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“Yo bautizo con agua, pero entre ustedes hay uno a quien no conocen, que viene detrás de mí, a quien no soy digno de desatarle la correa de su sandalia”

Comunitas Matutina

Domingo III de adviento ciclo B – 17 de diciembre de 2023

Lecturas:

  1. Isaías 61: 1-11
  2. Interleccional Lucas 1: 46-54
  3. 1 Tesalonicenses 5: 16-24
  4. Juan 1: 6-8 y 19-28

En la memoria del pueblo judío tradicional estaban grabadas las imágenes del Ungido, de Elías y del Profeta, inscritas en su esperanza mesiánica y en la correspondiente certeza de la visita de Dios para liberarlos de toda opresión e infortunio. La figura de Elías es la del gran restaurador de la unidad de Israel; es, por tanto, un recuerdo que genera profundo sentido para los creyentes, como cuando en el cristianismo surgen figuras como el Papa Francisco, San Romero de América, la Madre Laura o San Francisco de Asís. Las lecturas de este domingo nos ponen en saludable contacto con estos liderazgos que encarnan las mejores expectativas de la humanidad, que nos remiten a la libertad y a la vida digna, al sentido pleno de la existencia en Dios. Esta expectativa tiene su cimiento en un Dios siempre dispuesto a lo mejor para atender salvíficamente a su pueblo, un Dios al que podemos calificar como el “Todo Bondadoso”, el “Todo Amoroso”, el “Todo Liberador”. [1] Es propio del énfasis teológico-pastoral de este tiempo de Adviento el anuncio de este Dios que viene portando estupendas noticias de vida y esperanza.

Estas evocaciones no se hacen en plan de recordar simplemente historias de la antigüedad del pueblo israelita. El propósito de la Palabra que se anuncia en las comunidades de fe es el de establecer un vínculo significativo entre la experiencia de nuestros antecesores en este camino creyente y los contextos de realidad de nuestros tiempos, los que vivimos cada uno de nosotros en los diversos ambientes donde se realiza nuestra vida. En unos y otros encontramos siempre hondas insatisfacciones, desencantos, también búsquedas apasionadas de sentido, esfuerzos concretos de liberación y de configuración de la dignidad individual y colectiva, denuncia profética de todo aquello que es injusto, lesivo del ser humano, esclavitud. Vale decir, que estamos constantemente en actitud de esperanza y de construcción de un presente y de un futuro en el que nos queremos experimentar libres y liberadores. [2]

Esta expectativa tiene su punto de partida en una conversión personal y también comunitaria. Si no existe la primera no hay un compromiso responsable para replantear nuestra existencia. La llegada de las realidades que nos liberan ha de iniciarse en nosotros mismos, con un profundo examen de conciencia, ejercicio autocrítico consistente, revisión de nuestra jerarquía de valores, confrontación exigente que proviene del mismo Dios para configurar un creyente adulto, sólido y comprometido con su reino y con su justicia. ¡Adviento es tiempo de conversión! [3]

Juan el Bautista [4] es un magnífico referente para iluminar estas realidades: “Hubo un hombre, enviado por Dios, se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz”. [5] Este profeta vivió un radical desacuerdo con el “desorden establecido” en su país, el mismo de Jesús: una religión formal y estereotipada sin conversión del corazón a Dios y al prójimo, una aristocracia religiosa totalmente desconectada del sentir popular, entregada a los intereses del imperio romano, este último dominando y sometiendo, sin compasión por el pueblo; pobreza, exclusión, olvido de Dios, olvido del hermano; por estas razones se siente movido a llamar la atención de todos a retornar a lo esencial de su fe y de su sabiduría humanista y teologal, y va al desierto para invitar a la conversión, cambio de prioridades, novedad de vida en Dios. Su pasión dominante es la justicia de Dios, su deseo de una conversión radical a Él, su indignación ante la perversión de los sacerdotes del templo y de los maestros de la ley, dedicados a la religión exterior sin transformación de la vida y plegados al poder imperial de Roma. [6] Ante estas oscuridades el relato nos habla así: “Yo soy la voz del que clama en el desierto, rectifiquen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. [7]

