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“Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados”

Comunitas Matutina

Domingo XXVIII Ordinario – 15 de octubre de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 25: 6-10
  2. Salmo 22: 1-6
  3. Filipenses 4: 12-20
  4. Mateo 22: 1-10

La opción preferencial de Dios es el ser humano, lo definitivo para Él es hacer de nosotros personas plenamente realizadas, llenas de sentido de la vida, felices, salvadas de la radical contingencia y precariedad que nos son inherentes: pecado, egoísmo, injusticia, muerte, los mayores indicadores de nuestra indigencia, necesitada de re significación y de esperanza. Lo que solemos llamar salvación, si bien apunta a la plena consumación de lo humano cuando pasemos la frontera de la muerte, también tiene una necesaria implicación en nuestra realidad histórica y existencial. La “otra vida” y “esta vida” son materia del interés salvífico de Dios, su tarea salvadora es integral. Él está empeñado en que nada de lo nuestro se pierda y fracase, apasionadamente enamorado de nosotros y deseoso de que logremos la anhelada plenitud. [1] Este es el Dios que se nos revela en Jesús: “Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor; y el que se mantiene en el amor se mantiene en Dios y Dios en él”. [2]

El salmo 22 y Filipenses, de las lecturas de este domingo, ponen de relieve el cuidado y la protección de Dios hacia la humanidad: “Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas”, [3] y Pablo comunica a los cristianos de Filipos el testimonio de la compañía divina en su vida y el deseo de que esta se extienda a toda la comunidad: “Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo con Aquel que me da fuerzas”. [4]

Dios se manifiesta como sólo Él lo sabe hacer: salvando, liberando, dando vida, manteniendo en sus creaturas el dinamismo de su vitalidad, con  la connotación de universalidad, tal  deseo teologal quiere ser para todos los seres humanos, don ofrecido a la libertad de cada persona, no se impone ni violenta autonomías. [5] Por esta razón es imperativo revisar con seriedad crítica las falsas imágenes de Dios, proyecciones de nosotros mismos cuando damos rienda suelta a imaginarios distorsionados que no son otra cosa que evidencias de las propias frustraciones no asumidas ni superadas. Tomar a Dios como recurso para justificar injusticias, sufrimientos, males, es manipularlo y usarlo antojadizamente, desconociendo la desbordante generosidad de su amor.

El relato de Mateo – otra parábola como las de los domingos anteriores – comparte ese horizonte de acogida universal, pero se encuentra con el rechazo violento de tal iniciativa, expresado en la parábola del banquete nupcial: “Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero estos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: Digan a los invitados, miren, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Vengan a la boda. Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio, y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron”. [6]

Jesús critica con extremo rigor la resistencia de los jefes judíos para acoger el don que el Padre Dios les está ofreciendo. El texto de Mateo es redactado dentro de una comunidad de judíos que empezaban a convertirse al naciente cristianismo, mirados con rabia y prevención por sus antiguos correligionarios. Por eso, el evangelista es tan insistente en afirmar la crítica que surge de Jesús y, con ello, el advenimiento de una lógica religiosa que no es la del culto formal y externo sino la de la vida que se orienta desde Dios hacia el prójimo. [7] No es casual que durante varios domingos consecutivos se nos ofrezca esta Palabra propuesta por Mateo sobre la “incapacidad” de la religión formal para entender y acoger la oferta de Jesús. Que sea esta reiteración una invitación a nuestra conciencia para revisar lo que nos corresponde en esta materia, si nos limitamos a la práctica exterior, si el asunto de Dios para nosotros es apenas un requisito que no totaliza y apasiona nuestro ser, o si estamos abiertos a sus dones, si no presumimos de méritos personales, si humildemente experimentamos la necesidad que tenemos de Él.

Ante tan rotunda negativa, el rey ordena a sus servidores que vayan a todos los lugares, sin contemplar categorías ni disposiciones morales, llamada universal que supera todas las diferencias humanas y reúne a todos en un mismo banquete. Es una voluntad salvadora, ilimitada, que aprovecha la hostilidad de unos – alusión a los judíos, especialmente a sus dirigentes – para manifestarse con esas características de incondicionalidad y de abundancia. [8]

Pero en la segunda parte (versículos 11 a 14) hay un cambio brusco: haber entrado no confiere el derecho automático a permanecer, para participar plenamente en los beneficios del banquete es preciso aceptar el don de la fe, la invitación que hace Jesús en nombre del Padre, el deseo deliberado de seguirle con todas sus implicaciones. Este es el contenido del “vestido de fiesta” que refiere el evangelista: uno de los presentes no ha sido capaz de asumir el compromiso ético implicado en la llamada. Es el misterio eterno de la libertad, la capacidad de decidir si se acepta o se rechaza la oferta liberadora de Dios. Él se propone, no se impone.

