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“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?”

Comunitas Matutina

Domingo XXI Ordinario – 27 de agosto de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 22: 19-23
  2. Salmo 137: 1-8
  3. Romanos 11: 33-36
  4. Mateo 16: 13-20

 

El cristianismo, en sus diversas vertientes doctrinales e históricas, es la religión más difundida en el mundo. Se estima en unos 2.650 millones de creyentes, distribuidos así: 1.375 millones de católicos, 500 millones de protestantes, 300 millones de ortodoxos, 475 millones en las neo iglesias surgidas a partir del siglo XIX, principalmente las llamadas neopentecostales. [1] Todas estas iglesias y congregaciones convergen en la persona de Jesucristo, Señor y Salvador. Se espera de todas ellas un alto nivel de coherencia en la vivencia y práctica del espíritu original de Jesús, de su modo propio condensado en las bienaventuranzas, de su manera de comunicar a Dios como Padre compasivo y misericordioso, de su ética de la projimidad, de su disposición para el servicio y la fraternidad. [2]

No se puede poner en duda el alto nivel de autenticidad y seriedad espiritual de muchos de estos creyentes, también del influjo que la fe cristiana ha ejercido en la configuración de sociedades y culturas. Pero, dadas las demandas del mismo Jesús en materia de fidelidad y de responsabilidad en las implicaciones de seguir su camino, es preciso que nos sometamos a un riguroso control de calidad, en el que la pregunta del mismo Jesús  – formulada en el evangelio que la Iglesia nos propone este domingo – es desafiante invitación a un juicioso examen de conciencia: “Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: unos que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías, o uno de los profetas. Él les preguntó: ¿pero, ustedes, quien dicen que soy yo?”. [3]

La exigencia de esta pregunta también es para nosotros, los cristianos del siglo XXI. Ella se puede ampliar con la cuestión de fondo: ¿somos fieles al espíritu del Señor Jesús? ¿Por qué, en nombre suyo, se han emprendido guerras, fundamentalismos intransigentes, inquisiciones, cruzadas beligerantes, persecuciones, exclusiones y condenas morales, excomuniones y anatemas, desconocimiento de la verdad de otras tradiciones creyentes, violencia de lo sagrado? [4] En varios momentos de su ministerio como Obispo de Roma el Papa Juan Pablo II pidió perdón público por conductas de los católicos incompatibles con el Evangelio. La “gloria” de las estadísticas con sus números generosos no nos puede hacer dormir sobre los laureles. La abundancia de adeptos al cristianismo es un desafío de responsabilidad en materia de coherencia y de juiciosa vida según el Evangelio. De nosotros, los creyentes, se espera compasión y misericordia con la humanidad doliente, sentido de solidaridad y de justicia, espíritu de servicio, estilo de vida austero, capacidad para compartir, respeto ante las creencias distintas de las nuestras, esperanza y gozo en el anuncio de la Buena Noticia. En resumen, que nuestra manera de vivir sea un nuevo Evangelio, para que muchos se entusiasmen con el proyecto original de Jesús.

En su bello y profundo libro “Imágenes deformadas de Jesús”, el teólogo francés Bernard Sesboüé [5] se dedica a estudiar con rigor las respuestas a la pregunta que el mismo Jesús formula a Pedro y a los discípulos: “Quien dice la gente que es el Hijo del hombre?”, [6] ratificada con esta más directa: “Y ustedes,  quien dicen  que soy yo?”. [7] Responder a esta cuestión fundamental ha de ser tarea de siempre en el ejercicio de la fe cristiana. [8] Se trata de una respuesta desde la vida, una vida – ya lo hemos indicado – entendida como praxis de coherencia y fidelidad a Dios y al ser humano, teniendo como referente esencial al mismo Señor Jesús.

Atender a este requerimiento es realidad de fondo que interpela a cada creyente:

  • Si estamos llevados simplemente por una inercia religiosa de tipo sociocultural, en la que la adscripción al cristianismo es uno más de los elementos de identidad social, acostumbrados a ser cristianos sin mayores incidencias en la generación de una manera de vivir cualificada por el Evangelio. Es una religiosidad de formalidades sociales, adoptadas porque la mayoría tiene esa adscripción, pero esta no genera procesos de fondo en los que realmente se asuma a Jesús como realidad que define las opciones y los proyectos de vida. [9]
  • Si nuestro cristianismo se inclina por definiciones incompletas de Jesús, mucho más divino que humano, o viceversa; un Jesús milagrero, con rasgos de extraterrestre, desentendido de la humanidad, especialmente de sus aspectos más dramáticos y dolorosos.
  • O también el ejercicio de una fe condicionada por el sentimiento trágico de la vida, en la que se exalta en demasía el sufrimiento del Señor, con la abundante expresión de la religiosidad popular que no atina a detectar el fundamento pascual de la condición cristiana.
  • O un Jesús melifluo y sentimental, ingenuo, sin la perspectiva crítica que se requiere para captar las complejidades de la humanidad y de la historia, con la consiguiente evidencia de prácticas religiosas aisladas de la realidad.
  • O un Jesús reducido a ser caudillo y revolucionario social, identificado con determinadas tendencias políticas, convirtiéndolo en el gestor de unas reivindicaciones de justicia, realidades que en principio son legítimas pero que no agotan todo lo que la auténtica tradición cristiana afirma y vive sobre la totalidad del misterio del Señor Jesucristo. [10]