Esto, en nuestro Adviento contemporáneo, nos conecta con la realidad en la que vivimos: como seres humanos con vocación de dignidad y de felicidad aspiramos a llevar una vida que haga honor a esta condición, estructuramos proyectos existenciales que hagan viables estos deseos, nos esforzamos por mantenernos en una esperanza activa, encontramos personas y comunidades que trabajan a tiempo y a destiempo por hacer que esto sea posible, pero también estamos ante los tropiezos que provienen del egoísmo sistemático de muchos, convertidos en “situación de pecado”, un pecado que se plasma en estructuras sociales y económicas marcadas por el egoísmo de una economía desalmada y de unas categorías sociales excluyentes y responsables de la desigualdad vigente. Esta pecaminosidad estructural nace de posturas individuales igualmente marcadas por esta cerrazón al amor de Dios y al amor del prójimo. Individuos y sociedad requeridos de conversión. [8]

En la primera lectura, el profeta Isaías invita a todo el pueblo que vuelve del exilio, y que se ve desencantado porque les parece que las promesas iniciales no eran tan ciertas: “El espíritu del Señor me acompaña, por cuanto me ha ungido Yahvé. Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos, a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé…”. [9] El trabajo del profeta es promover la esperanza y rescatar el sentido de vida de estas comunidades en retorno a su tierra, su prioridad son los desheredados, a ellos dirige su misión de aliento; es consciente de que las condiciones del regreso no son las mejores, pero no se echa para atrás, en nombre de Dios hay posibilidades de reconstruir todo lo que se había perdido: “Igual que una tierra produce plantas y en un huerto germinan rebrotes, el Señor hace germinar la liberación y la alabanza ante todas las naciones”. [10]

El Interleccional recoge el testimonio de alabanza de María en la clásica oración del Magnificat, los pobres y desvalidos son socorridos en detrimento de los poderosos e Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham. Ella canta la grandeza de Dios que se ha fijado en los humildes, invirtiendo así la habitual mentalidad de dominación y sometimiento: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías”. [11] Este himno expresa en preciosa síntesis la lógica del Evangelio de Jesús, un mundo en el que la justicia, el reconocimiento de la dignidad de cada ser humano, la reivindicación de los humillados, tienen carácter prioritario. [12] Este es el mundo en el que irrumpe Dios para dar sustento a las esperanzas de la humanidad, principalmente las de aquella que continuamente es sometida a los embates de la pobreza, de la guerra y de la injusticia.

¿Tiene esto algo que ver con el despilfarro de la navidad de la sociedad de consumo? ¿Esta sociedad se deja permear por la luz que desvelan el Bautista y los humildes del mundo? ¿La sobriedad humana y evangélica de María nos dice algo de peso en estas navidades mundanas que no evocan a Jesús ni dan un giro hacia la solidaridad? ¡Los más frágiles interpelan siempre la prepotencia de los poderosos! [13]

Pablo, en la segunda lectura, invita a sus cristianos de Tesalónica a la fidelidad y a la esperanza. Esta comunidad procedía del paganismo, vivían algunas dificultades, les costaba desprenderse totalmente de sus ídolos y de las tradiciones de su antigua vida para seguir con libertad al Dios verdadero. Por esto, les llama la atención, para que decidan definitivamente seguir el camino de Jesús, sin ambigüedades: “No extingan el Espíritu, no desprecien las profecías, examínenlo todo y quédense con lo bueno. Absténganse de todo género de mal”. [14]

Es reiterado en estas reflexiones construir conciencia en torno a la autenticidad del camino cristiano, lo hemos dicho repetidas veces, no se trata de una cómoda pertenencia a una entidad prestadora de servicios religiosos, ni una membresía institucional que nos protege de los males del mundo. Lo que Jesús plantea –así lo prepara Juan el Bautista – es una comunidad de personas apasionadas por Dios y por el prójimo, en la que la fraternidad y la comunión, la solidaridad y la justicia, sean el testimonio calificado de ser genuinos hijos de la luz. Es responsabilidad de la Iglesia y de cada comunidad cristiana ser voz de aliento, significar en la coherencia de su conducta la experiencia del Dios amoroso y salvador. Continuamente el mundo recibe noticias lamentables, guerras sin término, prepotencia de no pocos gobernantes, escasez de recursos. ¿Cómo marcar un contraste, con rigurosidad evangélica, para que la humanidad reciba ánimo y consuelo?

