAU, José Luis. 365 días con Carlos de Foucault. San Pablo. Madrid, 2012. VOILLAUME, René. En el corazón de las masas. San Pablo. Madrid, 2011. LECLERC,  Eloi. Sabiduría de un pobre. Encuentro. Madrid, 2018.

[9] FRATERNIDAD SECULAR CARLOS DE FOUCAULD. Pequeña guía de la Fraternidad Secular Carlos de Foucault. En https://www.charlesdefoucauld.org/docs/3-peque-gua.pdf

[10] GRAFFY, Adrián. Malaquías. En FARMER, William R. (Editor). Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino. Estella, 2000; páginas 1089-1095. ALVAREZ BARREDO, Miguel. Tiempo de la actividad profética de Malaquías. En Carthaginensia número 26, páginas 1-28. Instituto Teológico de Murcia, 2010; El libro de Malaquías. Instituto Teológico de Murcia. Editorial Espigas. Murcia, 2012. AMSLER, Samuel. Los últimos profetas: Ageo, Zacarías, Malaquías y algunos otros. Verbo Divino. Estella, 1996.

[11] Malaquías 2: 1-2

[12] DREWERMANN, Eugen. Clérigos: psicograma de un ideal. Trotta. Madrid, 1995. BARRIONUEVO DURÁN, Camilo. Una Iglesia devorada por su propia sombra: hacia una comprensión integral de la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia Católica. Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2021. NORIEGA, Roberto. La responsabilidad ética en el ministerio sacerdotal: el arte de servir. Desclée de Brower. Bilbao, 2016. GUARINELLI, Stefano. El sacerdote inmaduro: un itinerario espiritual. Sígueme. Salamanca, 2016.

[13] Mateo 23: 1-7.

[14] PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 1992.  CONGREGACION PARA EL CLERO. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 2013.  URIARTE, Juan María. Palabras de vida para el ministerio. Sal Terrae. Santander, 2019. ORTIZ AMAYA, Jorge. El sacerdote de mañana. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1970. GRESHAKE, Gisbert. Ser sacerdote. Teología y espiritualidad del ministerio sacerdotal. Sígueme. Salamanca, 1995. AUGUSTIN, George (Editor). Testigos de la fe: el sacerdocio de Cristo y el ministerio sacerdotal. Sal Terrae. Santander, 2013. VANHOYE, Alberto. Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo, según el Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2006. GONZÁLEZ DORADO, Antonio. Sacerdotes dignos de crédito: perspectiva latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1992. MAIER, Martin. Oscar Romero: mística y lucha por la justicia. Herder. Barcelona, 2005.

[15] Mateo 23: 8-12.

[16] 1 Tesalonicenses 2: 10.

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