Sean estas reflexiones un llamado para volver al diálogo que propone el evangelio de este domingo, que así nos sintamos interpelados por el mismo Jesús que hace preguntas serias a nuestra fe, a la manera como asumimos su seguimiento y a la configuración de nuestra humanidad con la de él.

La respuesta que da Pedro a Jesús es altamente comprometedora, es la profesión de fe de la primera comunidad cristiana: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, [11] escueta y densa formulación que condensa la convicción de las primeras comunidades cristianas, que luego vendrá a ser heroico testimonio en la vida de esas cristiandades originales, acreditadas a menudo con el martirio y la persecución.

¿Cómo respondemos nosotros, desde este siglo XXI, a tal interrogante? ¿Nos aventuramos a vivir la fe en el Señor Jesús con todas las implicaciones de su divinidad y de su humanidad? ¿Se refleja eso en nuestro ser cotidiano, en la totalidad de dimensiones que constituyen nuestra condición humana, en la construcción de una historia que refleje coherentemente la dignidad humana, con todas sus evidencias de justicia, solidaridad, promoción del bien común, respeto por la diversidad, inclusión, fraternidad y apertura definitiva a la trascendencia de Dios?

Creer en Jesús, seguir a Jesús, no es asunto limitado a momentos rituales o a formalidades de religiosidad sociocultural. Su proyecto pretende abarcar la totalidad de la existencia y determinar la opción fundamental de las personas que se acojan a esta oferta: “Pero esto no tiene nada que ver con lo que han aprendido de Cristo si es que han oído hablar de él y en él han sido enseñados conforme a la verdad de Jesús: en cuanto a su vida anterior, despójense del hombre viejo, que se corrompe dejándose seducir por deseos rastreros, renueven su mente espiritual y revístanse del Hombre Nuevo, creado según Dios, que se manifiesta en una vida justa y en la verdad santa”. [12]

Unida a la profesión de fe y al reconocimiento de la identidad de Jesús viene la misión que él confía a Pedro, como persona que vincula y cohesiona a la primera comunidad de cristianos: “Jesús le dijo: dichoso tú, ¡Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra constituiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá”. [13]

¿Qué sentimientos y preguntas provoca en nosotros Pedro, primero invadido de temores y de imaginarios mundanos, y luego el más corajudo de los apóstoles? Pedro, pastor de la primera comunidad de cristianos de Roma, es la roca en la que se afianza la solidez evangélica de la Iglesia. Es el gran afirmador del Señor Jesús, lo ratifica con la ofrenda martirial de su vida, da testimonio de la esperanza definitiva con la que Dios garantiza que todo lo humano adquiere plenitud gracias a la mediación liberadora del Señor Jesucristo. El ministerio de Pedro, ejercido por el Obispo de Roma, es factor de comunión de todas las iglesias particulares, él garantiza también la unidad en la pluralidad, afirma la profesión esencial de reconocer en Jesucristo la plena definición salvífica de Dios para la humanidad, promueve la diversidad de carismas, es paradigma de servicio y de apertura generosa a todas las culturas en las que se encarna la fe cristiana y la comunión eclesial.

El servicio de Pedro no puede ser un poder del mundo, ejercido con talento autoritario y vertical, sino servicio, y este consiste en el anuncio de la Buena Noticia del Padre Dios presentada por el Señor Jesús para que la humanidad halle el más auténtico sentido de la existencia. [14] El cristianismo, en la diversidad de sus denominaciones, no es genuino si se queda en los rituales masivos, o en el triunfalismo de sus estadísticas: “Al contrario, den culto al Señor, Cristo, en su interior, siempre dispuestos a dar respuesta a quien les pida razón de su esperanza”. [15]

Bibliografía:

[1] PEW RESEARCH CENTER. Religious composition by country 2010-2050. En https://www.pewresearch.org/religion/2015/04/02/religious-projection-table/  SANTA SEDE. Anuario Pontificio 2022. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 2022. AGENZIA FIDES. Las estadísticas de la Iglesia Católica 2022. Dicasterio para la Evangelización de los Pueblos. Ciudad del Vaticano, 2022. RHODES, Ron. The complete guide to Christian denominations. Understanding the History, Beliefs and Differences. Harvest House Publishers. New York, 2015.