Esa manifestación de dureza va directamente a la cerrazón de los judíos, a ellos reta con la invitación: “Vayan, pues, a los cruces de los caminos e inviten a la boda a cuantos encuentren. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales”  [9]. Lo que quiere decir Jesús es que los creyentes, las personas religiosas, en este caso los judíos de tradición, se niegan a aceptar la invitación, mientras que los paganos [10] sí lo hacen. Este asunto es reiterado en la predicación de Jesús, con sus connotaciones de crítica a la no conversión de quienes se dicen primeros observantes de la ley y los profetas. La parábola es una interpretación del conflicto que tenía la comunidad de Mateo con las autoridades judías. [11]

Llegan todos, buenos y malos, no hay distinciones morales, pero, una vez en el banquete, hay que asumir la lógica del reino de Dios y su justicia. En el lenguaje de Jesús hay siempre una combinación de exigencia y de misericordia, seguir su camino es incluyente, lo suyo no parte de un moralismo rígido, solidario con el pecador no con el pecado, se compadece profundamente de las debilidades humanas, mira el trasfondo humilde de quien quiere dejarse seducir por su propuesta, pero al mismo tiempo demanda seriedad y compromiso en el seguimiento.

Por otra parte, el texto de Isaías – primera lectura – es de notable belleza teológica, el profeta está hablando a un pueblo que vive la peor crisis de su historia, lo hace con una visión muy lúcida y esperanzadora, seductora oferta para un pueblo sumido en la miseria y el desencanto. El intento de Isaías es que el pueblo supere la dura prueba, con la certeza de que Dios salva y consuela a todos: “Enjugará el Señor Yahvé las lágrimas de todos los rostros, y acabará con el oprobio de su pueblo en toda la superficie del país”. [12]

En el Antiguo Testamento el banquete tiene el significado de los tiempos mesiánicos, de la irrupción definitiva del favor de Dios para transformar la tristeza y devolver el sentido de la vida a los desencantados, El siempre dispuesto a saciar los más hondos anhelos del ser humano: “Aquí tenemos a nuestro Dios: esperamos que Él nos salvara; Él es Yahvé, en quien esperábamos; celebremos con alegría su victoria”. [13]

Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar raza ni condición social, ni religiosidad y – lo más escandaloso para los judíos – sin importar si son buenos o malos. Aquí hay un dato decisivo para comprender la misión de Jesús, su Buena Noticia que resignifica la vida de los condenados morales, de los humillados y ofendidos, de los desolados por causa de las injusticias de sus semejantes, de los rechazados por las instancias de religión y de moralidad. Tal mensaje tiene hoy las mismas implicaciones que en tiempos de Jesús. Dios sigue llamando a todos, sin excepción, pero cada uno responde según sus prioridades e intereses. El centro del mensaje es la iniciativa universal de salvación que se origina en el Padre,  intención de que todos los seres humanos lleguen a su plenitud; con esto, no admite la soberbia religioso moral de quienes presumen ser los administradores de los dones de gracia y salvación, despreciando y condenando a quienes – según ellos – no poseen las condiciones de santidad y de moralidad para hacerse acreedores a tales beneficios. [14]

Para el auténtico proyecto cristiano no es admisible que unos pocos se sientan los elegidos y denigren de la mayoría. No va con el proyecto de Jesús que algunos sigan empeñados en el pequeño y mezquino negocio de una salvación individual sin darse cuenta de que una salvación que no se ejerce en clave de solidaridad no es ni humana ni cristiana. Gran pecado de muchos en el mundo cristiano ha sido poner un envoltorio repugnante al evangelio, llenando la fe cristiana de prohibiciones, de miedos y culpas, de dogmatismos y milimetrías jurídicas, secuestrando la Buena Noticia y la esperanza de muchos en el mundo.

Ante tantos rechazos y exclusiones que padecen millones de seres humanos, malas noticias procedentes del pecado y egoísmo de unos cuantos, el Evangelio de Jesús es portador de la mejor noticia, que Dios es del ser humano, que Él se interesa amorosamente por cada uno, que su oferta acoge sin reservas, que en Jesús, Él sirve el banquete de la vida para que todos tengamos cabida, que su misericordia se comunica incondicionalmente: “Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús”. [15]

Bibliografía:

[1] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Recuperar la salvación. Para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana. Sal Terrae. Santander, 1995; Repensar la Revelación. La revelación divina en la realización humana. Trotta. Madrid, 2008. GONZALEZ DE CARDEDAL, Olegario. La gloria del hombre. Reto entre una cultura de la fe y una cultura del increencia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1985. LATOURELLE, René. El hombre de hoy a la luz de Jesús de Nazaret. Sígueme. Salamanca, 1984. RATZINGER, Joseph. Teología e historia. Notas sobre el dinamismo histórico de la fe. Sígueme. Salamanca, 1975. ROVIRA BELLOSO, José María. Revelación de Dios, Salvación del hombre. Sígueme. Salamanca, 1983. SCHYLLEEBECKX, Edward. Los hombres, relato de Dios. Sígueme. Salamanca, 1994. MOLTMANN, Jürgen. Teología de la Esperanza. Sígueme. Salamanca, 1999. LOHFINK, Gerhard. ¿Al final, la nada? Sobre la resurrección y la vida eterna. Sal Terrae. Santander, 2022.

