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Una obra de puertas abiertas

Cuerpo Apostólico

Por: Alix Katherin Niño Corzo. Profesional de Comunidades Digitales, Oficina Provincial de Comunicaciones

Artículo extraído de la edición Junio de Noticias de Provincia, la publicación mensual de Jesuitas Colombia.

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Fotografía: Equipo de la Oficina Nacional del JRS – COL, Bogotá – 2024.

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A finales de la década de los 90s, producto de la violencia, la inseguridad y las disputas políticas, el país experimentó un aumento significativo en el desplazamiento interno de personas. Desde el inicio del conflicto con los grupos armados, Colombia pasó de tener una población urbana del 30.9% (1938) al 72.3% (1994)[1] debido a la llegada masiva de población rural a las capitales. Esta migración forzada aumentó las problemáticas sociales y humanitarias debido a la falta de acceso a servicios públicos y la insatisfacción de las necesidades básicas de la población. Como respuesta a la coyuntura del momento, en 1995, el Servicio Jesuita a Refugiados comenzó su operación en el país acompañando inicialmente a las comunidades del Magdalena Medio. “La obra fue una forma en la que la Provincia se comprometió a trabajar más activamente por las personas que estaban sufriendo el conflicto armado, sobre todo en temas de desplazamiento forzoso”, comenta el P. Juan Enrique Casas, SJ, actual director del JRS Colombia.

A nivel internacional, esta organización fue fundada el 14 de noviembre de 1980 por el P. Pedro Arrupe[2] quien conmovido por la difícil situación de los boat people (refugiados vietnamitas que buscaban asilo a bordo de precarias embarcaciones) animó a las provincias jesuitas del mundo a coordinar una respuesta humanitaria global: “No podemos ignorar -esta situación- si queremos seguir siendo fieles a los criterios que ha señalado San Ignacio para nuestro celo apostólico”, decía el P. Arrupe en su carta “La Compañía y el problema de los refugiados”. Actualmente, está presente en más de 60 países en todo el mundo trabajando por diversas comunidades, algunas de ellas en guerra como es el caso de Sudán, Siria, Irak y la crisis humanitaria en Venezuela.[3]

Desde que inició su labor en Colombia, el JRS se ha encargado de acompañar, servir y defender a las personas en situación de refugio, migración, desplazamiento, confinamiento, y a las comunidades receptoras[4]. Casi 30 años de camino ininterrumpido son una muestra del compromiso que mantiene la esperanza a pesar del dolor y una respuesta a las crisis que afectan al mundo.  De acuerdo con el P. Casas, durante el 2023 prestaron 35 mil servicios en el país, esto en promedio equivale a 95,8 por día y 205,8 por colaborador, si se tiene en cuenta que el JRS tiene alrededor de 170 colaboradores apostólicos distribuidos en sus oficinas territoriales en el Magdalena Medio, sur de Bolívar, Soacha, Ibagué, Nariño, Norte de Santander, Valle del Cauca, Eje Cafetero y Cartagena.

Su trabajo se despliega a través de cinco áreas misionales en las que desarrollan programas de acompañamiento, construcción y fortalecimiento de redes comunitarias, así como capacidades de agenciamiento en las personas y procesos acompañados. En el área de protección prestan asesoría jurídica, atención psicosocial y apoyo para el acceso a derechos fundamentales desde una perspectiva dignificadora. En la integración comunitaria despliegan mecanismos y alianzas con entidades públicas y privadas para favorecer la empleabilidad y la visibilización de los emprendimientos personales y comunitarios; ejemplo de ello es la marca delAlma, una iniciativa institucional que destaca la contribución social y económica de personas que han experimentado movilidad humana forzada[5]. La educación es otra de las áreas en las que han generado importantes acciones hacia la construcción de un futuro esperanzador, entendiendo que la formación académica aporta al pleno desarrollo y la autosuficiencia de la población. Otra de las áreas es la incidencia que a través de acciones y procesos políticos, sociales y de opinión pública responden al llamado del Padre General Arturo Sosa, SJ; lo anterior, junto a distintos programas estratégicos, permiten “hacer una planificación estratégica en profundidad, reaccionar con agilidad ante la novedad de las situaciones y mejorar la capacidad de administrar responsablemente los recursos económicos y humanos”.[6] Gracias a esto, han podido influir directamente en sentencias y reglamentaciones en la Corte Constitucional, el Senado de la República y las Asambleas Departamentales. Por último, están las comunicaciones que permiten dar visibilidad a los procesos y fortalecer las capacidades de agenciamiento por medio de la comunicación para el cambio social.

El 1 de julio de 2022, el liderazgo de la obra fue asumido por el P. Juan Enrique Casas Rudbeck, SJ, después de trabajar como académico del Centro Universitario Ignaciano en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, México. En esta misión que hoy desempeña reconoce un regalo que ha podido desempacar “de la mano de hombres y mujeres que caminan juntos y juntas donde los mueva el corazón”. “El jesuita no debe caminar solo, porque esa no es la misión. El liderazgo es construir juntos y reconocer que la verdadera sabiduría está en los equipos”, explica. Igualmente, esta labor es una confirmación de su Principio y Fundamento que ha implicado “redoblar la oración para saber hacia dónde caminar”.

