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Hagan esto en memoria mía

El mensaje del domingo

LA CENA DEL SEÑOR Marzo 28 de 2024

1ª Lectura (Éxodo 12,1-14): El Señor dijo en Egipto a Moisés y Aarón: Este mes será para ustedes el principal (…). El día diez de este mes cada uno tomará un cordero o un cabrito por familia (…). Si la familia es pequeña, el dueño de la casa y su vecino más cercano lo comerán juntos, repartiéndoselo según el número de personas (…). Deberá ser de un año, macho y sin defecto (…). Lo guardarán hasta el catorce del mes, y ese día lo matarán al atardecer. Tomarán la sangre y la untarán por todo el marco de la puerta de la casa. Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura (…). Vestidos y calzados, con el bastón en la mano, coman de prisa, porque es la Pascua del Señor. Esa noche yo pasaré por Egipto y heriré de muerte al hijo mayor de cada familia egipcia y a las primeras crías de sus animales, y dictaré sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor, lo he dicho. La sangre les servirá para que ustedes señalen las casas donde se encuentren. Y así ninguno de ustedes morirá, pues veré la sangre y pasaré de largo. Éste día ustedes deberán celebrar una gran fiesta (…).

2a Lectura (1 Corintios 11,23-26): Yo recibí esta tradición dejada por el Señor y que les transmití: la noche que el Señor Jesús fue traicionado, tomó en sus manos pan y, después de dar gracias a Dios, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.» Después de la cena tomó en sus manos la copa y dijo: «Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre. Cada vez que beban, háganlo en memoria mía». Por eso, cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Antífona previa al Evangelio (Juan 13,34): Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros.

Evangelio (Juan 13,1-15): Antes de la fiesta de la Pascua, Jesús sabía que había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y los amó hasta el extremo. El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Jesús sabía que había venido de Dios e iba a volver a Dios, y que el Padre le había dado toda autoridad; así que, mientras cenaban, se levantó de la mesa, se quitó la túnica y se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla. Cuando iba a lavarle los pies a Simón Pedro, éste le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Jesús le contestó: —Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás. Pedro le dijo: —¡Jamás me lavarás los pies! Respondió Jesús: —Si no te los lavo, no podrás ser de los míos. Simón Pedro le dijo: —Entonces, Señor, no me laves sólo los pies, ¡sino también las manos y la cabeza! Jesús le contestó: —Quien está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está todo limpio. Ustedes están limpios, mas no todos. Dijo «no están limpios todos», porque sabía quién lo iba a traicionar. Después volvió a ponerse la túnica, se sentó a la mesa y les dijo: —¿Entienden ustedes lo que he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo.

1. En la Cena Pascual Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía

La primera lectura evoca la cena pascual con que los israelitas recuerdan su liberación de la esclavitud en Egipto. Y la segunda es el primer relato de la cena en que Jesús instituyó la Eucaristía. Destaquemos de este relato lo siguiente:

  • Hagan esto en memoria mía: La Eucaristía es memorial que actualiza la acción liberadora de Dios en favor de todos los seres humanos, mediante el sacrificio redentor de su Hijo Jesucristo. Por lo tanto, no es un simple recuerdo simbólico, sino el signo eficaz (sacramento) de la realización actual de este sacrificio.
  • Tomen y coman, esto es mi cuerpo… Tomen y beban, esto es mi sangre: La Eucaristía es alimento que nos nutre espiritualmente con la vida de Jesús presente en las especies consagradas de pan y vino, transformadas en su cuerpo y sangre, o sea en su vida entregada a Dios Padre por nosotros y para nuestra salvación.
  • Partió el pan: Se parte para com-partir. La Eucaristía, a la que los primeros cristianos llamaron “Fracción del pan” (Hechos 2, 46-47a) es signo eficaz de com-unión con Cristo y entre nosotros. “Comulgar” es identificarnos con Jesús y acoger vitalmente el reino de Dios, es decir el poder del Amor, con el compromiso de colaborar en la construcción de una com-unidad acorde con la voluntad de Dios.

 

2. En la Cena Pascual Jesús instituyó el Sacramento del Orden

  • Al instituir la Eucaristía, Jesucristo, que es el Sumo y Eterno Sacerdote, o sea el único propiamente Mediador (Pontí-fice: el que hace el puente) entre Dios y la humanidad por ser Dios y hombre, instituye también el sacerdocio ministerial con el Sacramento del Orden.
  • Todos los bautizados y confirmados, varones y mujeres, participamos de la misión mediadora de Jesucristo en el sacerdocio común de los fieles, por el cual podemos ofrecernos con Él a Dios Padre y colaborar de distintas formas en el servicio a la comunidad, como, por ejemplo, en los ministerios laicales de la Palabra y la Comunión.
  • Ahora bien, algunos, por el Sacramento del Orden, somos ordenados como dispensadores de la gracia de Dios en los sacramentos que nos corresponde oficiar: los diáconos, ministros ordinarios del Bautismo y también oficiantes del Matrimonio -cuyos ministros son los contrayentes-; los presbíteros, que además de presidir la Eucaristía oficiamos los otros sacramentos antedichos, la Reconciliación y la Unción de los Enfermos; y los obispos, que además de todos los sacramentos anteriores administran los de la Confirmación y el Orden.

 

3. En la Cena Pascual Jesús nos dio el Mandamiento “Nuevo” del Amor

  • Los amó hasta el extremo, dice Juan al iniciar el relato de la última cena con el lavatorio de los pies, un rito que
    realizaban los esclavos. Lucas (22, 26-27), por su parte, cuenta que, en aquella cena, cuando los discípulos
    discuten quién de ellos es el más importante, Jesús les dice: Yo estoy entre ustedes como el que sirve.
  • Desde mucho antes existía la máxima “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Pero Jesús va más allá: no sólo la formula en positivo (“traten a los demás como quieren que los demás los traten a ustedes”- Lucas 6,31-, lo que equivale a “ama a tu prójimo como a ti mismo” -Levítico 19,18 y Mateo 22,36-), sino que agrega lo nuevo: “como yo los he amado”, es decir, hasta dar la propia vida. Por eso Jesús dice enseguida: nadie tiene mayor amor que quien da su vida por los que ama. Y eso mismo hizo Él por todos nosotros.

Démosle gracias al Señor por su amor manifestado en la entrega de su vida por y para nosotros y que nos alimenta en la Eucaristía, y pidámosle, invocando la intercesión de María santísima, la de sus fieles discípulos y discípulas que estuvieron presentes en la Última Cena, y la de todos los santos, que nos conceda su gracia para reconocernos efectivamente unos a otros como hermanos, hijos de un mismo Creador, y mostrar ese reconocimiento cada día mejor en lo que san Ignacio de Loyola expresó en sus Ejercicios Espirituales como la disposición a en todo amar y servir.

 

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué mociones o sentimientos espirituales suscita en mí el relato de la institución de la Eucaristía?
2. ¿Cómo siento que estoy llamado a vivir mi participación en el Sacerdocio de Cristo?
3. ¿A qué siento que me mueve el mandamiento nuevo del Amor en mis relaciones humanas?

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