[2] 1 Juan 4: 16

[3] Salmo 22: 1-3

[4] Filipenses 4: 12-13

[5] CORDOVILLA, Ángel. El misterio del Dios trinitario. Dios con nosotros. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2014. LADARIA, Luis F. El Dios vivo y verdadero. El misterio de la Trinidad. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2010. GELABERT BALLESTER, Martín. Vivir la salvación. Así en la tierra como en el cielo. San Pablo. Madrid, 2006. RUIZ DE LA PEÑA, Juan Luis. Creación, Gracia, Salvación. Sal Terrae. Santander, 1993. SEGUNDO, Juan Luis. Gracia y condición humana. En Ídem. Teología Abierta, volumen 1 Iglesia-Gracia; páginas 197-393. Cristiandad. Madrid, 1984; Qué mundo? ¿Qué hombre? ¿Qué Dios? Sal Terrae. Santander, 1993.  BOFF, Leonardo. Gracia y experiencia humana. Trotta. Madrid, 2001. SCHOONENBERG, Piet. Un Dios de los hombres. Herder. Barcelona, 1975.

[6] Mateo 22: 3-6

[7] VILA PORRAS, Carolina. Concepción de la ley israelita en el Nuevo Testamento y la concepción que de ella tiene Jesús. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 42 número 98 julio-diciembre 2015, páginas 483 – 510. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2015.  CARTER, Warren.  Mateo y los márgenes: una lectura sociopolítica y religiosa. Verbo Divino. Estella, 2007. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo: qué pasó en los años posteriores a la crucifixión de Jesús. Emecé Editores. Buenos Aires, 2002. VOUGA, François. Los primeros pasos del cristianismo. Estella. Verbo Divino, 2001. FARMER, William R. El Jesús histórico. Llamada de Dios a la libertad por el amor. En FARMER, William R (Editor). Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino. Estella, 2000; páginas 219-228.

[8] LADARIA, Luis F. El cristianismo y la universalidad de la salvación. En Estudios Eclesiásticos volumen 81, número 317, páginas 353-381. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2006. MADRIGAL TERRAZAS, Santiago. Eclesialidad y universalidad de la salvación a la luz de la noción “Eclesial ab Abel”. En Diálogo Ecuménico volumen XXXV número 112, páginas 211-262. Universidad Pontificia de Salamanca, 2000. LUGO GARCÍA, Héctor Eduardo. Universalidad de la salvación y teología incluyente. En Theologica Xaveriana número 138, páginas 183-192. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2001. DUPUIS, Jacques. Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso. Sal Terrae. Santander, 2000.

[9] Mateo 22: 9-10

[10] Por “paganos” se entiende a todos aquellos que no venían del judaísmo tradicional, también a quienes llevaban vidas apartadas de la moralidad de esa tradición religiosa. Alude a la actitud abierta de Jesús ante tantas personas pecadoras pero dispuestas a dejarse asumir por la misericordia y la compasión de Dios, conscientes de su fragilidad y en trance de acoger el don de su gracia.

[11] NOGUEZ, Armando. Las grandes controversias de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2023. SANDERS, E.P. El Reino: inversión de valores y perfeccionismo ético. En SANDERS, E.P. La figura histórica de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2005; páginas 219-227. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. La sabiduría de Jesús: entristecido por la dureza de corazón, sed misericordiosos como el Padre celestial. En GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010; páginas 199-242. ESTRADA, Juan Antonio. De la salvación a un proyecto de sentido: por una cristología actual. Desclée de Brower. Bilbao, 2013. HURTADO, Larry W. Destructor de los dioses: el cristianismo en el mundo antiguo. Sígueme. Salamanca, 2017.

[12] Isaías 25: 8

[13] Isaías 25: 9

[14] CONCILIO VATICANO II. Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. CODINA, Víctor. Para comprender la eclesiología desde América Latina. Verbo Divino. Estella, 2008. LUCIANI, Rafael & SILVEIRA, María del Pilar. La sinodalidad en la vida de la Iglesia. Reflexiones para contribuir a la reforma eclesial. San Pablo. Madrid, 2020.

[15] Filipenses 4: 19

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