En el corazón del JRS Colombia están sus equipos, sus momentos cotidianos de profunda reflexión y discernimiento, así como su espíritu de unidad.  “Tenemos en nuestro horizonte dos cosas: la reconciliación, como el volver a estar juntos representado en el sol de justicia que brilla para todos y todas, y por otro lado, la hospitalidad como la luna en la noche, en el sentido de la sagrada familia que va buscando acogida”, afirma el P. Casas. En este marco, el trabajo lo desarrollan bajo varios enfoques, entre ellos el de género, retomando el decreto 14 de la Congregación General 34 sobre el rol de la mujer en la sociedad y la Iglesia; el enfoque diferencial que reconoce la diversidad étnica, cultural y social del cuerpo apostólico y de las comunidades acompañadas, la rendición de cuentas articulada con las personas que reciben los servicios humanitarios y, al interior de la obra, la identidad y la misión teniendo en cuenta la invitación de la Congregación General 36 a asumir el apostolado como un estilo de vida: “Nuestra vida es misión, la misión es nuestra vida”,[7] decía el Padre General en una carta a toda la Compañía en 2017.

Los impactos positivos de una organización de esta envergadura son en muchos casos difíciles de medir, ya que las cifras no logran enmarcar los cambios cualitativos que una acción puede originar en las poblaciones circundantes; además de los matices que va tomando de acuerdo al territorio. “No es lo mismo atender las fronteras como Nariño o Cúcuta, que atender el corazón del país como Barrancabermeja, Buenaventura o Soacha; unas tienen un tránsito pendular (…) y en otras hay personas locales que están sufriendo el desplazamiento forzoso a causa del conflicto”. Sin embargo, en todos los proyectos y actividades que desarrollan han podido evidenciar que el principal impacto es el reconocimiento al acompañamiento integral que la obra realiza: “la población que atendemos dice que en donde otras organizaciones dan kits escolares y dinero, el JRS da acogida, un abrazo y da el corazón”. A nivel cuantitativo, las mediciones más que cifras buscan compartir qué se ha hecho, qué se hace y qué más se puede hacer por Cristo; “¿Y quién es Cristo? El rostro crucificado del que emigra o el que está desplazado”, explica el P. Casas.

Un retrato de los frutos de esta labor se evidencia en el municipio de Soacha en donde, desde 2021, el JRS Colombia empezó un proyecto de desarrollo comunitario en el barrio Panorama. La iniciativa incluyó unos espacios de capacitación inicial con la comunidad para identificar las prioridades y necesidades del territorio. De allí, trabajaron en la consolidación de un salón comunal, el fortalecimiento de su saneamiento básico y un programa de espacios protectores para el desarrollo de habilidades socioemocionales dirigido a los niños. De manera transversal ahora realizan programas de formación que han fortalecido a los líderes y lideresas del barrio para que desde sus capacidades puedan iniciar proyectos de cambio social. Pastora Ruiz Galindo, lideresa comunitaria, ha desarrollado actividades con los jóvenes de su barrio para evitar el consumo de estupefacientes e iniciado proyectos de ahorro con las familias del sector. “Es una organización con muy buenos fundamentos y muy bien direccionada. Ellos llegan a donde es, a la población que es y buscan la manera. Sé que con todos estos procesos van a llegar a muchas comunidades que realmente lo necesitan y donde hay mucha vulnerabilidad y pobreza”, menciona.

 

Los secretos para que el JRS Colombia realice día a día su labor con calidad y amor son definidos por su director como la credibilidad y el compromiso solidario que los colaboradores de la obra depositan en cada acción cotidiana;  al final del día, a pesar del cansancio “el corazón está rebosante de alegría” y esto se manifiesta en el compartir fraterno. Otro aspecto son sus políticas institucionales en donde se prioriza el buen humor. Su lema “si no es divertido no es sostenible” hace parte de las iniciativas que “ayudan a mantener la llama viva en el equipo y en las personas”. Las coordinaciones territoriales son “un ejemplo de Iglesia” y un referente para las entidades que trabajan en articulación del “corazón que las personas le van poniendo” al trabajo según las realidades que deben enfrentar. En Pereira, una oficina de cuatro personas es referente departamental por su movilización y apoyo; en Buenaventura se ha logrado que el 90% del equipo sea población local con una capacidad extraordinaria de entender y vibrar con la región, y en Cartagena hay una apuesta por acompañar a la población migrante con alta vulnerabilidad asociada al turismo sexual.

