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Sabiduría, vigilancia y esperanza

El mensaje del domingo

XXXII Domingo Ordinario Ciclo A – noviembre 12 de 2023

En aquel tiempo dijo Jesús: Sucederá con el reino de los cielos como lo que sucedió en una boda; diez muchachas tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco previsoras. Las despreocupadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas y se durmieron. Cerca de la medianoche, se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.” Pero las muchachas previsoras contestaron: “No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas.” Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él a la boda, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras muchachas, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él les contestó: “Les aseguro que no las conozco.” Manténganse ustedes vigilantes —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora. (Mateo 25, 1-13)

Las lecturas de este domingo [Sabiduría 6, 12-16; Salmo 63 (62), 2-8; 1ª Tesalonicenses 4, 13- 18; Mateo 25, 1-13] contienen tres enseñanzas: (1ª) la sabiduría es un don de Dios para el que debemos disponernos; (2ª) debemos estar vigilantes, sabiamente preparados para el momento del encuentro definitivo con el Señor en la eternidad; y (3ª) para ese momento nos debe animar la esperanza, desde la fe en la resurrección de Cristo, prenda de nuestra resurrección futura.

1.- “La sabiduría se deja hallar por quienes la buscan”

El libro de la Sabiduría, cronológicamente el último del Antiguo Testamento, fue escrito en griego hacia el año 50 a.C. y su tema central, como el de los demás llamados “sapienciales” (Job, Proverbios, Eclesiastés y Eclesiástico), es precisamente la sapiencia o sabiduría, como don de Dios que nos hace posible orientar con rectitud nuestra vida para lograr la felicidad. En los textos sapienciales, como el de la primera lectura de hoy, la sabiduría suele presentarse personificada y luminosa. Se destacan su disponibilidad para dejarse encontrar sentada a la puerta por quienes la buscan, y su resplandor inmarcesible, o sea que no se marchita.

En la reflexión teológica del Nuevo Testamento, la Sabiduría se identifica con Jesucristo, Palabra encarnada de Dios y Luz que ha venido a iluminar a todo ser humano que quiera abrirse a la acción de su Espíritu (Juan 1, 1-9). La Sabiduría de Dios, que es Jesucristo mismo en persona, nos comunica en los Evangelios y en los escritos apostólicos sus enseñanzas para que orientemos rectamente nuestra existencia y recorramos con acierto y el camino a la verdadera felicidad.

2.- “Manténganse ustedes vigilantes, porque no saben el día ni la hora”

Así termina la parábola de las doncellas, que es la primera de las tres contenidas en el capítulo 25 del Evangelio según san Mateo. Las otras dos son la de los talentos y la del juicio final, y todas se refieren al momento definitivo de nuestro encuentro con Cristo después de esta vida. La vigilancia, significada en las velas o en las lámparas encendidas -recordemos que el término “vela” proviene de “velar” o vigilar-, es la actitud de las personas que proceden sabiamente, con la debida previsión, para estar preparadas en el momento definitivo de su paso a la eternidad.

En varias de sus parábolas Jesús compara el “reino de los cielos” -o el reino de Dios, que es lo mismo y significa el poder del Amor- con unas bodas. La celebración de las bodas judías se desarrollaba así: al comenzar la noche, el novio iba con sus amigos a la casa de la novia, donde lo recibían las amigas de ésta con sus lámparas de aceite encendidas; luego se dirigía con ella a su propia casa donde era el banquete, y detrás del novio y la novia entraban las damas de honor que formaban con sus lámparas el cortejo de la fiesta. Es significativo en la parábola que las doncellas imprevisoras no se hubieran aprovisionado de aceite suficiente para mantener encendidas sus lámparas, al contrario de las prudentes que sí guardaron una reserva. Las lámparas encendidas son un símbolo de la verdadera sabiduría, propia de las personas que no se dejan sorprender por los acontecimientos porque siempre están vigilantes y preparadas.

A primera vista parece chocante que las doncellas sabias que sí tenían aceite no lo hubieran compartido con las que se habían quedado sin reservas. Pero si profundizamos un poco entendemos por qué: el aceite en esta parábola es símbolo del comportamiento correcto y constructivo, y es imposible apropiarse de las buenas obras que otros han realizado. También hoy a nosotros nos exhorta el Señor a estar vigilantes, porque no sabemos el día ni la hora del encuentro con Él en la eternidad. ¿Cómo estoy de aceite, es decir, de bien obrar y de buenas obras, para ese momento definitivo?

3.- “No se entristezcan como los que no tienen esperanza”

Esta frase de Pablo en su primera carta a los cristianos de la ciudad griega de Tesalónica, tiene como fundamento la fe en la resurrección feliz de todos los que hayan muerto en gracia de Dios. De esta resurrección es prenda la resurrección gloriosa de Jesucristo, y por eso en virtud de nuestra fe pascual podemos mirar el futuro con esperanza.

Cuando Pablo escribió esta carta, los primeros cristianos creían que era inminente la “parusía” o venida gloriosa de Jesucristo en el fin del mundo para el juicio final, y que quienes estaban todavía vivos iban a ser testigos de ella, tal como la describe el apóstol empleando símbolos cósmicos propios del género literario llamado apocalíptico. Poco a poco esta creencia fue desapareciendo y la fe en Jesucristo resucitado se volvió más madura, en el sentido de una esperanza activa en la vida eterna después de la muerte. Animados por esta esperanza, podemos vivir alegres y confiados en todo momento, evocando la imagen también simbólica del polluelo que se acoge en el nido a la protección amorosa de su madre, para exclamar con el autor inspirado del Salmo 63 (62): “A la sombra de tus alas canto con júbilo”.

Pidámosle pues al Señor, invocando la intercesión de María santísima y de todos los Santos, que nos conceda la sabiduría necesaria para estar debidamente preparados cuando llegue el momento de nuestro encuentro definitivo con Él en la eternidad, viviendo nuestra fe con una esperanza activa y gozosa. Así sea.

Preguntas para la reflexión
  1. ¿Cómo resumiría yo en una frase la enseñanza que me trae este domingo la Palabra de Dios?
  2. A la luz de esta Palabra de Dios, ¿qué relación veo entre sabiduría, vigilancia y esperanza?
  3. ¿A qué siento que me invita el Señor en el Evangelio con la parábola de las doncellas?
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