¿Somos precursores del reino de Dios y su justicia, captando los alcances de la misión de Jesús? ¿Nuestro estilo de vida lo ratifica? ¿Preparamos con audacia los caminos del Señor? ¿Estamos dispuestos a ser sal de la tierra y luz del mundo, como Juan el Bautista y su movimiento?

Bibliografía:

[1] LIMBURG, Klaus. Dios es amor (1 Juan 4:8-16). En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558051.pdf  VON RAD, Gerhard. La acción de Dios en Israel. Ensayos sobre el Antiguo Testamento. Trotta. Madrid, 1996. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est Dios es Amor. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. FERRARA, Ricardo. La novedad y unidad del amor de Dios. En Teología tomo XLIV, número 92, páginas 105-126. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, abril 2007. SARMIENTO, Augusto. El amor de Dios a la vida: para una fundamentación cristiana del amor a la vida. En Scripta Theologica número 37, páginas 849-874. Universidad de Navarra. Pamplona, 2005. GELABERT BALLESTER, Martín. Creados desde y para el amor. En Veritas volumen II número 16, páginas 9-24. Pontificia Universidad Católica. Valparaíso, 2007; Vivir en el amor. San Pablo. Madrid, 2005. ORDEIG CORSINI, Manuel. Deslumbrados por el amor de Dios. Palabra. Madrid, 2019. BUENO DE LA FUENTE, Eloy. Eberhard Jüngel: Dios es amor. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, KASPER, Walter. La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014.

[2] TAMAMES, Ramón. De dónde venimos, ¿Qué somos, a dónde vamos? Un ensayo sobre el sentido de la vida en el universo antrópico. En Naturaleza y Libertad número 10, páginas 311-345. Universidad de Málaga, 2018. ESTRADA, Juan Antonio. La pregunta por el hombre y las antropologías. En Pensamiento volumen 71, páginas 1227-1237. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2015; La pregunta por Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 2005. SAVATER, Fernando. Las preguntas de la vida. Círculo de Lectores-Ariel. Barcelona, 1999. ZUBIRI, Xavier. Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica. Alianza Editorial. Madrid, 2006.

[3] CASAS, Juan Alberto.  La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor en el evangelio de Marcos. En Cuestiones Teológicas volumen 40, número 93, páginas 127-146.  Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, enero-junio 2013. ALONSO, Juan. Conversión filosófica y conversión cristiana. En Scripta Theologica número 41, páginas 687-710. Universidad de Navarra. Pamplona, 2009. JUSTO DOMÍNGUEZ, Emilio José. La conversión personal a Cristo en la iniciación cristiana. En Salmanticensis número 65, páginas 393-413. Universidad Pontificia de Salamanca, 2018. UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA INSTITUTO SUPERIOR DE PASTORAL. Conversión personal, conversión pastoral. XXIX Semana de Estudios de Teología Pastoral. Verbo Divino. Estella, 2018.

[4] ALVAREZ VALDÉS, Ariel.  Enigmas de la vida de Juan Bautista. San Pablo. Buenos Aires, 2012. SAEZ DE MATURANA, Francisco Javier.  Juan el Bautista, una aproximación al profeta del desierto. PPC. Madrid, 2020. BERMEJO RUBIO, Fernando. La relación de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 2011. JAUREGUI, José Antonio. Testimonio de Juan el Bautista (Juan 1: 19-36). En https://core.ac.uk/download/pdf/83571642.pdf

[5] Juan 1: 6-8

[6] MARTÍNEZ RIVERA, Roberto. El amigo del novio: Juan el Bautista. Historia y teología. Verbo Divino. Estella, 2019. EIZAGUIRRE, José. Actitudes proféticas hoy: pasión por el creador, las creaturas y la creación. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 25 de noviembre de 2014. SANZ GIMÉNEZ-Rico, Enrique. Los profetas y la justicia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 4 de noviembre de 2014. DEBERGÉ, Pierre. La justicia en el Nuevo Testamento. Verbo Divino. Estella, 2003. DE MARTINI; Siro. Misericordia y Justicia. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, 2013.

