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“Ustedes son testigos de estas cosas, y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido”

Comunitas Matutina

Domingo III de Pascua Ciclo B (Lucas 24:48-49)

Lecturas: 

1. Hechos 3: 13-19
2. Salmo 4
3. 1 Juan 2: 1-5
4. Lucas 24: 35-48

Común denominador de las lecturas bíblicas que la Iglesia nos propone durante el tiempo pascual, es el testimonio de muchas personas que experimentaron a Jesús como El Viviente, con el consiguiente cambio sustancial de sus vidas, en términos de entusiasmo, de compromiso con el Reino de Dios y su justicia, de temple para enfrentar las contradicciones religiosas y políticas causadas por las autoridades judías y romanas, de dedicar su vida por entero a anunciar la Buena Noticia. Esa condición de testigos les permitió animar a muchos para que siguieran el mismo camino, es entonces cuando surgen las primeras comunidades de cristianos y, más tarde, los evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento, que vienen a ser la concreción de lo vivido por esos testigos originales de la experiencia pascual, escritos como material de catequesis para quienes se interesaban en seguir el Camino. [1]

El evangelio de este domingo es una ruta para que nos comprometamos en esa condición testimonial, para que mantengamos ininterrumpida la apasionante vivencia del Resucitado, con su capacidad extraordinaria de reencantar la vida y de garantizar el sentido definitivo de la misma. Sin excepción , a todos los seres humanos nos inquieta el significado pleno de la existencia, si vale la pena vivir, si las inevitables experiencias de sufrimiento nos preparan para una plenitud inagotable. En la Pascua de Jesús, Dios comunica su respuesta a estas preguntas de sentido. En la comunicación de la fe en el Señor Resucitado los testigos y su testimonio son fundamentales, los discípulos-as originales dan el punto de arranque en la historia cristiana, con ellos se establece la sucesión apostólica. Después de esa primera generación de seguidores se van sucediendo los testigos, la transmisión del testimonio, la formación de la fe, las comunidades de creyentes, presencia viva y actuante del Resucitado hasta hoy y siempre. [2] La fe cristiana no puede dormir sobre los laureles de una inercia que la hace permanente, ella debe activarse siempre por la fuerza testimonial de la Iglesia toda y de cada comunidad de creyentes en particular.

El Papa Pablo VI en su clásico y siempre actual documento “Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio Hoy”, [3] dice con vehemencia que el testimonio es el elemento fundamental de la evangelización, lo que persuade a muchos a seguir el camino de Jesús: “La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar mediante el testimonio. Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: Por qué son así? Por qué viven de esa manera? Qué es o quién es el que los inspira? Por qué están con nosotros? Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva”. [4] Y a los pocos meses de iniciado su ministerio como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal el Papa Francisco insiste en lo mismo en su Exhortación Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio [5] :”La alegría del Evangelio que llena la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos que regresan de la misión llenos de gozo. La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeños. La sienten llenos de admiración los primeros que convierten al escuchar predicar a los Apóstoles “cada uno en su propia lengua” (Hechos 2:6)., en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá”. [6]

Las palabras de Pedro se inscriben en ese carácter de testimonio: ”Mataron al jefe que conduce a la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos; nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su nombre, el propio Jesús ha restablecido a este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe, dada por su medio, la que lo ha restablecido totalmente ante todos ustedes” . [7] No está haciendo esta afirmación “de memoria” porque él, junto con sus compañeros, ha vivido intensamente ese salto de la derrota y la frustración a la certeza de que el mismo hombre histórico que caminó con ellos y que fue condenado injustamente al suplicio de la cruz es ahora el Cristo Resucitado, el que ha transformado su vida de raíz, involucrándolos a todos en la novedad que surge de la Pascua.

La vocación fundamental de la Iglesia y de cada cristiano en particular, de cada comunidad de creyentes, es la de ser testigos, llevando una existencia ciento por ciento pascual, vale decir, de servicio, de solidaridad, de justicia, de fraternidad, de compromiso con la felicidad de los seres humanos en nombre de Dios, de transformación de la realidad injusta, de afirmación contundente de la dignidad de cada ser humano, de hacer que esa Iglesia motive a muchos para hacer parte de ese proyecto de nueva humanidad que resucita con Jesús. Esos testigos originales demostraron que ni la cruz ni el fracaso tuvieron la última palabra porque esta viene de Dios y es de vida definitiva e inagotable. [8]