[2] KUNG, Hans.  El cristianismo.  Trotta. Madrid, 1997.CROSSAN, John Dominic.  El nacimiento del cristianismo. Sal Terrae. Santander, 2002. RATZINGER, Joseph. Introducción al cristianismo. Lecciones sobre el Credo Apostólico. Sígueme. Salamanca, 2020. GONZÀLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La entraña del cristianismo. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2010; Invitación al cristianismo: experiencia y verdad. Sígueme. Salamanca, 2018. FORTE, Bruno. La esencia del cristianismo. Sígueme. Salamanca, 2008. GUARDINI, Romano. La esencia del cristianismo. Una ética para nuestro tiempo. Cristiandad. Madrid, 2013. RAHNER. Karl. Curso fundamental sobre la fe. Introducción al concepto de cristianismo. Herder. Barcelona, 1979. MARTÌNEZ DÌEZ, Felicísimo. Teología fundamental: dar razón de la fe cristiana. San Esteban. Salamanca, 1997. SESBOUE, Bernard. Creer: invitación a la fe católica para los hombres y las mujeres del siglo XXI. San Pablo. Madrid, 2000.

[3] Mateo 16: 13-15

[4] LUTZ, Manfred. El escándalo de los escándalos. Desclée de Brower. Bilbao, 2019. COLLAZOS, Marisol. La Inquisición como instrumento de poder. En https://www.marisolcollazos.es/violencia/trabajos/Inquisicion.pdf  ROJAS, Arturo Iván. El escándalo del cristianismo. Clie. Barcelona, 2020. PAPA JUAN PABLO II. La Iglesia pide perdón por los pecados de sus hijos. Audiencia General del miércoles 1 de septiembre de 1999. PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Post Sinodal Reconciliatio et Poenitentia. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984.

[5] SESBOUE, Bernard. Imágenes deformadas de Jesús. Mensajero. Bilbao, 1999. Bernard Sesboüé (1929-2021), fue un teólogo y sacerdote jesuita, francés, profesor e investigador durante largos años en la facultad de teología del Centro Sevres de París. Autor de importantes libros como “El hombre, maravilla de Dios”, “Invitación a creer: unos sacramentos creíbles y deseables”, “Por una teología ecuménica”, “Jesucristo, el único mediador.

[6] Mateo 16: 13

[7] Mateo 16: 15

[8] FABRIS, Rinaldo. Jesús de Nazareth: historia e interpretación. Sígueme. Salamanca, 1995. J.P. ALT, Franz. Jesús, el primer hombre nuevo. El Almendro. Córdoba, 1993. MESTERS, Carlos. ¿Con Jesús, sí o no? Verbo Divino. Estella, 1998. MORACHO, Félix. Seguir a Jesús: catequesis para comunidades cristianas. Paulinas. Bogotá, 1988. SOUBLETTE, Gastón. Rostro de Hombre. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 1997. JOHNSON. Elizabeth A. La cristología hoy: olas de renovación en el acceso a Jesús. Sal Terrae. Santander, 1988. THEISSEN, Gerd. La sombra del Galileo. Sígueme. Salamanca, 2002. SANDERS, E.P. La figura histórica de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2001. ESPEJA, Jesús. Jesucristo, una propuesta de vida. San Pablo. Madrid, 2010. MARTÌNEZ DÌEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2005.

[9] ANDRÈS VELA, Jesús.  Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana.  Bogotá, 2012; Reiniciación cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986.

[10] URIBARRI BILBAO, Gabino. Ante los retos a la cristología de parte de la actual cultura plural. En revista Teología y Vida volumen 58 número 2. Pontificia Universidad Católica, Santiago de Chile. Se recomienda ver el número completo 326 de la Revista Internacional de Teología CONCILIUM Jesús como el Cristo en la actual encrucijada cultural. Verbo Divino. Estella, 2008. NOLAN, Albert.  Jesús hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2011. FRAIJÒ, Manuel. El cristianismo, una aproximación. Trotta. Madrid, 1997. GONZALEZ CARVAJAL, Luis. Esta es nuestra fe: teología para quienes no leen teología. Sal Terrae. Santander, 2017; Los cristianos del siglo XXI. Sal Terrae. Santander, 2012. ESTRADA, Juan Antonio. Jesús y la Iglesia: del proyecto mesiánico a la religión cristiana. Desclée de Brower. Bilbao, 2020; Qué decimos cuando hablamos de Dios? La fe en la cultura escéptica. Trotta.  Madrid, 2015.

[11] Mateo 16: 16

[12] Efesios 4: 20-24

[13] Mateo 16: 17-18

[14] CAAMAÑO; José Carlos. Los Obispos y el Obispo de Roma. En Revista Teología tomo L, número 112, páginas 55-71. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, diciembre 2013. TILLARD, Jean Marie. El Obispo de Roma. Estudio sobre el papado. Sal Terrae. Santander, 1986. CONGREGACIÒN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 1997. SCHATZ, Klaus. El primado del Papa. Sal Terrae. Santander, 1996.

[15] 1 Pedro 3: 15

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