[7] Juan 1: 23

[8] RODRÍGUEZ, Victorino. El pecado colectivo: existencia y naturaleza. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/12951/1/pecado-colectivo-existencia.pdf GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Pecado estructural, pecado del mundo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1002/1/RLT-1986-007–C.pdf REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número monográfico: El pecado original: ¿un código de falibilidad? Concilium número 304. Verbo Divino. Estella, febrero 2004. RICOEUR, Paul. El mal: un desafío a la filosofía y a la teología. Amorrortu. Buenos Aires, 2007. PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Postsinodal Reconciliación y Penitencia. Librería Editrice vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984. SARAMAGO, José. Ensayo sobre la ceguera. Alfaguara. Madrid, 2007.

[9] Isaías 61: 1-2

[10] Isaías 61: 11. GUERRA SUAREZ, Luis María. Isaías, profeta de la esperanza. En Almogarén número 29, páginas 121-133. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 2015. WIENER, Claude. El segundo Isaías: el profeta del nuevo éxodo. Verbo Divino. Estella, 1985. VERKINDERE, G. La justicia en el Antiguo Testamento. Verbo Divino. Estella, 2001. DE FREITAS FARÍA, Jacir. Denuncia, solución y esperanza en los profetas. En Ribla Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, números 35-36, páginas 25-35. Quito. 2000. JARAMILLO RIVAS, Pedro. La injusticia y la opresión en el lenguaje figurado de los profetas. Verbo Divino. Estella, 1992. PIXLEY, Jorge. La historia de Israel vista desde los pobres. Verbo Divino. Quito, 1990.

[11] Lucas 1: 51-53

[12] GEBARA, Ivone & BINGEMER, María Clara.  María, mujer profética. Paulinas, Madrid, 1999. TEMPOLLI, M.C. María mujer de Dios y de los pobres. San Pablo. Buenos Aires, 2008. DUARTE, Álvaro. María, madre y hermana de los pobres. En Albertus Magnus volumen 4, número 2, páginas 25-40. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. FORTE, Bruno. María, la mujer icono del misterio. Sígueme. Salamanca, 2001.

[13] CHICA ARELLANO, Fernando. Misericordia, amor a los pobres, colaboración en la construcción de la casa común. En Isidorianum volumen 25, número 49, páginas 29-56. Facultad de Teología San Isidoro. Sevilla, 2016. ELIZALDE PRADA, Oscar, HERMANO; Rosario; MORENO GARCÍA, Deysi. Los clamores de los pobres y de la tierra nos interpelan. Amerindia. Montevideo, 2019. BENNASSAR, Bartomeu. Pensar y vivir moralmente. La actitud samaritana del pueblo de Dios. Sal Terrae. Santander, 1988. SOBRINO, Jon. La opción por los pobres, dar y recibir: humanizar la humanidad. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1345/1/RLT-2003-060-E.pdf GUTIERREZ MERINO, Gustavo. En busca de los pobres de Jesucristo: El pensamiento de Bartolomé de Las Casas. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1992. PLANELLAS BARNOSELL, Joan. La Iglesia de los pobres: del Vaticano II al papa Francisco. En https://www.fpablovi.org/images/InstitutoSocial/CursoDSI/2015IglesiadelosPobres.pdf

[14] 1 Tesalonicenses 5: 19-22

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Homilías del autor

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25
FEB

“Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: Este es mi Hijo amado, escúchenlo”

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18
FEB

“Después de esto el Espíritu llevó a Jesús al desierto. Allí vivió durante cuarenta días entre las fieras , y fue puesto a prueba por Satanás, y los ángeles le servían”

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