Tal es la tarea cristiana, hacer el mundo totalmente nuevo, saturado de ilusiones, de razones para vivir, de inclusiones y equidades, también de valiente renuncia a pretensiones de poder, a incoherencias, a participación en religiosidades paralizantes, a miedos al compromiso, a disfrazar de prudencia nuestras cobardías, a los silencios cómplices y a las posturas anquilosadas: “Estaremos seguros de conocerle si cumplimos sus mandamientos. Quien dice: yo le conozco, y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, tenga por cierto que el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos con él” . [9]

¿Cómo estamos en materia testimonial? ¿Cómo los discípulos, también nos dejamos dominar por el miedo? ¿No terminamos de creer que sí está vivo y resuelto a inspirar nuestra vida? Seguimos manejando las mismas inseguridades y temores de Pedro y sus amigos? Confundimos a Jesús con un fantasma?: “Sobresaltados y asustados creyeron ver un espíritu, pero él les dijo: por qué se turban? Por qué albergan dudas en su mente? Miren mis manos y mis pies: soy yo mismo” . [10]

Las conocidas limitaciones de los discípulos en materia de captar a fondo el proyecto de Jesús tienen en estos temores una nueva evidencia, que sólo desaparecerá cuando tengan la osadía de seguir al Resucitado sin ambages, dispuestos a hacer vigente en totalidad su programa de bienaventuranzas, de nueva humanidad, de preferencia por los últimos del mundo, de conversión del corazón al Padre y al prójimo, de encarnación crucificada y redentora en la realidad del ser humano y de la historia. [11] También nosotros participamos de esas limitaciones: ¿Con qué disfraces hemos envuelto a Jesús en lugar de dejarnos transformar por el Viviente? Para superar esas inseguridades, Jesús se les presenta, así lo refieren los distintos relatos de apariciones del Resucitado. Esto último se inscribe en el ámbito de la fe, la certeza de que en la resurrección de Jesús Dios ha intervenido decisivamente en la historia de la humanidad, en su dimensión trágica de muerte y de dolor, para reorientar la misma salvíficamente instituyendo a su Hijo como Señor y Salvador.

El lenguaje de Lucas, de profunda densidad teológica y antropológica, afirma que el Jesús histórico, el Crucificado, es ahora el Viviente, el Señor Resucitado. El evangelista se vale de este recurso, aparentemente sensorial, para afirmar simultáneamente la humanidad y la divinidad de Jesús, y para mover a sus discípulos – y a nosotros – a establecer una relación personal con él, concreta y existencial, con la capacidad de transformarnos, de hacernos nuevos en la novedad de su humanidad y de su divinidad.

Como ya lo hemos comentado en otras páginas de Comunitas Matutina el relato de los discípulos de Emaús es un hermoso y dramático reflejo de lo que nos confunde y hace sentir derrotados en la vida. Como esos dos discípulos perplejos también nosotros como propio de nuestra condición humana experimentamos crisis, oscuridades, momentos de extraordinaria debilidad. Pero así mismo, esto nos remite – si ese es nuestro querer – a los testigos de la fe, a quienes han hecho de su vida una ofrenda a la causa de Jesús y a la promoción evangélica del ser humano, hallando en ellos temple, fortaleza y razones para la esperanza Es totalmente estratégico hacer pública esta enseñanza en tiempo de Pascua, con el fin de animarnos a llevar un estilo de vida pascual. Dejarnos tomar por el Resucitado conlleva una tarea misional, siempre humilde, siempre portadora de sentido, sin pretensiones de superioridad sobre nadie, con la discreta conciencia de sabernos inscritos en la aventura salvadora de Dios:Está escrito que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas”. [12]

________

[1] ALEGRE, Xavier. Testimonios literarios de los orígenes del movimiento cristiano: una introducción al Nuevo Testamento. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47264132.pdf KREMER, Jakob. El testimonio de la resurrección de Cristo en forma de narraciones históricas. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol28/112/112_kremer.pdf RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús después de su resurrección y antes de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263949.pdf DEL AGUA, Agustín. El testimonio narrativo de la resurrección de Cristo. En Estudios Eclesiásticos número 77; páginas 241-273. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2002. LÜDEMANN, G. & ÖZEN, A. La resurrección de Jesús: historia, experiencia, teología. Trotta. Madrid, 2001. NOGUEZ, Armando. Jesús resucitado según los relatos pascuales: narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador. Verbo Divino. Estella, 2022. LORENZEN, Thorwald. Resurrección y discipulado. Modelos interpretativos, reflexiones bíblicas y consecuencias teológicas. Sal Terrae. Santander, 1999.