En el acompañamiento que realiza el JRS Colombia hay miles de historias de superación, cambio y sacrificio, pero también los testimonios de personas que desde su vocación han elegido acompañar, servir y defender la vida; prueba de ello es la coordinación de Norte de Santander que desde hace seis meses fue asumida por Maríajosé García Romero. Su recorrido en la Compañía inició en Venezuela en el Programa de Liderazgo Universitario Ignaciano Latinoamericano (PLIUL) y posteriormente, en 2017, ingresó al JRS Venezuela. Después de seis años trabajando en el país vecino, se trasladó a Cúcuta, donde ha podido “vivir la dignidad humana como una forma de proceder”“He encontrado dentro de la Compañía de Jesús no solamente mi vocación, sino también la necesidad de enriquecer mis conocimientos y aprendizajes. Este no es solo un trabajo, sino una forma de vivir desde lo misional”, comenta con cariño. Su jornada incluye el acompañamiento a su equipo, salidas de campo a zonas urbanas y rurales, talleres en contenidos jurídicos, psicosociales y en temas de reconciliación y hospitalidad, y alianzas con entidades que puedan apoyar procesos. “Yo le apuesto a que el JRS siga siendo una puerta para sueños, para alcanzar propósitos; que cada vez cerremos más barreras y hagamos las distancias más cortas (…) mi sueño real es que no tengamos que estar, pero mientras que tengamos que estar podamos darle valor y sentido propio a nuestra misión diferenciandola del trato institucionalizado y mecánico que se le puede dar a una persona en situación de necesidad”, asegura.

El JRS sueña con una Colombia hospitalaria y reconciliada en donde se abrace y dignifique la vida de las personas en movilidad humana forzada y de las comunidades receptoras , haciendo vivo el mensaje el papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado 2018 de “acoger, proteger, promover e integrar” a aquellos “que huyen de las guerras, las persecuciones, los desastres naturales y la pobreza”. En el contexto actual colombiano, la tarea de la obra es fundamental. De acuerdo con Migración Colombia, el flujo migratorio irregular durante el 2023  aumentó más de un 250%, representado en 539.959 personas de distintas nacionalidades que están expuestas a situaciones de riesgo; y esta tendencia podría aumentar en un 30% durante el 2024. Esto exige un compromiso continuo, responsable y humanizado, y una propuesta de acompañamiento estructurado para abrir perspectivas a futuro.

Con la complejidad del fenómeno migratorio y la constante incertidumbre, el JRS Colombia se enfrenta múltiples desafíos externos en su quehacer cotidiano como la coyuntura política de los países limítrofes, la gestión de los recursos que se tramitan con entidades privadas y cooperación internacional; y los requerimientos del Estado para una organización de este alcance. A nivel interno se evidencia el reto de asegurar servicios de calidad y el cumplimiento de su apuesta institucional de trabajar con un horizonte de reconciliación y hospitalidad. Sin embargo,  quizás el principal reto para el JRS Colombia es cumplir el “sueño del P. Arrupe de que la obra existiera para acabar pronto”, porque esto implica que el Reino de Dios se está haciendo más presente en la humanidad, explica el P. Casas.

El JRS Colombia está abierto a la colaboración, disponible para el trabajo articulado y en proceso de innovación constante. En palabras del P. Casas es “una obra que está encarnando el sueño de Ignacio”, por lo que le gustaría que fuera percibida como “una institución ágil, eficiente y amable, que tiene espíritu, corazón, calidad y conocimiento técnico”. Por esto, invita a la Provincia a “compartir y conocer” quiénes son y los proyectos que desarrollan. Somos “una casa de puertas abiertas. Bienvenidos”, finaliza.

 

Sabías que…

  1. El 14 de noviembre de 1907, nació el P. Arrupe quien 73 años después fundaría el JRS en la misma fecha de su cumpleaños.
  2. Desde 2020, el 14 de noviembre ha sido designado como el Día del JRS, para “recordar la respuesta continua de la Compañía de Jesús a las necesidades de las personas desplazadas por la fuerza”.[8]
  3. En 2021, el JRS Colombia estrenó la miniserie documental “Caminantes”, un recorrido por la migración forzada venezolana y el caminar trasfronterizo.

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Bibliografía

[1] Cifras en los censos de población nacional, realizados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), desde 1938.

[2] Extraído de https://col.jrs.net/sobre-nosotros/historia/

[3] Extraído dehttps://jrs.net/es/nuestro-impacto/

[4] Extraído dehttps://col.jrs.net/nuestro-trabajo/

[5] Extraído de la página oficial de Instagram delalma.colombia/

[6] Carta del P. Arturo Sosa, SJ a toda la Compañía de Jesús y a los que colaboran en la misión. El Servicio Jesuita para los Refugiados renueva su compromiso. 2019/15

[7] Carta del P. Arturo Sosa a toda la Compañía. Nuestra vida es misión, la misión es nuestra vida. 2017/08

[8] Discurso del Padre General Arturo Sosa, SJ por el 40 aniversario del Servicio Jesuita a Refugiados.

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