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«No tengan miedo»

El mensaje del domingo

XII Domingo Ordinario. Ciclo A – Junio 25 de 2023

Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse; lo que les digo en la oscuridad díganlo a la luz del día, y lo que les digo al oído pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; tengan miedo más bien al que puede llevar alma y cuerpo a la perdición. ¿No se venden un par de pajarillos por poco dinero? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre lo permita. En cuanto a ustedes mismos, hasta los cabellos de su cabeza Él los tiene contados. Así que no tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos”. Si alguien se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si alguien me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo” (Mateo 10, 26-33).

No tengan miedo”. Estas palabras, dirigidas por Dios a las personas escogidas por Él para una misión específica, son frecuentes en el Antiguo y el Nuevo Testamento y podemos encontrarlas en distintos pasajes de los Evangelios dichas por Jesús a sus discípulos, no sólo durante su vida terrena, sino también cuando se les manifestó resucitado. Ellas constituyen el núcleo del mensaje que nos trae hoy la Palabra de Dios. Sintámoslas dichas también a nosotros y meditemos sobre ellas a la luz de las lecturas bíblicas de este domingo: Jeremías 20,10-13); Romanos 5,12-15; Mateo 10, 26-33.

 

  • No tener miedo de proclamar el mensaje liberador de Jesucristo

No les tengas miedo, porque yo estaré contigo para protegerte”, le había dicho el Señor a Jeremías (1, 8), aquel profeta del siglo VII a.C. que, tal como este mismo lo relata en la primera lectura (20, 10-13), sería perseguido por quienes detentaban el poder por denunciar la idolatría y la injusticia, pero no se arredraría ante las amenazas porque confiaba plenamente en Dios diciendo. “El Señor está conmigo”. Y la palabra de Dios en el Salmo 69(68) invita a quienes sufren la incomprensión o la persecución por causa de su fe, a que confíen en Él, “Por ti he aguantado afrentas (…), las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, (…) que me escuche tu gran bondad…” Y la actitud de no tener miedo se relaciona asimismo con la exhortación del apóstol san Pablo a los primeros cristianos de Roma en la segunda lectura (Ro 5, 12-15), a que vivan en libertad, no esclavizados, o atados por temor, a la letra de unas normas o al formalismo de unos ritos externos, sino obrando según el Espíritu Santo y confiando en la gracia divina.

Pero centrémonos en lo que Jesús recomienda a sus apóstoles en el Evangelio, después de haber elegido como tales a doce de sus discípulos: “No hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse; lo que les digo en la oscuridad díganlo a la luz del día, y lo que les digo al oído pregónenlo desde las azoteas”. También nosotros estamos llamados, cada uno y cada una con una misión específica, a anunciar la Buena Noticia de Jesús tanto mediante la palabra como a través de nuestro comportamiento. Con frecuencia puede suceder que, ante un ambiente adverso a la fe, experimentemos la tentación de ocultar nuestra identidad. Es entonces cuando el Señor nos invita a no tener miedo, ofreciéndonos la fuerza del Espíritu Santo para no dejarnos vencer por la cobardía o el falso “respeto humano”, de modo que pueda aplicarse a nosotros lo que dice Jesús al final del Evangelio: “Si alguien se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre …”

 

  • No tener miedo de morir por ser fieles a la misión que el Señor nos ha encomendado

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien al que puede llevar alma y cuerpo a la perdición…”. A todo lo largo de la historia del cristianismo, los mártires-palabra de origen griego que significa testigos-, han entregado su vida por dar testimonio de su fe en Jesucristo y vivirla con honestidad. También nosotros, si queremos ser verdaderos seguidores suyos, debemos estar dispuestos a dar nuestra vida.

Por eso, medio de un ambiente que lleva a muchos a claudicar de sus convicciones ante el riesgo de poner en peligro la propia comodidad, resuena el mensaje de Jesús: “No tengan miedo”. Preguntémonos qué preferiríamos de las personas a las que queremos: ¿que la memoria de su paso por esta vida sea la de quienes fueron fieles a los principios éticos de honestidad y justicia hasta la muerte, o la de quienes por cobardía renunciaron a esos mismos principios? Esta misma pregunta podrían hacerse quienes nos quieren acerca de cada uno y cada una de nosotros.

 

  • No tenerle miedo al futuro porque estamos en las manos de Dios

¿No se venden un par de pajarillos por poco dinero? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre lo permita. En cuanto a ustedes mismos, hasta los cabellos de su cabeza Él los tiene contados. Así que no tengan miedo: ustedes valen más que muchos pajarillos”. Lo que nos quiere mostrar Jesús a través de esta comparación es que estamos en las manos de Dios, para cada uno y cada una de nosotros tiene un valor igual al de su amor infinito, y por eso podemos confiarle sin temor lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que tenemos, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

Y en este mes de junio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta se celebró el viernes pasado, renovemos nuestra disposición a corresponder a su amor infinito ofreciéndole nuestra vida. San Ignacio de Loyola (1491–1556) compuso una oración que forma parte de la “Contemplación para alcanzar Amor” que él propone al final de sus Ejercicios Espirituales, y con la que podemos expresarle al Señor nuestra entrega y nuestra confianza en su amor y en su gracia. Una oración que podemos recitar todos los días, pero que cobra un significado especial al examinar cómo estamos cumpliendo y debemos cumplir la misión que Dios nos ha encomendado, y cuando tenemos que tomar grandes decisiones o en los momentos difíciles de nuestra existencia. Hagamos nuestra esta oración, disponiéndonos a realizar con generosidad, y contando con su ayuda, la misión encomendada por Él a cada uno y cada una de nosotros: Toma Señor y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti Señor lo torno. Todo es tuyo, dispón a toda tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que ésta me basta.

Preguntas para la reflexión:
  1. ¿Qué situaciones o circunstancias han sido o están siendo en mi vida motivo para escuchar la exhortación de Jesús a no tener miedo?
  2. Al pensar en el futuro, ¿qué significa para mí no tener miedo?
  3. A la luz de lo que nos dice la Palabra de Dios este domingo, ¿a quiénes, además de Jesús, puedo recordar o tener presentes como “mártires” a causa de la fe y la justicia?
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