[2] RATZINGER, Joseph. Transmisión de la fe y fuentes de la fe. En Scripta Theologica número 15, volumen 1; páginas 9-30. Universidad de Navarra. Pamplona, 1983. MADRIGAL TERRAZAS, Santiago. Nueva evangelización y transmisión de la fe. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 15 de enero de 2013. GERMAIN, Elizabeth. La transmisión de la fe en los primeros siglos cristianos. En Teología y Catequesis números 45-48; páginas 87-96. Universidad Eclesiástica San Dámaso. Madrid, 1993. PONCE DE LEÓN, Enrique. Testigos del Señor Jesús. Buena Prensa. Ciudad de México, 2007. SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA. La transmisión de la fe en el mundo de las nuevas tecnologías. XXXII Semana Argentina de Teología. Agape Libros. Buenos Aires, 2014. SÍNODO DE LOS OBISPOS. XIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA. La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Instrumentum Laboris. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2012. LOHFINK, Gerhard. La Iglesia que Jesús quería. Dimensión comunitaria de la fe cristiana. Desclée de Brower. Bilbao, 1986. PONTIFICIO CONSEJO PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO. El testimonio cristiano en un mundo multirreligioso. Recomendaciones de conducta. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano,  2011.

[3] PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Post Sinodal Evangelii Nuntiandi El Anuncio del Evangelio Hoy. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975.

[4] EVANGELII NUNTIANDI número 21

[5] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2013; Exhortación Apostólica Post Sinodal Christus Vivit. A los jóvenes y a todo el pueblo de Dios. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2019. VIVES, Josep. Hablar de Dios en el umbral del siglo XXI? Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2012. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser testigos. Comunidades de testigos y profetas. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 27 de abril de 2010. BARRIENTOS, Maynor. El testimonio de Pablo y la episteme del testigo: la experiencia traumática de la vida, pasión y resurrección de Jesús. En Espiga números 16-17; páginas 255-274. Universidad Estatal a Distancia. San Pedro de Montes de Oca, enero-diciembre 2008. CONSEJO PONTIFICIO PARA EL DIALOGO INTERRELIGIOSO Y CONGREGACION PARA LA EVANGELIZACION DE LOS PUEBLOS. Diálogo y Anuncio. Reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del Evangelio. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1991.

[6] EVANGELII GAUDIUM número 20.

[7] Hechos 3: 15-16

[8] Esto lo podemos asociar con la conocida expresión del Papa FRANCISCO “Una Iglesia en salida”, con ella el Papa alude al carácter misional-apostólico de la Iglesia, esta no es una entidad encerrada en sí misma, su razón de ser es el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado, contenido fundamental de lo que conocemos como Buena Noticia-Evangelio, respuesta de Dios al interrogante sobre el sentido de la vida que constantemente nos hacemos los seres humanos. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI. Una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2018. GONZÁLEZ CARVAJAL, Luis. Cristianos del siglo XXI. Interrogantes y retos pastorales ante el tercer milenio. Sal Terrae. Santander, 2002. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Ser cristiano hoy? Jesús y el sentido de la vida. Verbo Divino. Estella, 2009.

[9] 1 Juan 2: 3-5

[10] Lucas 24: 37-39

[11] THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. GRACIO DAS NEVES, Rui Manuel El movimiento de Jesús. Una lectura sociológica. Abya Yala. Quito, 2023. RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia. Una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Sal Terrae. Santander, 1998. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo. Verbo Divino. Estella, 2017. DRI, Rubén. La utopía de Jesús Biblos. Buenos Aires, 2000. MONGE CASTILLERO, Joaquín. Los primeros pasos del cristianismo a través de la figura de Pablo de Tarso. En Itálica Revista para la difusión de jóvenes investigadores del mundo antiguo. Número 4, páginas 1-25. Universidad Pablo de Olavide. Sevilla, 2022.PIÑERO, Antonio. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta. Madrid, 2006. SORDI, M. Los cristianos y el imperio romano. Encuentro. Madrid, 1998. VOUGA, G. Los primeros pasos del cristianismo: escritos, protagonistas, debates. Verbo Divino. Estella, 2001.

[12] Lucas 24: 36-48.

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