Este año el papa Francisco nos ha hecho la invitación al Jubileo con el lema “Peregrinos de la Esperanza”. Pienso que esa misma dinámica debemos pensar para este año el caminar de nuestra Provincia. Cuando oramos y meditamos la fuerza de la esperanza encontramos dos niveles interesantes. Por un lado, un momento presente en el que anclamos nuestra mirada buscando fuerza en el Señor en lo que estamos trabajando y una mirada hacia el futuro en el que con el impulso del Espíritu Santo proyectamos nuestros sueños y anhelos de un futuro mejor.
Al revisar nuestros apostolados y nuestras misiones encontramos que todos los jesuitas y con ellos los colaboradores apostólicos, estamos en una dinámica de buscar esperanza en todo lo que hacemos. Con entusiasmo y con deseos de hacer lo mejor, trabajamos todos los días en el servicio del Reino a través de la obra. Por supuesto, llenos de aprendizajes y en crecimiento apostólico. Al lado de este panorama, encontramos una realidad fuerte que ha ido golpeando la Iglesia como institución y es la de una disminución vocacional. Para nadie es un secreto que la mayoría de jóvenes no están interesados en este estilo de vida. Entre varias razones de dicha disminución aparece la disminución de la natalidad a nivel mundial. Cada vez son menos los niños que asisten a los colegios y dentro de poco, serán menos jóvenes que vayan a la universidad. Por tanto, serán menos vocaciones sacerdotales que puedan ingresar a la Compañía. La segunda razón, es que, al interior de las familias, donde hay hijos, no se promueve la opción sacerdotal. La motivación de la mayoría de jóvenes, es estudiar, trabajar y en algunos casos conseguir pareja. Porque ahí esta el otro reto, los jóvenes no están interesados en formar familias.
Por eso al inicio escribía que debemos ser hombres de esperanza y poner en manos del Señor todas estas realidades. Ante esta realidad, pienso que la Provincia debe seguir apostándole a la formación de laicos. Sabemos que muchos hombres o mujeres aceptaran el reto de asumir las rectorías de los colegios e incluso de la universidad, como ha ido pasando en muchas de las obras de la Provincia. Por otro lado, al disminuir la entrada de vocaciones y la muerte de jesuitas con el tiempo debemos ir uniendo comunidades, para ayudarnos unos a otros y el disminuir gastos en edificios vacíos.
Debemos poner nuestra mirada con esperanza y seguir trabajando con el deseo de hacer lo mejor para la Gloria de Dios. Tomar conciencia de que el trabajo es con los demás. Los miembros de la Compañía no podremos responder a los retos de este mundo solos.